De Madrid a Sarajevo por algunos lugares comunes

Hace algunos meses hablamos en este blog de la novela Londres-Sarajevo (Volapük Ediciones), del escritor Isaak Begoña. El libro, que ya ha alcanzado su segunda edición, ha sido presentado en diversos puntos de la geografía española, e incluso de la extranjera, como fue el caso de la segunda ciudad a la que alude su título, la capital de Bosnia-Herzegovina. Aquí informamos de ello el pasado abril, cuando tuvo lugar el viaje a las raíces de esta historia.

Aunque esta obra ha sido presentada varias veces en Madrid, siempre se aporta algo nuevo en cada ocasión. Ayer, la sede elegida fue la céntrica librería Sin Tarima, en la calle Magdalena, muy próxima a la plaza de Antón Martín.

Lo más particular de la que por ahora ha sido la última presentación de Londres-Sarajevo es precisamente haberse efectuado en el sótano de la librería, que sirvió de refugio antiaéreo durante la Guerra Civil. Es mejor observarlo in situ, pero las dos siguientes imágenes permiten hacerse una idea del búnker que fue:

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Sobre estas líneas, la escalera de bajada al antiguo búnker bajo la librería Sin Tarima (fotos: Manuel Vega).

Esos refugios en ocasiones no eran suficientes ante los estragos que causaban las bombas de la aviación franquista, como explicó Esther García, de la asociación Frente de Madrid, que presentó el acto junto con María Melones, doctora en Filología Hispánica y compañera de facultad del autor.

Esther García mostró mediante un proyector filmaciones y fotografías de los bombardeos sufridos por la población de Madrid durante el asedio que la ciudad sufrió a manos de las tropas del general Franco desde el otoño de 1936 hasta el invierno de 1939, que fueron especialmente despiadados en los comienzos de la batalla por la capital, en noviembre del 36.

En esta ocasión, Isaak Begoña centró su charla en el paralelismo entre urbes sitiadas y blanco de la barbarie. El existente entre Madrid, cercada durante casi dos años y medio, y Sarajevo, cuyo sitio se mantuvo entre 1992 y 1996, en las guerras que siguieron a la desmembración de Yugoslavia. Así, cobra más sentido haber mantenido este coloquio con los lectores en lo que fue un refugio contra los ataques aéreos y la artillería.

«Dos ciudades abiertas», destacó el escritor del carácter de las gentes de Madrid y Sarajevo, víctimas en su día de la intolerancia y la crueldad.

A modo de posdata, un apunte personal. Entre los múltiples defectos del que escribe estas líneas está el no haber leído todavía El principito, la célebre novela corta de Antoine de Saint-Exupéry. Ayer, al entrar en Sin Tarima, llamó mi atención una edición bilingüe del libro, que no dudé en adquirir para poner fin a mi culpable escaso conocimiento -recuerdo algún comentario en clase de lengua cuando cursaba EGB- de esa obra. También celebro haber conocido a la escritora Leila Nachawati, presente entre el público, quien me animó a iniciar pronto la lectura de El principito y tuvo el detalle de no hacerme ningún spoiler. E incluso algo mucho mejor: me invitó a defender el buen uso del español y renunciar a ese manido anglicismo sustituyéndolo por la expresión adecuada: «destripar» la novela.

Ciudadanos «constitucionalistas»

Mitad más uno. La hipotética suma cumplía holgadamente la norma. 123+57=180. Cuatro más que la cantidad requerida, 176. Pero el líder del segundo sumando había vetado cualquier acuerdo con el del primero, a quien tampoco le hacía gracia pactar con aquel: «Con Rivera, no».

Aquellas elecciones del pasado 28 de abril le dieron un buen resultado a ambos. El de los 123 diputados, Pedro Sánchez, fue claramente el más votado. Muy lejos de esos aludidos 176 que dan la mayoría absoluta, pero muy por delante del segundo clasificado, al que casi dobló en escaños (66). El de los 57 asientos, Albert Rivera, se sintió -o quiso hacer ver que se sentía- eufórico por aumentar en 25 su número de representantes en el Parlamento, hasta el punto de autoproclamarse «líder de la oposición», cuando salta a la vista que Pablo Casado, el de los 66, por muy derrotado que estuviera, tenía nueve más que él.

El socialista Sánchez no logró el apoyo del Podemos de Pablo Iglesias, quien con sus 42 diputados podía aproximarle a esa mayoría necesaria para continuar gobernando España, y prefirió volver a las urnas. Y Rivera, entonces al mando de Ciudadanos, no quería pactar con Sánchez, pero tampoco quería repetición electoral. Un considerable cacao mental que acabó pasándole una factura letal: de 57 parlamentarios en el Congreso a sólo 10 tras las -por ahora- últimas elecciones, el pasado 10 de noviembre.

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El Congreso de los Diputados, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid (foto: Manuel Vega).

La estrategia del frente anti-Sánchez y la sobrevaloración de sus propias fuerzas significó  para Ciudadanos un tiro por la culata. Lo segundo lo demostró no sólo cuando Rivera se coronó mandamás de la oposición, sino también cuando, tras quedar el partido tercero en las elecciones andaluzas de 2018, se postuló para gobernar la región y pidió al primero (PSOE) y al segundo (PP) que lo apoyaran.

