Llamadas telefónicas

Que algunas empresas me frían el teléfono fijo, o el móvil, a llamadas para hacerme ofertas es algo que me suele poner de los nervios. Aunque debo reconocer que últimamente me está divirtiendo bastante. Hace un rato, he recibido una de una teleoperadora que se presentó como trabajadora de Aquaservice y me ofrecía un dispensador de agua.

A veces me han llamado por error porque, por lo visto, el número fijo que tengo desde que me instalé en mi nueva casa aparece en una lista de establecimientos de hostelería o algo por el estilo -cosas de Telefónica-. Al oír lo de ese dispensador de agua, pensé que estaba ante una equivocación similar, y se lo comenté a la teleoperadora. Me respondió que no importaba, que también ofrecían esos dispensadores a particulares.

Me dio la risa y le dije que no lo necesitaba, pero insistió:

Nuria Roca lo anuncia para particulares.

Me dio más risa. Con todo el respeto para Nuria Roca y poco para la teleoperadora, convencida de que podía conquistarme con ese reclamo publicitario. Pero la voz al otro lado de la línea no se rendía: 

-La única diferencia es que a las empresas les dejamos vasos de plástico y a los particulares, no.

También parecía muy segura de que esa distinción me fuera a servir para algo. Intenté explicarle que mi vivienda es un apartamento pequeño donde no sobra el espacio. Y ahí se preparó para (intentar) darme la estocada:

-El dispensador sólo ocupa 1,30 metros de alto.

No me dejó más remedio que aproximarme a mi nevera, comprobar que no me llega ni a la cintura -bastante más abajo- y replicarle:

-Mi nevera es más baja que eso.

Y al fin se dio por vencida. Eso sí, hay que reconocerle que fue muy dura de pelar en esto de la venta a distancia.

Esa llamada no fue una confusión, pero sí he recibido otras protagonizadas por interlocutores que no sólo persisten en su error, sino que encima han intentado convencerme de que no soy quien soy, sino quienes ellos dicen que soy. Y cuando ya ven que no, como van acelerados, soy yo quien tiene que repararles la avería en los frenos.

Como un tipo que llamó preguntando por un tal Fulgencio Pérez. O quizá era Ambrosio González. O Fulano de Tal, no recuerdo ni el nombre ni el apellido. Vamos, que buscaba a alguien que no era yo, la única persona residente en este piso.

-Se ha equivocado de teléfono -le dije.

Puede que no me creyera. O puede que estuviera tremendamente seguro de que alguien como él es incapaz de equivocarse cuando marca un número de teléfono. Ante su estupefacción por no ser yo quien él creía que era, le pregunté si estaba llamando a alguna empresa, porque algunas me habían llamado pensando que mi número es el de algún establecimiento comercial. Y le hice saber que estaba comunicándose con una casa particular. Pero ni puñetero caso:

-No, yo estoy buscando a esa persona.
-Y yo le digo que se ha equivocado de teléfono.

No había forma. Si él no aceptaba su error y yo no era quien él creía, el diálogo de besugos podía continuar sine die. Por su parte, como él mismo se ocupó de dejar claro en su siguiente tentativa:

-¿Pero usted no lo conoce?

Se refería, evidentemente, al personaje por el que preguntaba, cuyo nombre ya digo que no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que le expliqué por enésima vez que se había equivocado de teléfono, que no insistiera y que le colgué. Un tío tan pesado no me dejaba otro remedio.

Como colofón a estas historias de llamadas no deseadas, otra muy breve a la que saqué bastante jugo. Suena mi teléfono fijo. Una voz femenina que me da los buenos días me habla de unos maravillosos descuentos que me va a ofrecer en mi línea móvil y fija. Me pregunta si puedo ser tan amable de decirle con qué compañía tengo contratados esos servicios de fijo y móvil. Mi respuesta:

-Con NBC World News.

Segundos de silencio. Su réplica:

-Vale, caballero, no le molestaré más.

Mi contrarréplica: “¡¡¡¡JAJAJAAJAAJAAJAA!!!!”.

