Baloncesto yugoslavo (y serbio)

Hoy toca escribir un artículo totalmente subjetivo, pero con grandes dosis de objetividad, dado cuál es su protagonista: el baloncesto yugoslavo y, por extensión, el de su sucesor más aventajado, el serbio.

Belgrado es una de las capitales europeas del baloncesto, si no la capital. La cultura del deporte de la canasta se respira en el orgullo que sus ciudadanos sienten por glorias pasadas y presentes.

En mi primera visita a la capital de Serbia, he conocido a Maja y Marija, dos amigas nacidas a finales de la década de los 80, cuando todavía existía Yugoslavia y su selección de baloncesto empezaba a arrebatarle a la de la Unión Soviética la hegemonía continental. En un breve viaje en furgoneta desde Belgrado a la cercana localidad de Obrenovac, junto con nuestros amigos comunes Javier e Isabel, disfruté de una charla con ellas en la que salieron varios nombres de leyendas de este deporte.

Maja y Marija eran muy niñas cuando ellos triunfaban, en los 90, pero los recuerdan muy bien. Hablamos de mi admirado Aleksandar Djordjevic, el líder que cualquier equipo grande necesita. Y de otros compañeros con los que la selección yugoslava -que tras la desintegración del país en 1991 sólo estaba formada por serbios, principalmente, y montenegrinos- recobró el dominio del baloncesto europeo tras haber sido excluida entre 1992 y 1994 de las competiciones deportivas internacionales a causa de la guerra. Vlade Divac, Zarko Paspalj, Dejan Bodiroga, Predrag Danilovic o Zeljko Rebraca fueron otros de los jugadores que devolvieron a los plavi a lo más alto.

Aquellos baloncestistas sabían que eran los mejores de Europa, y se aplicaban en demostrarlo. Entre 1995 y 2002, Yugoslavia (Serbia + Montenegro) ganó  tres Eurobasket (1995, 1997 y 2001), una plata olímpica (1996) y dos Mundobasket (1998 y 2002). Fueron muchos los momentos que dejaron para la historia, pero yo me quedo por encima de todos con uno: la final contra la Lituania de Sabonis y Marciulonis en Atenas 95:

La conversación con Maja y Marija no se centró sólo en el baloncesto de antaño, sino también en la selección serbia de los últimos años, con Milos Teodosic, Nemanja Bjelica, Miroslav Raduljica -a quién Maja suele encontrar en una cafetería cercana a su casa en Belgrado-, Stefan Markovic o Nikola Kalinic como ejemplos de que la cantera balcánica no deja de producir talento y competitividad.

La casualidad quiso que mientras departíamos sobre momentos estelares del basket estuviéramos en la misma ciudad en la que se vivía otro: era el sábado pasado, cuando la Selección española derrotaba a la anfitriona Serbia en las semifinales del Eurobasket femenino. Un día después, las nuestras se coronaban campeonas tras vencer a Francia en la final. Una razón más para afirmar que la magia del baloncesto envuelve Belgrado.

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