Evidentemente, Ciudadanos no obtuvo la presidencia de la Junta de Andalucía y se tuvo que conformar -la cursiva, en honor a sus altas pretensiones- con la vicepresidencia para su candidato, Juan Marín, mientras la presidencia se reservaba para el popular Juanma Moreno. Y fue ahí donde empezó a gestarse la otra razón de la debacle de Rivera y su formación el 10-N: el acuerdo con la extrema derecha de Vox.

Ese coqueteo con los ultras pudo ser comprensible -no justificable- en Andalucía, donde el PSOE llevaba 37 años en el poder y el apoyo de los 12 diputados de Vox era fundamental para que PP y Ciudadanos pudieran desalojar a los socialistas del gobierno autonómico. Casos como el de los ERE, cuya reciente sentencia ha condenado a varios altos cargos de la Junta bajo los mandatos del PSOE, dan pie a la decisión de Rivera y los suyos de taparse los ojos y aceptar el apoyo parlamentario de la formación dirigida por Santiago Abascal con tal de lograr un cambio en el Ejecutivo andaluz. Cuatro décadas con el mismo partido al mando de una comunidad autónoma son demasiadas.

Ahora bien, ese acercamiento de Ciudadanos a la ultraderecha debió tener ahí su punto y final. Pero Rivera siguió sembrando vientos. Lo hizo después de las elecciones municipales y autonómicas del pasado mayo, un mes después de las generales. Entonces, normalizó en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y en la Región de Murcia lo que debió haber sido la excepción andaluza.

Manuel Valls, candidato de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona, con amplia experiencia política en Francia por su doble nacionalidad, advirtió al dirigente naranja de los males de acercarse a la extrema derecha, pero sus palabras cayeron en saco roto. No sólo eso, sino que además Rivera rompió con el hispanofrancés tras apoyar éste a Ada Colau, de Barcelona en Comú, en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal con el fin de impedir que los independentistas de ERC se hicieran con el bastón de mando.

Si su partido puede pactar con Vox, pero no con la izquierda radical -lo que en Ciudadanos llaman «populistas»-, cuando ese acuerdo es además para evitar un alcalde independentista en la segunda ciudad de España, nadie debería extrañarse de lo ocurrido a la formación naranja el 10-N.

La composición del Congreso de los Diputados derivada de las últimas elecciones generales, con la extrema derecha disparada hasta los 52 escaños -casi los mismos que tenía Ciudadanos antes de esa cita electoral- ha apremiado a PSOE y Podemos a alcanzar un pacto de gobierno. Sin embargo, la suma de los representantes de ambos -120 los socialistas y 35 los de Iglesias- queda muy lejana de la mayoría absoluta, lo que está causando que Sánchez tenga que negociar con los independentistas catalanes y otras formaciones incómodasBildu, CUP, BNG– su abstención para desbloquear la formación de un Ejecutivo.

La dimisión de Rivera tras su debacle el 10-N ha dejado a Inés Arrimadas, portavoz parlamentaria de Ciudadanos, como líder de facto del partido, a falta de un congreso que elija a la nueva cúpula. Y esta política parece empeñada en repetir los mismos errores de su predecesor.

Ciudadanos, en un nuevo alarde de narcisismo, ha planteado la Vía Arrimadas para impedir que el Gobierno central dependa de cómo respiren los independentistas y también frenar que el PSOE pacte con Podemos. Esa idea consiste en sumar a los 120 diputados socialistas y a los 10 naranjas los 89 del PP de Casado y los dos de Navarra Suma. Un gobierno de concentración con 221 apoyos parlamentarios que Sánchez ha rechazado y también ha hecho lo propio el líder popular.

Arrimadas acierta al no desear que el Gobierno de España dependa de partidos que hace dos años apostaron por la ruptura unilateral con España. Pero falla con estrépito creyendo que puede exigir a los dos partidos mayoritarios que hagan lo que propone el suyo, que cuenta con 110 parlamentarios menos que los socialistas y 78 menos que el PP. Los populares, por cierto, pueden y deben ser oposición, porque su situación es muy diferente.

Está en manos de Ciudadanos dar estabilidad a este país. Si no ha tenido reparo para aceptar el apoyo de Vox en ayuntamientos y gobiernos regionales, no tiene ni pies ni cabeza que rechace allanar la investidura de un Ejecutivo de coalición entre PSOE y Podemos. Esto no significa en modo alguno un cheque en blanco para una legislatura, sino un avance para desbloquear la situación y evitar unas terceras elecciones que sólo favorecerían a la extrema derecha, no a ellos.

Si a los 120 del PSOE y los 35 de Podemos se añaden los 10 de Ciudadanos, se estaría a once de la mayoría absoluta. Sumemos los tres de Más País y los seis del PNV, con los que ya habría 174. Para los dos restantes, está el escaño de los regionalistas cántabros y el otro de Teruel Existe, e incluso se podrían agregar los dos de los regionalistas canarios. De esta forma, no haría falta negociar nada con los indepes.

Ciudadanos se ha erigido en adalid del «constitucionalismo». Si quiere serlo de verdad, haría bien en preguntarse qué hay de inconstitucional en apoyar esta fórmula. La respuesta es nada, por mucho que se empeñe en buscar razones para vetar a Podemos… y al PNV, que ya no es el de los tiempos de Ibarretxe.

Si Ciudadanos facilitara la investidura, demostraría sentido de Estado. Y, como ya se ha indicado, después de ello tendría manos libres para rechazar las políticas gubernamentales cuando así lo considere. Pero lo que no le va a funcionar, ni a ellos ni a España, es continuar haciendo lo mismo. A no ser que prefiera otras elecciones y que el Congreso acabe como los parlamentos de Andalucía, Murcia y Madrid, pero con los naranjas de comparsas.

