Baloncesto yugoslavo (y serbio)

Hoy toca escribir un artículo totalmente subjetivo, pero con grandes dosis de objetividad, dado cuál es su protagonista: el baloncesto yugoslavo y, por extensión, el de su sucesor más aventajado, el serbio.

Belgrado es una de las capitales europeas del baloncesto, si no la capital. La cultura del deporte de la canasta se respira en el orgullo que sus ciudadanos sienten por glorias pasadas y presentes.

En mi primera visita a la capital de Serbia, he conocido a Maja y Marija, dos amigas nacidas a finales de la década de los 80, cuando todavía existía Yugoslavia y su selección de baloncesto empezaba a arrebatarle a la de la Unión Soviética la hegemonía continental. En un breve viaje en furgoneta desde Belgrado a la cercana localidad de Obrenovac, junto con nuestros amigos comunes Javier e Isabel, disfruté de una charla con ellas en la que salieron varios nombres de leyendas de este deporte.

Maja y Marija eran muy niñas cuando ellos triunfaban, en los 90, pero los recuerdan muy bien. Hablamos de mi admirado Aleksandar Djordjevic, el líder que cualquier equipo grande necesita. Y de otros compañeros con los que la selección yugoslava -que tras la desintegración del país en 1991 sólo estaba formada por serbios, principalmente, y montenegrinos- recobró el dominio del baloncesto europeo tras haber sido excluida entre 1992 y 1994 de las competiciones deportivas internacionales a causa de la guerra. Vlade Divac, Zarko Paspalj, Dejan Bodiroga, Predrag Danilovic o Zeljko Rebraca fueron otros de los jugadores que devolvieron a los plavi a lo más alto.

Aquellos baloncestistas sabían que eran los mejores de Europa, y se aplicaban en demostrarlo. Entre 1995 y 2002, Yugoslavia (Serbia + Montenegro) ganó  tres Eurobasket (1995, 1997 y 2001), una plata olímpica (1996) y dos Mundobasket (1998 y 2002). Fueron muchos los momentos que dejaron para la historia, pero yo me quedo por encima de todos con uno: la final contra la Lituania de Sabonis y Marciulonis en Atenas 95:

La conversación con Maja y Marija no se centró sólo en el baloncesto de antaño, sino también en la selección serbia de los últimos años, con Milos Teodosic, Nemanja Bjelica, Miroslav Raduljica -a quién Maja suele encontrar en una cafetería cercana a su casa en Belgrado-, Stefan Markovic o Nikola Kalinic como ejemplos de que la cantera balcánica no deja de producir talento y competitividad.

La casualidad quiso que mientras departíamos sobre momentos estelares del basket estuviéramos en la misma ciudad en la que se vivía otro: era el sábado pasado, cuando la Selección española derrotaba a la anfitriona Serbia en las semifinales del Eurobasket femenino. Un día después, las nuestras se coronaban campeonas tras vencer a Francia en la final. Una razón más para afirmar que la magia del baloncesto envuelve Belgrado.

La rojigualda y el ‘no pasarán’

«¡No pasarán! El fascismo quiere conquistar Madrid. Madrid será la tumba del fascismo». Este era el mensaje de una pancarta instalada en la calle Toledo, junto a la Plaza Mayor, en el Madrid asediado por las tropas del general Franco durante la Guerra Civil. Si hay alguna bandera a la que se pueda asociar ese lema, esa es la tricolor de la República Española.

Pocos podrían imaginar que la rojigualda, la actual enseña de España, podría relacionarse con aquella consigna republicana. En Belgrado, la capital de Serbia, no han dudado en hacerlo para visibilizar una situación que lleva lastrando las relaciones internacionales de este país balcánico desde febrero de 2008.

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Pancarta frente al Parlamento serbio que rechaza la posible entrada de Kosovo en la UE (foto: Manuel Vega). 

Fue entonces cuando Kosovo, una provincia serbia, pero poblada mayoritariamente por albaneses, y que llevaba desde 1999 ocupada por fuerzas de la OTAN, se autoproclamó independiente. Su declaración fue reconocida inmediatamente por su principal valedor, Estados Unidos, y por la mayoría de Estados miembros de la Unión Europea, entre ellos Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, así como varias decenas de países entre los que se cuentan Canadá y Australia.