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El teléfono que tantos momentos peculiares, como mínimo, me ha hecho vivir.

Chelsea, 20 años de indie rock en el casco antiguo de Ponferrada

Hoy vuelve a tocar escribir con mucha subjetividad, pero en realidad es la única forma de hacerlo, porque una felicitación así lo requiere. Las líneas a continuación son un homenaje a un lugar fundamental en mi vida, que este mes ha cumplido veinte años de existencia. Es el Chelsea Modern Bar, el Chelsea para los amigos.

Dos décadas ininterrumpidas funcionando. Y en Ponferrada, una ciudad que, como tantas otras, ha sufrido y continúa padeciendo los embates de la crisis económica. La de este local es mucho más que una historia de supervivencia; es la capacidad de reinventarse permaneciendo fiel a su esencia: tratar con respeto y cercanía a los que por allí pasamos, acompañándonos con la música que queremos escuchar: rock, pop, britpop, indie rock (que cada cual elija el suyo o los suyos)… Un oasis de libertad en tiempos de dictadura musical de géneros de los que el propietario, Luis Chelsea -nunca supe tu apellido- nos mantiene a salvo.

Situado en una esquina mágica. En el arco, no junto al arco, de la torre del Reloj de Ponferrada. Con la entrada en la calle del Reloj, pero con otra puerta a la también con solera calle Carnicerías, donde cuando llega el buen tiempo Luis despliega una pequeña y acogedora terraza. En mi barrio, en el que siempre será mi barrio, aunque ya no tenga ningún techo en propiedad bajo el que guarecerme allí. Con 20, con 30 y con 40. En tres estados civiles. El Chelsea no ha sido mi casa, ni tiene por qué serlo. Pero sí ha sido -y espero que sea siempre- mi bar.

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Un buen tinto del Bierzo en la terraza del Chelsea (fotos: Manuel Vega).

Pero volvamos adentro, a ese interior que en veinte años ha cambiado varias veces de aspecto, siempre con acierto. Desde los comienzos, cuando era una cervecería en forma de L, con la cabina del DJ al fondo, hasta la actualidad, donde la L ha dejado paso a una barra continua y el ordenador ha sustituido a los CD.

El look del Chelsea ha ido evolucionando, y también el tipo de local. La cervecería fue convirtiéndose en bar de -muy buenas- copas de noche, y, manteniendo esta tendencia nocturna, Luis supo aprovechar las tardes transformándolo en un lugar donde tomar cañas, vinos del Bierzo -supongo que también otros, pero yo pido esos- y tapas. Así, lo situó, y con éxito, en la ruta de cortos -lo que en Madrid llaman “caña”, es el tamaño de un corto en El Bierzo- del casco antiguo.

La música del Chelsea también ha evolucionado. Por fortuna, esto no significa que hayan cambiado los estilos musicales adaptándose a lo que marca el moderneo, con perdón por el palabro. Lo que quiere decir es que la banda sonora de Luis Chelsea no ha dejado de actualizar los éxitos del rock, britpop, indie rock… Hace muchos años que no vivo en Ponferrada y sólo voy al Chelsea de vacaciones, pero me consta que se han organizado sesiones en las que sólo se han pinchado éxitos del año en curso.

Por supuesto, siempre están presentes los clásicos: The Smiths, Joy Division, The Cure, U2 -creo que todo un fetiche para Luis-, David Bowie, The Rolling Stones, Jimi Hendrix y un larguísimo etcétera que abarca varias décadas del rock.

La buena música es el alma del Chelsea, pero también forman parte de su naturaleza los carteles de estrellas del cine, de la moda y de la cultura en general, siempre relacionada con la escena londinense que da nombre al bar. Fotos de Bowie, Michael Caine e incluso de Vinnie Jones decoran actualmente su espacio. Y qué decir de los regalos con los que premia de vez en cuando las consumiciones: las míticas camisetas con el logo del Chelsea, pegatinas con la imagen de Twiggy, Brigitte Bardot o el stone Ron Wood… O las tazas, como la que me acompañó incluso a la redacción del periódico donde trabajé tres años en Melilla, y que ahora decora mi casa de Madrid.