Llamadas telefónicas

Que algunas empresas me frían el teléfono fijo, o el móvil, a llamadas para hacerme ofertas es algo que me suele poner de los nervios. Aunque debo reconocer que últimamente me está divirtiendo bastante. Hace un rato, he recibido una de una teleoperadora que se presentó como trabajadora de Aquaservice y me ofrecía un dispensador de agua.

A veces me han llamado por error porque, por lo visto, el número fijo que tengo desde que me instalé en mi nueva casa aparece en una lista de establecimientos de hostelería o algo por el estilo -cosas de Telefónica-. Al oír lo de ese dispensador de agua, pensé que estaba ante una equivocación similar, y se lo comenté a la teleoperadora. Me respondió que no importaba, que también ofrecían esos dispensadores a particulares.

Me dio la risa y le dije que no lo necesitaba, pero insistió:

Nuria Roca lo anuncia para particulares.

Me dio más risa. Con todo el respeto para Nuria Roca y poco para la teleoperadora, convencida de que podía conquistarme con ese reclamo publicitario. Pero la voz al otro lado de la línea no se rendía: 

-La única diferencia es que a las empresas les dejamos vasos de plástico y a los particulares, no.

También parecía muy segura de que esa distinción me fuera a servir para algo. Intenté explicarle que mi vivienda es un apartamento pequeño donde no sobra el espacio. Y ahí se preparó para (intentar) darme la estocada:

-El dispensador sólo ocupa 1,30 metros de alto.

No me dejó más remedio que aproximarme a mi nevera, comprobar que no me llega ni a la cintura -bastante más abajo- y replicarle:

-Mi nevera es más baja que eso.

Y al fin se dio por vencida. Eso sí, hay que reconocerle que fue muy dura de pelar en esto de la venta a distancia.

Esa llamada no fue una confusión, pero sí he recibido otras protagonizadas por interlocutores que no sólo persisten en su error, sino que encima han intentado convencerme de que no soy quien soy, sino quienes ellos dicen que soy. Y cuando ya ven que no, como van acelerados, soy yo quien tiene que repararles la avería en los frenos.

Como un tipo que llamó preguntando por un tal Fulgencio Pérez. O quizá era Ambrosio González. O Fulano de Tal, no recuerdo ni el nombre ni el apellido. Vamos, que buscaba a alguien que no era yo, la única persona residente en este piso.

-Se ha equivocado de teléfono -le dije.

Puede que no me creyera. O puede que estuviera tremendamente seguro de que alguien como él es incapaz de equivocarse cuando marca un número de teléfono. Ante su estupefacción por no ser yo quien él creía que era, le pregunté si estaba llamando a alguna empresa, porque algunas me habían llamado pensando que mi número es el de algún establecimiento comercial. Y le hice saber que estaba comunicándose con una casa particular. Pero ni puñetero caso:

-No, yo estoy buscando a esa persona.
-Y yo le digo que se ha equivocado de teléfono.

No había forma. Si él no aceptaba su error y yo no era quien él creía, el diálogo de besugos podía continuar sine die. Por su parte, como él mismo se ocupó de dejar claro en su siguiente tentativa:

-¿Pero usted no lo conoce?

Se refería, evidentemente, al personaje por el que preguntaba, cuyo nombre ya digo que no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que le expliqué por enésima vez que se había equivocado de teléfono, que no insistiera y que le colgué. Un tío tan pesado no me dejaba otro remedio.

Como colofón a estas historias de llamadas no deseadas, otra muy breve a la que saqué bastante jugo. Suena mi teléfono fijo. Una voz femenina que me da los buenos días me habla de unos maravillosos descuentos que me va a ofrecer en mi línea móvil y fija. Me pregunta si puedo ser tan amable de decirle con qué compañía tengo contratados esos servicios de fijo y móvil. Mi respuesta:

-Con NBC World News.

Segundos de silencio. Su réplica:

-Vale, caballero, no le molestaré más.

Mi contrarréplica: «¡¡¡¡JAJAJAAJAAJAAJAA!!!!».

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El teléfono que tantos momentos peculiares, como mínimo, me ha hecho vivir.

Chelsea, 20 años de indie rock en el casco antiguo de Ponferrada

Hoy vuelve a tocar escribir con mucha subjetividad, pero en realidad es la única forma de hacerlo, porque una felicitación así lo requiere. Las líneas a continuación son un homenaje a un lugar fundamental en mi vida, que este mes ha cumplido veinte años de existencia. Es el Chelsea Modern Bar, el Chelsea para los amigos.

Dos décadas ininterrumpidas funcionando. Y en Ponferrada, una ciudad que, como tantas otras, ha sufrido y continúa padeciendo los embates de la crisis económica. La de este local es mucho más que una historia de supervivencia; es la capacidad de reinventarse permaneciendo fiel a su esencia: tratar con respeto y cercanía a los que por allí pasamos, acompañándonos con la música que queremos escuchar: rock, pop, britpop, indie rock (que cada cual elija el suyo o los suyos)… Un oasis de libertad en tiempos de dictadura musical de géneros de los que el propietario, Luis Chelsea -nunca supe tu apellido- nos mantiene a salvo.