Dentro de la UE, solamente cinco miembros rechazaron la proclamación unilateral de la independencia de Kosovo, y lo siguen haciendo a día de hoy: Eslovaquia, Rumania, Grecia, Chipre y España.

Cada uno de esos cinco Estados de la UE tiene sus razones para no sumarse al despropósito de reconocer una independencia no pactada por las partes afectadas. Por ejemplo, en los casos de Rumania y Eslovaquia, dentro de sus respectivos territorios hay importantes comunidades de población húngara, y sus respectivos gobiernos han interpretado, con un criterio más que razonable, que un hipotético apoyo a la independencia kosovar podría dar alas a sus ciudadanos de origen húngaro para reclamar para sí lo mismo que han hecho los albaneses de la que fuera la provincia serbia de Kosovo (que sigue siéndolo a ojos de la ONU, pues son muchos los países que no reconocen esa independencia, entre ellos, dos miembros del Consejo de Seguridad: Rusia y China).

Las razones de España para no reconocer Kosovo también están claras: apoyar su independencia supondría dar a los separatistas catalanes y vascos razones para reclamar las de sus respectivos territorios. Los serbios lo agradecen y de ahí el motivo de la pancarta fotografiada para este artículo. Mientras haya miembros de la UE que no acepten a Kosovo como un Estado independiente, los kosovares no entrarán en las instituciones de Bruselas. De ahí ese ‘no pasarán’ junto a la bandera rojigualda.

Nada hace presagiar que el problema de Kosovo vaya a tener solución. O, al menos, una solución a corto o medio plazo. Pero esto supondrá no sólo que Kosovo se quede fuera de la UE, sino también Serbia, pues, mientras no normalice su relación con su díscolo vecino, Bruselas no parece dispuesta a abrirle la puerta.

El contencioso entre Serbia y Kosovo exige un análisis más en profundidad. Pero, de momento, esa imagen de la rojigualda con el lema antifascista de la Guerra Civil merece su protagonismo aparte.

 

Momentos estelares

Ayer recordé gracias a un interesante perfil de Facebook llamado Radiografía deportiva del ayer que en la fecha se cumplían once años del triunfo de la selección española de fútbol en la Eurocopa 2008. Aquí reproduzco todo lo que me inspiró evocar aquellos momentos tan bonitos para cualquier aficionado español que sepa valorar algo tan grande como lo que se consiguió entonces:

Momentos estelares de la humanidad, parafraseando a Stefan Zweig, que era austriaco y nacido en Viena, la misma ciudad donde la selección española tocó el cielo con la mano. Sí, ya sé que el fútbol es algo que muchos desprecian y/o detestan, pero los nuestros lo convirtieron en arte aquellos días de 2008. Han pasado once años, los mismos que jugadores tiene un equipo sobre el césped, pero parece que han transcurrido muchos más, porque la selección ya no es sombra de la que fue.

¿Volverá a serlo? Probablemente, pero quizá pasen décadas. Las suficientes para volver a juntar sobre el terreno de juego a futbolistas descomunales como Xavi, Casillas, Villa, Iniesta, Torres, Puyol, Ramos, Senna, Alonso, Cesc y tantos que había entonces o llegaron después para saludar al mundo ciñendo su corona. Y para tener al frente a hombres valientes capaces de comprender que el papel del seleccionador no es sólo elegir a los mejores, sino también convencer a los jugadores de que lo son. Las finales no se juegan, se ganan, les dijo Luis Aragonés, el sabio que hizo posible que todo empezara. Y que tuvo el mejor sucesor posible, Vicente del Bosque, que logró el más difícil todavía: mantener a la Roja en la cumbre respetando el legado de su predecesor.

No olvidemos nunca todo esto.

RTVE hace su trabajo: informar

¿Condena el dolor causado por ETA, las víctimas mortales causadas por ETA?

El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, empieza a responder con un circunloquio interminable agradeciendo a RTVE la «oportunidad» que le da de expresar sus ideas políticas. Ese rodeo no era más que una excusa para no contestar a la pregunta clara que se le había formulado.