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Siempre que han venido amigos de fuera a visitarme a casa, los he llevado al Chelsea, y creo que todos lo han disfrutado tanto como yo. A ellos, a los de Ponferrada, y a los que ya no están les dedico este homenaje a mi bar. Y a Luis Chelsea y a su local les felicito su vigésimo cumpleaños, deseando que sean muchos más. Y convencido de ello, porque mientras a su alrededor tantos negocios han ido abriendo y cerrando sus puertas, el Chelsea Modern Bar permanece ahí. Muchas felicidades, y gracias por tantos grandes momentos.

Atahualpa y Moctezuma, recordados en el Palacio Real

Aunque este sea un blog muy personal, intento que la primera persona no prime en la forma de escribirlo. Sin embargo, hoy no puedo evitarla, porque tengo que expresar algo que ignoraba y que en un amante de la Historia, la de España y la universal, merece un tirón de orejas a uno mismo.

Gracias a un comentario que leí hace varios días en la cuenta en Twitter del escritor Javier Santamarta, tuve noticia de que en el Palacio Real de Madrid hay una estatua que muchos ni por asomo podrían imaginar allí. Es la de Atahualpa, el último soberano de los incas.

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Escultura del inca Atahualpa, en el Palacio Real de Madrid (fotos: Manuel Vega).
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La estatua de Atahualpa se ubica en la plaza de la Armería del Palacio de Oriente (a la derecha).

No tenía la menor idea de que este símbolo del Perú, ejecutado por orden del conquistador del Imperio inca Francisco Pizarro, tuviera este recuerdo en el Palacio de Oriente, lo que algunos juzgarán contradictorio, al tratarse de la residencia de los reyes herederos de la Monarquía Hispánica que conquistó la mayor parte de América.

En este monumento hay muchas más esculturas, la mayoría de ellas visibles desde la plaza de Oriente. Corresponden a reyes medievales, bien de la época visigoda, bien de los reinos cristianos de la época de la Reconquista.

Para contemplar a Atahualpa preferí no esperar en la larga cola para entrar en el palacio y, situándome en la verja que encierra la plaza de la Armería, bastante lejana a la fachada, tiré del zoom de mi cámara.

Seguí haciendo lo propio apuntando hacia otras partes del frontispicio y capturé otra figura que despertó mi interés. En ese momento desconocía a quién representaba, pero buscando documentación sobre la estatua de Atahualpa descubrí la identidad del misterioso personaje: Moctezuma, el emperador de los aztecas cuando Hernán Cortés llegó a México.

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En el lado opuesto a Atahualpa nos encontramos con el azteca Moctezuma.

Quien desee saber más sobre las esculturas que adornan el Palacio de Oriente puede hacerlo leyendo la revista Artehistoria. Fue el Padre Sarmiento, erudito benedictino de la época de la Ilustración, quien influyó para que, por medio de Atahualpa y Moctezuma, los pueblos precolombinos también tuvieran su sitio en la morada de los monarcas españoles y en la propia Historia de España.

Como éste continúa siendo un texto personal, me pregunto si en el Palacio de Buckingham, o en algún otro lugar emblemático de la realeza inglesa, hay algún recuerdo a las tribus amerindias exterminadas en Norteamérica por el Imperio británico. O si existe algo parecido en los Campos Elíseos de París, puesto que Francia también tuvo una presencia importante en el norte del Nuevo Continente. O si en Lisboa se recuerda a los nativos americanos sometidos por la monarquía portuguesa en Brasil. Pregunto.

10-N: la España del ‘y tú más’, nunca la del ‘yo también’

Las elecciones que nadie -o casi nadie- deseaba han resultado ser lo que amenazaban: un despropósito. La participación este 10 de noviembre cayó al 69,8%, lo que se traduce en 24,3 millones de votos y 10,5 millones de abstenciones. En los pasados comicios de abril, el número de españoles que sí acudieron a las urnas fue de 26,3 millones (75,7% de participación) frente a los 8,4 millones que prefirieron no ejercer su derecho al voto.