Situado en una esquina mágica. En el arco, no junto al arco, de la torre del Reloj de Ponferrada. Con la entrada en la calle del Reloj, pero con otra puerta a la también con solera calle Carnicerías, donde cuando llega el buen tiempo Luis despliega una pequeña y acogedora terraza. En mi barrio, en el que siempre será mi barrio, aunque ya no tenga ningún techo en propiedad bajo el que guarecerme allí. Con 20, con 30 y con 40. En tres estados civiles. El Chelsea no ha sido mi casa, ni tiene por qué serlo. Pero sí ha sido -y espero que sea siempre- mi bar.

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Un buen tinto del Bierzo en la terraza del Chelsea (fotos: Manuel Vega).

Pero volvamos adentro, a ese interior que en veinte años ha cambiado varias veces de aspecto, siempre con acierto. Desde los comienzos, cuando era una cervecería en forma de L, con la cabina del DJ al fondo, hasta la actualidad, donde la L ha dejado paso a una barra continua y el ordenador ha sustituido a los CD.

El look del Chelsea ha ido evolucionando, y también el tipo de local. La cervecería fue convirtiéndose en bar de -muy buenas- copas de noche, y, manteniendo esta tendencia nocturna, Luis supo aprovechar las tardes transformándolo en un lugar donde tomar cañas, vinos del Bierzo -supongo que también otros, pero yo pido esos- y tapas. Así, lo situó, y con éxito, en la ruta de cortos -lo que en Madrid llaman «caña», es el tamaño de un corto en El Bierzo- del casco antiguo.

La música del Chelsea también ha evolucionado. Por fortuna, esto no significa que hayan cambiado los estilos musicales adaptándose a lo que marca el moderneo, con perdón por el palabro. Lo que quiere decir es que la banda sonora de Luis Chelsea no ha dejado de actualizar los éxitos del rock, britpop, indie rock… Hace muchos años que no vivo en Ponferrada y sólo voy al Chelsea de vacaciones, pero me consta que se han organizado sesiones en las que sólo se han pinchado éxitos del año en curso.

Por supuesto, siempre están presentes los clásicos: The Smiths, Joy Division, The Cure, U2 -creo que todo un fetiche para Luis-, David Bowie, The Rolling Stones, Jimi Hendrix y un larguísimo etcétera que abarca varias décadas del rock.

La buena música es el alma del Chelsea, pero también forman parte de su naturaleza los carteles de estrellas del cine, de la moda y de la cultura en general, siempre relacionada con la escena londinense que da nombre al bar. Fotos de Bowie, Michael Caine e incluso de Vinnie Jones decoran actualmente su espacio. Y qué decir de los regalos con los que premia de vez en cuando las consumiciones: las míticas camisetas con el logo del Chelsea, pegatinas con la imagen de Twiggy, Brigitte Bardot o el stone Ron Wood… O las tazas, como la que me acompañó incluso a la redacción del periódico donde trabajé tres años en Melilla, y que ahora decora mi casa de Madrid.

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Siempre que han venido amigos de fuera a visitarme a casa, los he llevado al Chelsea, y creo que todos lo han disfrutado tanto como yo. A ellos, a los de Ponferrada, y a los que ya no están les dedico este homenaje a mi bar. Y a Luis Chelsea y a su local les felicito su vigésimo cumpleaños, deseando que sean muchos más. Y convencido de ello, porque mientras a su alrededor tantos negocios han ido abriendo y cerrando sus puertas, el Chelsea Modern Bar permanece ahí. Muchas felicidades, y gracias por tantos grandes momentos.

Atahualpa y Moctezuma, recordados en el Palacio Real

Aunque este sea un blog muy personal, intento que la primera persona no prime en la forma de escribirlo. Sin embargo, hoy no puedo evitarla, porque tengo que expresar algo que ignoraba y que en un amante de la Historia, la de España y la universal, merece un tirón de orejas a uno mismo.

Gracias a un comentario que leí hace varios días en la cuenta en Twitter del escritor Javier Santamarta, tuve noticia de que en el Palacio Real de Madrid hay una estatua que muchos ni por asomo podrían imaginar allí. Es la de Atahualpa, el último soberano de los incas.

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Escultura del inca Atahualpa, en el Palacio Real de Madrid (fotos: Manuel Vega).
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La estatua de Atahualpa se ubica en la plaza de la Armería del Palacio de Oriente (a la derecha).

No tenía la menor idea de que este símbolo del Perú, ejecutado por orden del conquistador del Imperio inca Francisco Pizarro, tuviera este recuerdo en el Palacio de Oriente, lo que algunos juzgarán contradictorio, al tratarse de la residencia de los reyes herederos de la Monarquía Hispánica que conquistó la mayor parte de América.

En este monumento hay muchas más esculturas, la mayoría de ellas visibles desde la plaza de Oriente. Corresponden a reyes medievales, bien de la época visigoda, bien de los reinos cristianos de la época de la Reconquista.

Para contemplar a Atahualpa preferí no esperar en la larga cola para entrar en el palacio y, situándome en la verja que encierra la plaza de la Armería, bastante lejana a la fachada, tiré del zoom de mi cámara.

Seguí haciendo lo propio apuntando hacia otras partes del frontispicio y capturé otra figura que despertó mi interés. En ese momento desconocía a quién representaba, pero buscando documentación sobre la estatua de Atahualpa descubrí la identidad del misterioso personaje: Moctezuma, el emperador de los aztecas cuando Hernán Cortés llegó a México.

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En el lado opuesto a Atahualpa nos encontramos con el azteca Moctezuma.