La evasiva podría haber sido eterna de no haberle interrumpido al fin Marc Sala, el entrevistador: «Yo le he preguntado una cosa muy concreta, si usted condena el terrorismo de ETA, las muertes causadas por ETA. Es un sí o un no». Ahí, Otegi ya dio algo parecido a una respuesta: «Nosotros hemos contribuido a que desaparezca la violencia armada de este país». Es decir, no condena los atentados perpetrados por la banda terrorista, y además no tiene el valor de decirlo claro.

Todas las réplicas del dirigente de EH Bildu fueron prácticamente lo mismo: dar su discurso y esquivar las preguntas directas que le planteaban tanto el conductor de La noche en 24 horas como los demás periodistas en la mesa. Cuando Otegi insistía en colgarse la medalla del «cese de la actividad armada» -seguro que aportó algo, pero el mayor mérito del fin de ETA correspondió al trabajo de las Fuerzas de Seguridad del Estado-, Sala volvió a interrumpirlo: «Para las víctimas, para los familiares de las víctimas, hay ochocientos muertos, usted dice que no hay pasado, que no hay que mirar al pasado, pero hay 307 atentados de ETA pendientes de aclarar… No se puede cerrar la puerta de un día para otro». Y Otegi siguió a lo suyo.

«Le pregunto por las víctimas de ETA porque usted en estos momentos está inhabilitado como cargo público hasta el 2021, fue condenado a seis años de cárcel por un secuestro de un directivo de Michelin y a seis años y medio por ser miembro de ETA. Por eso le pregunto por las víctimas de ETA. Cuando haya ocasión de preguntar a otra persona por otras víctimas, obviamente le haré esa pregunta» (…) «¿Se arrepiente de lo que ha hecho?», le espeta el periodista. Ahí es cuando el político vuelve a retratarse afirmando sentir «de corazón» el hecho de haber «generado más dolor a las víctimas del necesario o del que teníamos derecho a hacer»«¿Necesario? Con el dolor ya es suficiente», le cortó Sala insistiéndole en la petición de perdón.

Petición que no llegó, pero no porque el periodista no le insistiera en ello, sino porque al entrevistado no le dio la gana de responderla. Y cuando un entrevistado rehúsa responder -repetidas veces- lo que se le pregunta, es su imagen la que queda en entredicho, no la del periodista, ni la del medio al que pertenece.

«Ejercer el periodismo es preguntar y escuchar a todas las voces», proclamó el presentador antes de iniciar la conversación con Otegi. Una aclaración derivada de la polémica despertada en partidos políticos y asociaciones de víctimas porque un medio público fuera a entrevistar al líder de EH Bildu.

«Han pasado por La noche en 24 horas representantes de absolutamente todos los partidos con representación parlamentaria, además de integrantes de asociaciones o fundaciones que son legales», recordó el presentador segundos antes de dar paso a la conexión -el invitado no estaba en Madrid, sino en los estudios de TVE en el País Vasco-. No había razones para no entrevistar a Arnaldo Otegi. Y en ningún momento se trató de blanquear a EH Bildu, como afirman tantos. Habría existido tal blanqueamiento si se le hubiera dado la razón a Otegi, lo que no ocurrió en ningún momento. Las preguntas que se le dirigieron demuestran que RTVE cumplió su trabajo, que no es otro que el de informar.

Diferenciar entre migraciones

Parece que en la prensa en español hay un cierto rechazo a mencionar la palabra inmigración, cuando en realidad no tiene nada de peyorativo. No es despectivo, como tampoco lo son emigración ni migración. Sin embargo, da la impresión de que sólo la última de ellas denota dignidad a ojos de multitud de periodistas que informan sobre los traslados de personas a países distintos a los suyos en busca de mejores condiciones de vida.

Si se lee este tuit del periódico colombiano El Tiempo, no queda del todo claro a qué se está refiriendo:

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No puede quedar claro porque «migración» implica tanto inmigrar como emigrar. Luego si está hablando desde Colombia, migración se refiere tanto a los extranjeros que llegan a ese país iberoamericano como a los colombianos que salen de su nación de origen para instalarse en otra.

Quien lea el largo hilo en Twitter de El Tiempo observará que el asunto se centra en la llegada de venezolanos a territorio colombiano, al que acuden huyendo de la situación política y económica existente en su país. Es decir, se está refiriendo a inmigrantes venezolanos en Colombia. Ahí no se debe suprimir el prefijo in-.