El PSOE de Pedro Sánchez protagonizó el domingo la victoria más pírrica en 42 años de elecciones desde que la democracia retornó a España. El 10-N perdió unos 700.000 votos respecto a su resultado en la cita electoral del 28-A (de 7,4 millones bajó a 6,7). Aunque se ha quedado en 120 diputados, sólo tres menos que en los anteriores comicios, los socialistas harán mal en engañarse: sólo habrán ganado las elecciones si logran formar gobierno. Si no fueron capaces cuando obtuvieron mejor resultado, a ver cómo esperan conseguirlo ahora.

El PP, que continuó con Pablo Casado al frente a pesar de su debacle en abril (entonces se quedó en 66 escaños), recupera terreno ganando 700.000 votos (de los 4,3 millones del 28-A a los 5 millones de ayer), lo que sitúa al partido con 88 asientos en el Congreso. La nueva convocatoria electoral ha supuesto para el dirigente popular un balón de oxígeno, pero no un éxito.

La peor noticia de esta repetición electoral es un nuevo ascenso de la ultraderecha de Vox. Parte del electorado ha asumido como normal el discurso retrógrado de Santiago Abascal, que con sus soflamas contra la inmigración y el independentismo, entre otras motos que ha conseguido vender, ha subido de los 2,6 millones de votos de abril a los 3,6 millones de anoche. Ese millón de sufragios ganados le hace incrementar en más del doble su representación en el Parlamento (de 24 a 52 escaños).

Unidas Podemos paga su negativa a apoyar la investidura de Sánchez el pasado verano. La coalición liderada por Pablo Iglesias consiguió ayer tres millones de votos, con lo que pierde 700.000 en comparación con el 28-A y baja de los 42 a los 35 parlamentarios en la Carrera de San Jerónimo. En manos de Iglesias está si apoya un gobierno socialista o prefiere seguir esperando a que el presidente en funciones lo valore como cree que merece, a riesgo de una enésima repetición electoral.

El 10-N no ha habido un ganador, pero sí un claro derrotado: Albert Rivera, que este mediodía presentó su dimisión al frente de Ciudadanos. De los 4,1 millones de apoyos que cosechó en las anteriores elecciones, que le dieron 57 escaños, ha pasado a ser el elegido por sólo 1,6 millones de votantes, con lo que se desploma hasta los 10 diputados. Rivera ha dejado todos sus cargos, lo que algunos dicen que le honra, pero hizo cero autocrítica en su despedida: habló de no dividir a los españoles en “rojos y azules”, pero eludió reconocer que él ha contribuido a esa división.

El debutante Más País se estrena con medio millón de votos y tres diputados. Íñigo Errejón haría bien en plantearse que España no es un reflejo del Ayuntamiento de Madrid, como tampoco lo fue su parlamento regional.

En cuanto a los partidos independentistas catalanes, suman entre todos 23 escaños (13 ERC, 8 JxCAT y 2 las CUP), pero deben tener en cuenta que no son la mayoría tan aplastante que pretenden ser: la suma de PSC (12), En Comú Podem (7), PP, C’s y Vox (2 cada uno) totaliza más representantes en Madrid (25). En votos, la opción secesionista está debajo de la que prefiere que Cataluña no rompa con España. No, el caso catalán está muy lejano al de Eslovenia al que tanto aluden. En 1990, un 88% de votantes eslovenos (de una participación del 90% de su censo electoral) eligió que su país se independizara de Yugoslavia. Si los independentistas catalanes continúan soñando con alguna similaridad con el caso balcánico, necesitan gafas.

Si alguna lectura se puede extraer del 10-N es que a río revuelto, ganancia de la ultraderecha. Por ello, es fundamental que los demás partidos de ámbito estatal dejen de tirarse los trastos a la cabeza y entre todos, junto con los regionalistas y nacionalistas dispuestos a salir de esta situación de preocupante estancamiento, acuerden la formación de un Gobierno estable. En otras palabras, que cada cual deje de culpar al otro profiriendo el repetido hasta la saciedad y tú más y que reconozca los errores propios entonando un sincero yo también.