Quien desee saber más sobre las esculturas que adornan el Palacio de Oriente puede hacerlo leyendo la revista Artehistoria. Fue el Padre Sarmiento, erudito benedictino de la época de la Ilustración, quien influyó para que, por medio de Atahualpa y Moctezuma, los pueblos precolombinos también tuvieran su sitio en la morada de los monarcas españoles y en la propia Historia de España.

Como éste continúa siendo un texto personal, me pregunto si en el Palacio de Buckingham, o en algún otro lugar emblemático de la realeza inglesa, hay algún recuerdo a las tribus amerindias exterminadas en Norteamérica por el Imperio británico. O si existe algo parecido en los Campos Elíseos de París, puesto que Francia también tuvo una presencia importante en el norte del Nuevo Continente. O si en Lisboa se recuerda a los nativos americanos sometidos por la monarquía portuguesa en Brasil. Pregunto.

10-N: la España del ‘y tú más’, nunca la del ‘yo también’

Las elecciones que nadie -o casi nadie- deseaba han resultado ser lo que amenazaban: un despropósito. La participación este 10 de noviembre cayó al 69,8%, lo que se traduce en 24,3 millones de votos y 10,5 millones de abstenciones. En los pasados comicios de abril, el número de españoles que sí acudieron a las urnas fue de 26,3 millones (75,7% de participación) frente a los 8,4 millones que prefirieron no ejercer su derecho al voto.

El PSOE de Pedro Sánchez protagonizó el domingo la victoria más pírrica en 42 años de elecciones desde que la democracia retornó a España. El 10-N perdió unos 700.000 votos respecto a su resultado en la cita electoral del 28-A (de 7,4 millones bajó a 6,7). Aunque se ha quedado en 120 diputados, sólo tres menos que en los anteriores comicios, los socialistas harán mal en engañarse: sólo habrán ganado las elecciones si logran formar gobierno. Si no fueron capaces cuando obtuvieron mejor resultado, a ver cómo esperan conseguirlo ahora.

El PP, que continuó con Pablo Casado al frente a pesar de su debacle en abril (entonces se quedó en 66 escaños), recupera terreno ganando 700.000 votos (de los 4,3 millones del 28-A a los 5 millones de ayer), lo que sitúa al partido con 88 asientos en el Congreso. La nueva convocatoria electoral ha supuesto para el dirigente popular un balón de oxígeno, pero no un éxito.

La peor noticia de esta repetición electoral es un nuevo ascenso de la ultraderecha de Vox. Parte del electorado ha asumido como normal el discurso retrógrado de Santiago Abascal, que con sus soflamas contra la inmigración y el independentismo, entre otras motos que ha conseguido vender, ha subido de los 2,6 millones de votos de abril a los 3,6 millones de anoche. Ese millón de sufragios ganados le hace incrementar en más del doble su representación en el Parlamento (de 24 a 52 escaños).

Unidas Podemos paga su negativa a apoyar la investidura de Sánchez el pasado verano. La coalición liderada por Pablo Iglesias consiguió ayer tres millones de votos, con lo que pierde 700.000 en comparación con el 28-A y baja de los 42 a los 35 parlamentarios en la Carrera de San Jerónimo. En manos de Iglesias está si apoya un gobierno socialista o prefiere seguir esperando a que el presidente en funciones lo valore como cree que merece, a riesgo de una enésima repetición electoral.

El 10-N no ha habido un ganador, pero sí un claro derrotado: Albert Rivera, que este mediodía presentó su dimisión al frente de Ciudadanos. De los 4,1 millones de apoyos que cosechó en las anteriores elecciones, que le dieron 57 escaños, ha pasado a ser el elegido por sólo 1,6 millones de votantes, con lo que se desploma hasta los 10 diputados. Rivera ha dejado todos sus cargos, lo que algunos dicen que le honra, pero hizo cero autocrítica en su despedida: habló de no dividir a los españoles en «rojos y azules», pero eludió reconocer que él ha contribuido a esa división.

El debutante Más País se estrena con medio millón de votos y tres diputados. Íñigo Errejón haría bien en plantearse que España no es un reflejo del Ayuntamiento de Madrid, como tampoco lo fue su parlamento regional.

En cuanto a los partidos independentistas catalanes, suman entre todos 23 escaños (13 ERC, 8 JxCAT y 2 las CUP), pero deben tener en cuenta que no son la mayoría tan aplastante que pretenden ser: la suma de PSC (12), En Comú Podem (7), PP, C’s y Vox (2 cada uno) totaliza más representantes en Madrid (25). En votos, la opción secesionista está debajo de la que prefiere que Cataluña no rompa con España. No, el caso catalán está muy lejano al de Eslovenia al que tanto aluden. En 1990, un 88% de votantes eslovenos (de una participación del 90% de su censo electoral) eligió que su país se independizara de Yugoslavia. Si los independentistas catalanes continúan soñando con alguna similaridad con el caso balcánico, necesitan gafas.

Si alguna lectura se puede extraer del 10-N es que a río revuelto, ganancia de la ultraderecha. Por ello, es fundamental que los demás partidos de ámbito estatal dejen de tirarse los trastos a la cabeza y entre todos, junto con los regionalistas y nacionalistas dispuestos a salir de esta situación de preocupante estancamiento, acuerden la formación de un Gobierno estable. En otras palabras, que cada cual deje de culpar al otro profiriendo el repetido hasta la saciedad y tú más y que reconozca los errores propios entonando un sincero yo también.

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Vista del Congreso de los Diputados, cuya composición cada vez está más atomizada. (foto: Manuel Vega).