Hay otras situaciones en las que el uso del término migrante sí es más adecuado que inmigrante. Hablemos por ejemplo de los miles de personas que abandonan Estados del África subsahariana con la intención de alcanzar suelo europeo y asentarse en algún país donde tener unas condiciones de vida, seguridad, económicas y de libertad dignas, o al menos no tan terribles como las existentes en los lugares de los que huyen.

En su periplo, esas personas recorren distintos países. Entre los que se aproximan al Mediterráneo por la ruta occidental, muchos acceden a territorio de la Unión Europea por Ceuta y Melilla. Entran en España, pero la intención de muchos de ellos no es permanecer en suelo español, sino continuar migrando hacia otros países europeos. Sólo cuando echen raíces en uno de ellos se les podrá llamar inmigrantes.

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Una migrante subsahariana, en el puerto de Melilla tras ser rescatada de una patera (foto: Manuel Vega). 

Feliciano López y las prioridades de los periódicos británicos

Me he enterado viendo el telediario de que Feliciano López ha ganado el torneo de dobles de Queen’s, con lo que el tenista español se ha proclamado campeón por partida doble de ese campeonato, al haber triunfado también en la competición individual. De ésta sí tuve noticia ayer; de la del doble, debí tenerla esta mañana al ver las portadas de la prensa internacional. Sin embargo, el periódico británico que miré, The Times, no hacía mención alguna al toledano.

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El diario londinense mostraba en portada al escocés Andy Murray, pareja de López en la competición de dobles. Es lógico, tratándose de un tenista británico que acaba de superar una complicada operación de cadera. Ese ejemplo de superación lo convierte en el principal protagonista. Pero no en el único. El responsable de la portada de The Times tenía obligación de informar de que Murray consiguió el título junto con Feli. Esto no significa que el español tuviera que aparecer en la foto, pero sí en el pie de foto.

Es obvio que la prensa de cada país tiene unas prioridades a la hora de informar. Pero es posible hacerlo de la forma más completa, algo que no se ha molestado en intentar el Times pero sí otro rotativo inglés, The Daily Telegraph.

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«Sir Andy Murray celebró su retorno a la competición tras una complicada intervención quirúrgica con una victoria en dobles junto con Feliciano López ayer en Queen’s. La pareja, cuya edad conjunta es de 69 años, derrotó al británico Joe Salisbury y a Rajeev Ram en tres sets». Todo eso entra en el pie de foto de la portada del Telegraph, que en la imagen incluye al propio López de espaldas celebrando el éxito con su compañero. Y para hacerlo mejor todavía, informa de la veteranía de los campeones -Feliciano cumplirá en septiembre 38 años y Murray tiene 32- y de la identidad de los subcampeones.

Si comparamos lo publicado por el Telegraph con lo del Times («Rey de Queen’s: Andy Murray ganó ayer el título de dobles en Queen’s con un impresionante retorno tras una operación que amenazaba su carrera») queda aún más claro cuál de los dos ha hecho su trabajo.

Negar que Vox es extrema derecha usando sinónimos

«¿Extrema derecha? Vox es ultraconservador», publica hoy en su portada La Razón, como titular de una entrevista a Inés Arrimadas, portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados. El entrecomillado procede de una pregunta que le formula la entrevistadora, Carmen Morodo («¿Para usted Vox es extrema derecha?»), a lo que la política responde: «Mire, le reconozco que en Cs estamos mucho más dedicados a trabajar por los ciudadanos que a hablar de otros partidos. Para mí Vox es ultraconservador, con el que nos diferenciamos en muchísimas cosas».

Ciudadanos sigue su lucha por ocultar, o minimizar, que está pactando con un partido de extrema derecha y lo hace con desacierto, como ha demostrado Arrimadas. Si consultamos el término extremo en la RAE, en su segunda acepción leeremos: «Dicho de una cosa: que está en su grado más intenso, elevado o activo. Frío, calor extremo«.

Para evitar la palabra maldita, la dirigente de Cs comete la torpeza de usar una sinónima. Si se busca el prefijo ultra-, la academia de la lengua señala: «Significa en grado extremo«. Si a ello le añadimos que derecha, también según la RAE, es el «conjunto de personas que profesan ideas conservadoras», Arrimadas se ha coronado con su negación-afirmación.