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Vista del Congreso de los Diputados, cuya composición cada vez está más atomizada. (foto: Manuel Vega).

Verificar lo que afirman los políticos, clave en los debates

En el plano informativo de esta breve campaña para las elecciones del próximo domingo, 10-N, una de las noticias de la semana, si no la noticia, fue el debate a cinco televisado por TVE y Atresmedia el pasado lunes 4.

Al día siguiente, fue interesante ver en el telediario de TVE una noticia que señalaba datos falsos esgrimidos por cada uno de los candidatos participantes en el debate. Aquí se reproducen algunos de los detectados por el equipo de la televisión pública, que se pueden escuchar hacia el minuto 35 de este vídeo:

Santiago Abascal (Vox) afirmó ante millones de telespectadores: “Hemos conocido los nombres, los detalles, de una manada de españoles el año 2016, pero después de esa manada ha habido más de cien manadas en España, y el 70% de quienes están imputados son extranjeros”.

Así le responde Alicia Manzanares, la periodista de TVE firmante de la pieza: “Falso: no hay datos oficiales sobre violaciones en grupo. Según las últimas cifras del Ministerio del Interior, un 70% de los detenidos o investigados por delitos sexuales son españoles y un 30%, extranjeros. También afirmó [Abascal] que un 86% de las denuncias por violencia de género se archivan. El Consejo General del Poder Judicial reduce este porcentaje al 1,3%”.

Pedro Sánchez (PSOE) aseguró en el debate: “Desde el tercer trimestre del año 2018 hemos creado en torno a 530.000 nuevos puestos de trabajo”.

La redactora que ha efectuado las verificaciones le dice esto al presidente del Gobierno en funciones: “También es falso este dato. Según la Encuesta de Población Activa, el número de empleos generados desde el tercer trimestre de 2018 es de 346.000, 184.000 menos de los que dijo Sánchez”.

Pablo Casado (PP) aseveró a modo de reproche al presidente: “¿Por qué no ha retirado la Declaración de Pedralbes, en la que se decía que hacía falta un relator internacional, en la que se decía que la Monarquía era franquista, en la que se decía que la Guardia Civil y la Policía Nacional eran fuerzas opresoras?”.

La periodista le rectifica: “No es cierto. La Declaración de Pedralbes, compartida entre el Gobierno de Sánchez y el Ejecutivo catalán, no menciona ni a la Monarquía ni a las fuerzas de seguridad”.

Albert Rivera (Ciudadanos) hizo esta afirmación en materia económica: “Yo propongo un IRPF razonable, que no sea confiscatorio, que no llegue a quitarle la mitad del sueldo en algunas comunidades a la gente que trabaja con el sudor de su frente”.

La autora de las comprobaciones corrige a este político: “Lo que afirmó Rivera no ocurre en ninguna región española porque el tipo marginal máximo del 45% o 48% en algunas comunidades sólo se paga a partir de los 60.000 euros de ingresos”.

Pablo Iglesias (Podemos) se refirió así a la norma suprema del ordenamiento jurídico: “Artículo 50, las pensiones. Garanticemos la revalorización de las pensiones [conforme] al IPC, porque la Constitución Española dice que se tienen que actualizar conforme al índice de precios al consumo”.

La respuesta de la responsable de comprobar los datos es clara: “Falso: la Carta Magna sólo dice que las pensiones se actualizarán periódicamente, pero no hace referencia alguna al IPC en su artículo 50”.

Lamentablemente, lo que tiene millones de espectadores es un debate en horario de máxima audiencia, pero no una pieza informativa emitida más de media hora después de iniciado el telediario de la sobremesa.

Por ello, para que un debate electoral tenga un auténtico interés para los votantes debería incluir en su larga duración un apartado en el que periodistas y/o expertos en las materias objeto de discusión comprueben las afirmaciones realizadas durante esa noche por cada político.