Verificar lo que afirman los políticos, clave en los debates

En el plano informativo de esta breve campaña para las elecciones del próximo domingo, 10-N, una de las noticias de la semana, si no la noticia, fue el debate a cinco televisado por TVE y Atresmedia el pasado lunes 4.

Al día siguiente, fue interesante ver en el telediario de TVE una noticia que señalaba datos falsos esgrimidos por cada uno de los candidatos participantes en el debate. Aquí se reproducen algunos de los detectados por el equipo de la televisión pública, que se pueden escuchar hacia el minuto 35 de este vídeo:

Santiago Abascal (Vox) afirmó ante millones de telespectadores: «Hemos conocido los nombres, los detalles, de una manada de españoles el año 2016, pero después de esa manada ha habido más de cien manadas en España, y el 70% de quienes están imputados son extranjeros».

Así le responde Alicia Manzanares, la periodista de TVE firmante de la pieza: «Falso: no hay datos oficiales sobre violaciones en grupo. Según las últimas cifras del Ministerio del Interior, un 70% de los detenidos o investigados por delitos sexuales son españoles y un 30%, extranjeros. También afirmó [Abascal] que un 86% de las denuncias por violencia de género se archivan. El Consejo General del Poder Judicial reduce este porcentaje al 1,3%”.

Pedro Sánchez (PSOE) aseguró en el debate: «Desde el tercer trimestre del año 2018 hemos creado en torno a 530.000 nuevos puestos de trabajo”.

La redactora que ha efectuado las verificaciones le dice esto al presidente del Gobierno en funciones: «También es falso este dato. Según la Encuesta de Población Activa, el número de empleos generados desde el tercer trimestre de 2018 es de 346.000, 184.000 menos de los que dijo Sánchez».

Pablo Casado (PP) aseveró a modo de reproche al presidente: «¿Por qué no ha retirado la Declaración de Pedralbes, en la que se decía que hacía falta un relator internacional, en la que se decía que la Monarquía era franquista, en la que se decía que la Guardia Civil y la Policía Nacional eran fuerzas opresoras?».

La periodista le rectifica: «No es cierto. La Declaración de Pedralbes, compartida entre el Gobierno de Sánchez y el Ejecutivo catalán, no menciona ni a la Monarquía ni a las fuerzas de seguridad».

Albert Rivera (Ciudadanos) hizo esta afirmación en materia económica: «Yo propongo un IRPF razonable, que no sea confiscatorio, que no llegue a quitarle la mitad del sueldo en algunas comunidades a la gente que trabaja con el sudor de su frente».

La autora de las comprobaciones corrige a este político: «Lo que afirmó Rivera no ocurre en ninguna región española porque el tipo marginal máximo del 45% o 48% en algunas comunidades sólo se paga a partir de los 60.000 euros de ingresos».

Pablo Iglesias (Podemos) se refirió así a la norma suprema del ordenamiento jurídico: «Artículo 50, las pensiones. Garanticemos la revalorización de las pensiones [conforme] al IPC, porque la Constitución Española dice que se tienen que actualizar conforme al índice de precios al consumo».

La respuesta de la responsable de comprobar los datos es clara: «Falso: la Carta Magna sólo dice que las pensiones se actualizarán periódicamente, pero no hace referencia alguna al IPC en su artículo 50”.

Lamentablemente, lo que tiene millones de espectadores es un debate en horario de máxima audiencia, pero no una pieza informativa emitida más de media hora después de iniciado el telediario de la sobremesa.

Por ello, para que un debate electoral tenga un auténtico interés para los votantes debería incluir en su larga duración un apartado en el que periodistas y/o expertos en las materias objeto de discusión comprueben las afirmaciones realizadas durante esa noche por cada político.

Podría hacerse tras las intervenciones finales de los candidatos. Así, lo más probable es que todos saliéramos ganando: los políticos -y sus equipos- se esforzarían en dar una imagen de seriedad y confianza, la audiencia de las televisiones se dispararía -cientos de miles de espectadores se frotarían las manos viendo cómo expertos en la información tratada avalan o desmienten a los candidatos con datos y estadísticas en la mano- y los que tenemos que acudir a las urnas lo haríamos con la sensación de que no nos han vuelto a tomar el pelo en vivo y en directo.

 

La «ciudad de Essex» y los errores repetidos en el Canal 24 horas

Esta mañana, una presentadora del Canal 24 horas de TVE ha dado en al menos dos ocasiones un dato erróneo sobre la geografía del Reino Unido. Informando sobre la investigación en marcha por el hallazgo el pasado miércoles de 39 cadáveres de inmigrantes en un camión frigorífico en ese país, la periodista afirmó que esos cuerpos fueron encontrados «en la ciudad inglesa de Essex».

Essex no es una ciudad de Inglaterra, sino un condado. Llamarlo «ciudad» es tan equivocado como que una televisión británica dijera the Spanish city of Asturias (la ciudad española de Asturias). O dieran la categoría de ciudad a La Rioja, a Navarra o a El Bierzo.

En el Canal 24 horas se repiten constantemente las mismas noticias, e incluso cuando hubo un cambio de presentador, éste repitió el error una vez más. La siguiente vez que se volvió a dar la noticia, al menos, se corrigió la metedura de pata evitando mencionar a Essex y señalando que el camión con los cadáveres fue descubierto «en las afueras de Londres, al norte de la capital británica».