Sorprende que la periodista no le repreguntara sobre esa inexistente diferencia entre extrema derecha y ultraconservador. Y más teniendo en cuenta los antecedentes de la número dos de Cs cuando trata de negar -usando sinónimos- los acuerdos de su partido con Vox. Como cuando proclamó: «Dijimos que no nos sentaríamos a negociar con Vox, pero a hablar sí». ¿Cuando dos partidos políticos se sientan a hablar, no negocian? ¿Se dedican a charlar de la meteorología?

Las palabras de Arrimadas recuerdan a otras de Isabel Díaz Ayuso (PP), que para negar una situación no hizo más que afirmarla. «No hay empleo basura, hay empleo mal remunerado», declaró durante su campaña para las elecciones a la Comunidad de Madrid. No parece haberse planteado que una de las razones por las que a un empleo se le añade el calificativo basura es porque está mal remunerado. En definitiva, que «empleo basura» y «empleo mal remunerado» son tan sinónimos como «extrema derecha» y «ultraconservador».

El papel de la prensa es fundamental para que los políticos queden retratados cuando intentan negar la realidad. Hay obligación de repreguntarles y dejarlos en evidencia. Si se da barra libre para disparates, se corre el riesgo de que alguien, político o no, suelte un día que no es robar, es quitarle a otro lo que le pertenece, o no es asesinato, es matar a sangre fría a una persona.

Messi será el mejor de la historia cuando triunfe con Argentina

«Argentina no gana ni con Messi», decía ayer una presentadora del telediario. Se refería al tropiezo de la Albiceleste en la Copa América, un empate a un gol con la selección de Paraguay. Fiasco que venía precedido por la derrota frente a Colombia (0-2) en la primera jornada de este torneo de fútbol.

Pocos pueden dudar que el 10 del Barcelona y del combinado argentino es el mejor jugador de los últimos 15 años. Otros van mucho más lejos y lo han proclamado el mejor futbolista de la historia. Sin embargo, esta afirmación puede y debe ser discutida. Porque a Leo le falta una asignatura por aprobar para hacerse con la corona. Una prueba que se le ha atragantado durante toda su carrera.

No, el escollo que le queda por superar no es -al menos, no necesariamente- ganar un Mundial. Ni siquiera una Copa América. Pero sí lo es tirar de la selección argentina en partidos decisivos, algo que nunca se le ha visto hacer con su país, por mucho que su legión de admiradores se niegue a aceptarlo.

Cuando Messi viste de azulgrana, todos los elogios se quedan cortos ante su derroche de talento. Espectacular, imparable, monumental, extraterrestre… Pero cuando se enfunda la camiseta albiceleste, el Messías se vuelve absolutamente terrenal, tanto que nunca ha llegado a ser decisivo en ninguno de los torneos internacionales de selecciones que ha disputado.

Los amantes del fútbol de Messi culpan de su rendimiento menor con Argentina a la falta de calidad de sus compañeros. En lugar de buscar excusas, deberían observar la trayectoria de la Pulga con su equipo nacional y fijarse en los nombres que le han acompañado. Por ejemplo, el día que Leo fue más que nunca el hombre que pudo reinar: la final de Brasil 2014.

Argentina había llegado a la final de aquel Mundial con más pena que gloria. Encuadrada en un grupo de primera fase más que asequible, con Bosnia, Irán y Nigeria como rivales, ganó a todos ellos por la mínima. En octavos de final obtuvo un triunfo agónico en la prórroga ante Suiza, un conjunto que puede ser cualquier cosa menos temible, y en cuartos se deshizo de Bélgica, que entonces no era lo que es hoy. Y en semifinales se midió al fin a un adversario potente, Países Bajos, en un partido sin muchos argumentos por parte de ambos, que acabó con empate sin goles y victoria argentina en la tanda de penaltis.

Fue en la final contra la poderosa Alemania donde la Albiceleste dio su mejor versión… a pesar de Messi. El 10 no hizo un buen partido, pero muchos de sus compañeros sí, y en varias ocasiones pusieron contra las cuerdas a los germanos. No obstante, en la prórroga, la Mannschaft hizo el gol que apartó a los suramericanos de la gloria.

En aquel equipo argentino había futbolistas de la talla de Mascherano, Higuaín Agüero. No parece que Messi estuviera solo sobre el césped. Desde luego, quien vio la final del Mundial 2014 no puede decir que Argentina jugara mal. Lo que no se vio es que su capitán entrara mucho en juego. Al menos, no lo que se espera de un futbolista de sus condiciones.