Podría hacerse tras las intervenciones finales de los candidatos. Así, lo más probable es que todos saliéramos ganando: los políticos -y sus equipos- se esforzarían en dar una imagen de seriedad y confianza, la audiencia de las televisiones se dispararía -cientos de miles de espectadores se frotarían las manos viendo cómo expertos en la información tratada avalan o desmienten a los candidatos con datos y estadísticas en la mano- y los que tenemos que acudir a las urnas lo haríamos con la sensación de que no nos han vuelto a tomar el pelo en vivo y en directo.

 

La “ciudad de Essex” y los errores repetidos en el Canal 24 horas

Esta mañana, una presentadora del Canal 24 horas de TVE ha dado en al menos dos ocasiones un dato erróneo sobre la geografía del Reino Unido. Informando sobre la investigación en marcha por el hallazgo el pasado miércoles de 39 cadáveres de inmigrantes en un camión frigorífico en ese país, la periodista afirmó que esos cuerpos fueron encontrados “en la ciudad inglesa de Essex”.

Essex no es una ciudad de Inglaterra, sino un condado. Llamarlo “ciudad” es tan equivocado como que una televisión británica dijera the Spanish city of Asturias (la ciudad española de Asturias). O dieran la categoría de ciudad a La Rioja, a Navarra o a El Bierzo.

En el Canal 24 horas se repiten constantemente las mismas noticias, e incluso cuando hubo un cambio de presentador, éste repitió el error una vez más. La siguiente vez que se volvió a dar la noticia, al menos, se corrigió la metedura de pata evitando mencionar a Essex y señalando que el camión con los cadáveres fue descubierto “en las afueras de Londres, al norte de la capital británica”.

En esta noticia publicada el pasado jueves en la web de RTVE se da la información correcta: “las 39 personas halladas sin vida dentro de un camión frigorífico en un polígono industrial de la localidad de Grays, en Essex”.

Como ya se ha indicado en otras entradas, la continua repetición de noticias en el Canal 24 horas obliga a sus periodistas a estar permanentemente alerta para evitar que se multipliquen los errores.

El buen doblaje y la versión original pueden coexistir

La semana pasada, el espacio Días de cine clásico, en La 2 de TVE, emitió una película de culto, Tiburón (Steven Spielberg, 1975). Sorprendentemente, el doblaje de la cinta correspondía a una nueva versión, con lo que perdía gran parte de su interés. Las voces nuevas no suelen dar resultado en una película que por derecho propio ya es un clásico. ¿Por qué cambiar lo que ha funcionado durante décadas?

Puede haber varias respuestas a esa pregunta. La más habitual suele ser que se le hayan añadido a la película escenas no incluidas cuando se estrenó y, al no estar disponibles los actores que las doblaron en su día, se opta por una solución drástica: doblarla por completo de nuevo.

Tiburón tiene una secuencia fundamental que el nuevo doblaje ha destrozado sin paliativos. Tres hombres embarcados en un pequeño bote con la meta de dar caza al escualo que está sembrando el terror en las playas de Amity Island. Ha caído la noche y los tres se animan contándose historias que los hacen estallar en carcajadas. Pero, en un momento, Quint (Robert Shaw) recuerda su pasado y los ánimos se congelarán. El veterano lobo de mar revela que es uno de los supervivientes del hundimiento del Indianápolis, buque norteamericano torpedeado por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Quint relata cómo cientos de náufragos fueron devorados por los tiburones en una escena que forma parte de la historia del cine.

El monólogo de Quint pierde todo su interés con la nueva voz. Y lo mismo ocurre con otras obras maestras del celuloide. Quizá el mayor sacrilegio haya sido cambiar el doblaje de El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972). Las modernas voces españolas de Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall o James Caan son infinitamente peores, y lo son por un motivo muy claro: porque las primeras funcionaban. Nunca se debe tocar lo que está dando resultado. En el siguiente vídeo se puede comprobar el estrago causado.