En esta noticia publicada el pasado jueves en la web de RTVE se da la información correcta: «las 39 personas halladas sin vida dentro de un camión frigorífico en un polígono industrial de la localidad de Grays, en Essex».

Como ya se ha indicado en otras entradas, la continua repetición de noticias en el Canal 24 horas obliga a sus periodistas a estar permanentemente alerta para evitar que se multipliquen los errores.

El buen doblaje y la versión original pueden coexistir

La semana pasada, el espacio Días de cine clásico, en La 2 de TVE, emitió una película de culto, Tiburón (Steven Spielberg, 1975). Sorprendentemente, el doblaje de la cinta correspondía a una nueva versión, con lo que perdía gran parte de su interés. Las voces nuevas no suelen dar resultado en una película que por derecho propio ya es un clásico. ¿Por qué cambiar lo que ha funcionado durante décadas?

Puede haber varias respuestas a esa pregunta. La más habitual suele ser que se le hayan añadido a la película escenas no incluidas cuando se estrenó y, al no estar disponibles los actores que las doblaron en su día, se opta por una solución drástica: doblarla por completo de nuevo.

Tiburón tiene una secuencia fundamental que el nuevo doblaje ha destrozado sin paliativos. Tres hombres embarcados en un pequeño bote con la meta de dar caza al escualo que está sembrando el terror en las playas de Amity Island. Ha caído la noche y los tres se animan contándose historias que los hacen estallar en carcajadas. Pero, en un momento, Quint (Robert Shaw) recuerda su pasado y los ánimos se congelarán. El veterano lobo de mar revela que es uno de los supervivientes del hundimiento del Indianápolis, buque norteamericano torpedeado por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Quint relata cómo cientos de náufragos fueron devorados por los tiburones en una escena que forma parte de la historia del cine.

El monólogo de Quint pierde todo su interés con la nueva voz. Y lo mismo ocurre con otras obras maestras del celuloide. Quizá el mayor sacrilegio haya sido cambiar el doblaje de El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972). Las modernas voces españolas de Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall o James Caan son infinitamente peores, y lo son por un motivo muy claro: porque las primeras funcionaban. Nunca se debe tocar lo que está dando resultado. En el siguiente vídeo se puede comprobar el estrago causado.

Otro clásico ultrajado por el redoblaje es Reservoir Dogs. La ópera prima de Quentin Tarantino, estrenada en 1992, fue víctima de las nuevas tendencias ni siquiera dos décadas más tarde, en 2008. El resultado sólo puede serle indiferente a quienes no hayan escuchado el primer doblaje. Que lo hagan ahora y juzguen.

Si la razón para proceder a renovar todas las voces es el añadido de nuevas secuencias a la película, las productoras deberían seguir el ejemplo de otro símbolo cinematográfico, el Espartaco de Stanley Kubrick.

Cuando se estrenó este filme en 1960, la moral imperante causó que se censurara una escena con connotaciones homosexuales. La del famoso diálogo de las ostras y los caracoles. Este interesante artículo de La voz de Jos evoca cómo se incluyó treinta años después esa secuencia, tanto en la versión original en inglés como en la doblada al español.

En 1991 se halló esa parte del metraje, pero el paso del tiempo había dañado su sonido. Se optó por doblarla, pero sólo uno de los dos actores que interpretaron esa parte, Tony Curtis, permanecía con vida entonces. El otro, Lawrence Olivier, había fallecido en 1989. Así las cosas, Curtis se dobló a sí mismo, mientras que la voz que corresponde a Olivier la aportó Anthony Hopkins.

A la hora de incluir esa escena doblada al español, tampoco estaban disponibles los actores que la doblaron en 1960. Uno había fallecido y el otro estaba retirado. Pero, al menos, en esa ocasión se puso en práctica la única solución correcta: otros dos actores doblaron la secuencia y se mantuvo el doblaje original en el resto de la película. Los responsables de las versiones para España de El Padrino, Tiburón y Reservoir Dogs deberían haber tomado nota de ello. Quienes modifican arbitrariamente todas las voces de una película no hacen más que destruir mitos a generaciones de amantes del cine.

Ahora bien, este artículo no va a olvidar otra controversia importante: la de la versión original subtitulada frente al cine doblado. No cabe duda de que el producto original es mejor, pero ello no quita que haya joyas en el doblaje. Como muestra, las aludidas voces de Don Corleone, los gángsters de Reservoir Dogs o el monólogo de Quint en sus primeras versiones traducidas al español.

En ciertos supuestos, el doblaje ayuda a mantener el interés. En una comedia o cualquier otro filme con situaciones delirantes, las expresiones utilizadas en la versión original pueden no tener una correspondencia adecuada en castellano. Un ejemplo claro es La jungla de cristal, que gana con la voz de Ramón Langa sobre la de Bruce Willis, pero pierde gran parte de su gracia -para el espectador español- en su inglés original. Las películas de argumento más ligero suelen ganar dobladas.

También debe considerarse dónde está arraigado el doblaje y dónde no. La versión original prima en los países de habla inglesa, pero hay una razón muy clara que lo explica: el cine que ven mayoritariamente en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá o Australia es en su propia lengua. Es escaso el que ven en otros idiomas, lo que no hace rentable invertir en doblaje.

Debe quedar claro que en otras naciones de habla no inglesa, como Portugal o Países Bajos, la versión original marca igualmente la pauta. No lo hace, sin embargo, en Francia, Italia ni Alemania, donde está muy asentado el doblaje, como sucede en España. Una causa de su triunfo en estos países puede encontrarse perfectamente en que cuentan con numerosos habitantes. Italia y Francia superan los 60 millones de personas, y Alemania, los 80. Sin embargo, la población de Portugal ronda los 10 millones y la de Países Bajos, los 17. Es un hecho a tener en cuenta.