Un líder no necesita a los demás. Son los demás los que lo necesitan a él. Messi ha demostrado cientos de veces en el Barça que sabe echarse el equipo a sus espaldas. Pero no se puede decir lo mismo cuando es su selección la que precisa su admirable calidad.

Los más grandes de la historia han sido determinantes tanto en sus clubes como con sus países. Lo fue el Pelé tricampeón del Mundo con Brasil. Y Cruyff, símbolo de la Naranja Mecánica neerlandesa, la subcampeona más bella en la historia de los mundiales.  También Puskas, Eusébio, Beckenbauer, Van Basten, Romario, Zidane, Xavi… Y, por supuesto, Diego Armando Maradona, cuyo extraordinario rendimiento con Argentina le permitía aparecer siempre cuando se le necesitaba.

Johan Cruyff decía que un verdadero líder es consciente de que sus compañeros cometerán errores. Messi no culpa a sus compañeros de selección, pero sí lo hacen periodistas y aficionados con pocas ganas de asumir que a la Pulga todavía le queda camino que recorrer para ser el mejor futbolista de la historia.

Vox niega la Historia de España

Pasó a la historia como Mehmed Pasa Sokolovic y fue un visir del Imperio otomano en el siglo XVI. Pero su origen no era turco, sino serbio. Ello no fue impedimento para que abandonara su confesión cristiana ortodoxa y se convirtiera al islam. Por obligación, por conveniencia o por el motivo que fuera. Lo fundamental es que fue un líder militar y político otomano, y que dejó un legado para la posteridad con el puente que ordenó construir sobre el río Drina a su paso por Visegrado.

Esta ciudad pertenece hoy a Bosnia-Herzegovina, un Estado de estructura compleja, derivada de su propio nacimiento como consecuencia de los acuerdos que pusieron fin a la Guerra de Bosnia. Visegrado quedó encuadrada en la República Srpska, una de las dos entidades que componen el Estado, poblada mayoritariamente por serbios. En ese territorio, los musulmanes son minoría hoy, pero la situación era diferente antes de la guerra. Y también siglos atrás, en los tiempos otomanos.

El hecho de que Visegrado sea hoy una localidad serbobosnia, y el cruel conflicto vivido en el país entre serbios y musulmanes -y también croatas- en los años noventa, no han supuesto un obstáculo para que la ciudad rinda homenaje a su historia con una escultura en honor a Mehmed Pasa Sokolovic, quien figura en los libros como visir otomano, no como joven serbio reclutado por los otomanos. La estatua se colocó hace dos años en un lugar próximo al Drina y a su puente más célebre.

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Escultura del visir otomano Mehmed Pasa Sokolovic en la ciudad de Visegrado (foto: Manuel Vega).

Pero estamos en España, y ayer el burdo uso de la Historia con fines políticos puso en el mapa a un pequeño municipio aragonés. Se llama Cadrete, en la provincia de Zaragoza, y allí el partido de ultraderecha Vox ha dado una muestra más de su particular Reconquista exigiendo y consiguiendo que se retire de una plaza un busto de Abderramán III, califa de Córdoba en el siglo X.

Si esa escultura se encontraba en un lugar público, no era para homenajear a un musulmán -confesión religiosa que parece provocar urticaria a Vox-, sino a un personaje clave en la Historia de España en general y en la de Cadrete en particular. En ese pueblo hay un castillo cuyo origen se debe a Abderramán III, que ordenó construir en ese emplazamiento, en el año 935, una fortaleza para desde ahí dirigir el asedio a Zaragoza, ciudad en poder de otros musulmanes que se habían sublevado contra la autoridad del califa.

En esta página no vamos a entrar en el árbol genealógico de Abderramán III; en si era hijo de una concubina cristiana del califa y nieto de la reina cristiana de Pamplona. Lo esencial en esta absurda polémica creada por Vox es que ese busto en una plaza pública no significa denigrar a los reyes cristianos medievales. Como la estatua de César Augusto en Zaragoza, la ciudad que lleva su nombre, y la escultura de cualquier romano célebre, no son una injuria a Viriato, ni a los defensores de Numancia, ni a ninguno de los pueblos prerromanos. Todos ellos han sumado sus biografías a la Historia de este país llamado España.