Otro clásico ultrajado por el redoblaje es Reservoir Dogs. La ópera prima de Quentin Tarantino, estrenada en 1992, fue víctima de las nuevas tendencias ni siquiera dos décadas más tarde, en 2008. El resultado sólo puede serle indiferente a quienes no hayan escuchado el primer doblaje. Que lo hagan ahora y juzguen.

Si la razón para proceder a renovar todas las voces es el añadido de nuevas secuencias a la película, las productoras deberían seguir el ejemplo de otro símbolo cinematográfico, el Espartaco de Stanley Kubrick.

Cuando se estrenó este filme en 1960, la moral imperante causó que se censurara una escena con connotaciones homosexuales. La del famoso diálogo de las ostras y los caracoles. Este interesante artículo de La voz de Jos evoca cómo se incluyó treinta años después esa secuencia, tanto en la versión original en inglés como en la doblada al español.

En 1991 se halló esa parte del metraje, pero el paso del tiempo había dañado su sonido. Se optó por doblarla, pero sólo uno de los dos actores que interpretaron esa parte, Tony Curtis, permanecía con vida entonces. El otro, Lawrence Olivier, había fallecido en 1989. Así las cosas, Curtis se dobló a sí mismo, mientras que la voz que corresponde a Olivier la aportó Anthony Hopkins.

A la hora de incluir esa escena doblada al español, tampoco estaban disponibles los actores que la doblaron en 1960. Uno había fallecido y el otro estaba retirado. Pero, al menos, en esa ocasión se puso en práctica la única solución correcta: otros dos actores doblaron la secuencia y se mantuvo el doblaje original en el resto de la película. Los responsables de las versiones para España de El Padrino, Tiburón y Reservoir Dogs deberían haber tomado nota de ello. Quienes modifican arbitrariamente todas las voces de una película no hacen más que destruir mitos a generaciones de amantes del cine.

Ahora bien, este artículo no va a olvidar otra controversia importante: la de la versión original subtitulada frente al cine doblado. No cabe duda de que el producto original es mejor, pero ello no quita que haya joyas en el doblaje. Como muestra, las aludidas voces de Don Corleone, los gángsters de Reservoir Dogs o el monólogo de Quint en sus primeras versiones traducidas al español.

En ciertos supuestos, el doblaje ayuda a mantener el interés. En una comedia o cualquier otro filme con situaciones delirantes, las expresiones utilizadas en la versión original pueden no tener una correspondencia adecuada en castellano. Un ejemplo claro es La jungla de cristal, que gana con la voz de Ramón Langa sobre la de Bruce Willis, pero pierde gran parte de su gracia -para el espectador español- en su inglés original. Las películas de argumento más ligero suelen ganar dobladas.

También debe considerarse dónde está arraigado el doblaje y dónde no. La versión original prima en los países de habla inglesa, pero hay una razón muy clara que lo explica: el cine que ven mayoritariamente en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá o Australia es en su propia lengua. Es escaso el que ven en otros idiomas, lo que no hace rentable invertir en doblaje.

Debe quedar claro que en otras naciones de habla no inglesa, como Portugal o Países Bajos, la versión original marca igualmente la pauta. No lo hace, sin embargo, en Francia, Italia ni Alemania, donde está muy asentado el doblaje, como sucede en España. Una causa de su triunfo en estos países puede encontrarse perfectamente en que cuentan con numerosos habitantes. Italia y Francia superan los 60 millones de personas, y Alemania, los 80. Sin embargo, la población de Portugal ronda los 10 millones y la de Países Bajos, los 17. Es un hecho a tener en cuenta.

El buen doblaje y la versión original pueden coexistir sin problemas. Se debe incluso impulsar la segunda en los países donde las películas dobladas son la norma. Pero no intentar anular el doblaje, que es lo que buscan muchos defensores a ultranza de la versión original. Traducir las películas es algo que tiene sus ventajas. Que se lo cuenten a quienes trabajan en programas radiofónicos sobre cine. Perderían muchísima miga si los diálogos que reproducen no estuvieran bien doblados al español. A falta de imágenes, no hay subtítulos que valgan. La voz lo es todo y la radio es un excelente medio para difundir el cine. Compruébenlo quienes no lo crean.