El buen doblaje y la versión original pueden coexistir sin problemas. Se debe incluso impulsar la segunda en los países donde las películas dobladas son la norma. Pero no intentar anular el doblaje, que es lo que buscan muchos defensores a ultranza de la versión original. Traducir las películas es algo que tiene sus ventajas. Que se lo cuenten a quienes trabajan en programas radiofónicos sobre cine. Perderían muchísima miga si los diálogos que reproducen no estuvieran bien doblados al español. A falta de imágenes, no hay subtítulos que valgan. La voz lo es todo y la radio es un excelente medio para difundir el cine. Compruébenlo quienes no lo crean.

El Drogas se columpia hablando de la Guardia Civil en la guerra

El periódico El Español publica hoy una entrevista con El Drogas, seudónimo del músico Enrique Villarreal, quien lideró durante décadas la mítica banda de rock Barricada y ahora triunfa en solitario. Su éxito se ciñe a lo musical, que conste. Porque en Historia de España cojea bastante, como demuestra su limitado conocimiento de la sublevación militar contra la Segunda República en julio de 1936.

eldrogas

La Guardia Civil apoyó el golpe de estado del 36, asegura. Eso es cierto… sólo en parte. Y las verdades a medias son siempre mentiras. La Guardia Civil se mantuvo fiel al gobierno republicano en gran parte del territorio español, y su postura fue clave para el fracaso de la rebelión desatada por los generales del Ejército Franco, Mola, Goded o Millán Astray, entre otros conspiradores.

El Drogas se ha columpiado -en el sentido del número 4 de su definición en el DRAE-. Es lo que ocurre cuando un entrevistado no conoce bien el tema del que opina. Ridículo que comparte con su entrevistadora, Lorena G. Maldonado, que se limitó a reproducir lo dicho por su interlocutor sin comprobar si ello era cierto. Una práctica tristemente extendida en el periodismo actual, poco dado a repreguntar o a corregir cuando la respuesta del entrevistado así lo exige.

Tanto El Drogas como muchos opinadores de etiqueta rápida, muy cómodos en su identificación de la Guardia Civil con el franquismo, demuestran no tener ni idea de que al estallar la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, los seis generales de la Benemérita se mantuvieron leales a la República, como recuerda este artículo de El Plural.  También les sonará a chino que el entonces inspector jefe de la Guardia Civil, el general Sebastián Pozasexiliado en México tras la contienda-, ordenase a las unidades del Cuerpo que obedecieran las órdenes del gobierno republicano guardando «con absoluta lealtad el precepto reglamentario de permanecer fieles a su deber por el honor de la institución».

A la entrevistadora de El Español le habría sido de gran ayuda documentarse con un artículo publicado en su medio sobre Antonio Escobar, coronel de la Guardia Civil cuya decidida actuación permitió frenar el golpe militar en Barcelona el 19 de julio del 36. Fue Escobar quien mandaba a los guardias que redujeron a los oficiales y soldados insurrectos en el Hotel Colón, que habían tomado. El escritor José Luis Olaizola narró con detalle su historia en La guerra del general Escobar -fue ascendido a ese rango en el Ejército Popular de la República-, una novela que debería ser de lectura obligatoria en los institutos de Secundaria y Bachillerato, para que los estudiantes aprendan sobre nuestro pasado.

El superior de Escobar aquellos días en la Ciudad Condal era el general José Aranguren, otro guardia civil fiel a la República cuya memoria pisotean los ignorantes. Tanto Aranguren como Escobar fueron fusilados por orden de Franco al finalizar el conflicto. Quien quiera saber algo de este jefe del Instituto Armado, que empiece leyendo este artículo de El País. Quizá se anime a leer a continuación la novela Recordarán tu nombre, en la que Lorenzo Silva cuenta el papel de Aranguren en la guerra contra los militares sublevados en el 36.

A otros les dolerá enterarse de que otro guardia civil defensor de la Segunda República era un vasco llamado Juan Ibarrola, capitán de la Benemérita cuando se produjo el levantamiento militar. Ascendido a comandante, y después a teniente coronel, Ibarrola  y sus hombres participaron en la defensa del frente del Norte, que abarcaba parte de su Euskadi natal, además de Cantabria y Asturias. Hundido ese frente, consiguió llegar a otras zonas controladas por la República y continuó combatiendo a los franquistas. El título de este texto de El Correo deja bien claro de qué parte estaba Ibarrola: El guardia civil alavés que mandó a los gudaris.

Lo mejor queda para el final. Enrique Villareal, El Drogas, es natural de Pamplona. Allí nació en 1959. Si supiera de algo que pasó en su ciudad natal 23 años antes de que él viniera al mundo, no habría metido la pata de forma tan grotesca. En la capital navarra fue asesinado el 18 de julio de 1936 el comandante de la Guardia Civil José Rodríguez-Medel. Era el jefe de la Benemérita en ese territorio, y la causa de que lo acribillaran por la espalda fue oponerse al «glorioso alzamiento» que el siniestro general Mola lideraba en Navarra. En esta columna de opinión publicada por el político Fernando Ayala en Diario 16 hace año y medio, El Drogas y los miles que lo jalean quedan retratados en su culpable ignorancia.