Vox comete la grave irresponsabilidad de identificar lo español con lo cristiano. Una cosa es afirmar que España tiene una cultura cristiana, algo totalmente cierto. La equivocación -o la manipulación- llega cuando se niega a lo no cristiano su aportación a la historia y cultura españolas. Eso es negar la Historia de España.

El partido liderado por Santiago Abascal continúa con su tozuda cruzada por el españolismo cristiano. ¿Qué será lo próximo? ¿Poner una cruz cristiana sobre el arco de Trajano de Mérida? No olvidemos que aquel emperador romano, nacido en Itálica, cerca de Sevilla, ordenó, como otros predecesores y sucesores, perseguir a los cristianos.

Tampoco deben olvidar los simpatizantes de Vox la influencia del árabe en el idioma que hablamos, con un 8% de arabismos en el español, lo que se traduce en unas 4.000 palabras, según el Instituto Cervantes. Y les vendría bien saber -o asumir, el que ya lo sepa- que el origen de la capital de España es árabe.

Un Mundial de fútbol en un país de 11.000 kilómetros cuadrados

Uruguay, Italia, Francia, Brasil, Suiza, Suecia, Chile, Inglaterra, México, Alemania y Argentina. España, México de nuevo, Italia otra vez y Estados Unidos. Francia en segunda instancia, Japón y Corea del Sur, Alemania nuevamente, Sudáfrica, Brasil otra vez anfitrión, Rusia… y Qatar. Hasta el primer punto de este párrafo, los países que fueron sede del Mundial de fútbol cuando competían 16 selecciones. La siguiente frase reúne a los organizadores que acogieron a 24 equipos participantes (en las ediciones de 1982, 1986, 1990 y 1994). Y la última enumeración de estados corresponde a las ediciones del fútbol más globalizado, con 32 combinados nacionales en juego.

Imaginen que la Región de Murcia solicita organizar un campeonato del mundo de fútbol con 32 selecciones. Con sedes en Murcia, Cartagena, Lorca, Cieza, Yecla y donde puedan dentro de sus 11.314 kilómetros cuadrados. Recordemos que toda España tiene más de medio millón de kilómetros cuadrados y que en el Mundial 82 acogió a 24 equipos. Y recordemos también que el organizador designado del Mundial 2022 tiene sólo 296 kilómetros cuadrados más que Murcia.

Elegir a Qatar para alojar un Mundial de fútbol es el mayor disparate en la historia de este deporte. O en la historia de la FIFA, responsable de tan irresponsable elección. No sólo por el tamaño minúsculo del país, sino también por el clima de calor extremo que se vive en el Golfo Pérsico, lo que ha obligado a la extravagancia de jugar el campeonato en noviembre y diciembre en lugar de los habituales junio y julio. El cambio forzado de fechas causa otro daño colateral de gran repercusión, pues obliga a interrumpir las competiciones futbolísticas de Europa y América mientras dure el Mundial. En resumidas cuentas: Qatar 2022 es el colmo de los despropósitos.

Una de las noticias de la jornada de hoy es la detención del expresidente de la UEFA Michel Platini, a quien se investiga por su presunta corrupción en la elección del emirato del Golfo como sede mundialista. A la espera del resultado de las investigaciones policiales y judiciales, no está de más echar un vistazo a los reportajes que La Sexta emitió sobre el Qatargate.

Hay que considerar que aún faltan tres años para la cita mundialista y que la FIFA puede y debe rectificar su nefasta elección y buscar una sede alternativa para el Mundial 2022. Aunque no hay precedentes de que la Federación Internacional de Fútbol lo haya hecho -para el Mundial de 1986 se había designado a Colombia, pero fue el gobierno de este país el que finalmente renunció a organizarlo, de ahí que lo que pasara a la historia fuera México 86-, la concesión a Qatar apesta a amaño, una situación denunciable que se añade al dislate de meter con calzador a 32 selecciones de fútbol en un país de 11.610 kilómetros cuadrados.

Como posdata, una sugerencia para la FIFA si quiere impulsar el deporte rey en los países árabes. El único de ellos que actualmente está en condiciones de organizar un Mundial es Marruecos. Por superficie y estabilidad política.