La camiseta de la DDR

¿El deporte es política? ¿Los símbolos deportivos deben ser interpretados como mensajes políticos? O, precisando más el asunto, ¿quien viste una prenda de un equipo que representó a una dictadura pasada ha de ser etiquetado como defensor de ese régimen?

Hace algunas semanas se difundió una imagen del coordinador federal de Izquierda Unida, Alberto Garzón, cocinando en su casa vestido con un chándal de la selección de fútbol de la República Democrática Alemana (RDA), dictadura comunista que gobernó Alemania del Este entre 1949 y 1990. Las siglas en alemán, DDR, sobre el pecho del dirigente de IU desataron la cólera del ex eurodiputado de CDC Ignasi Guardans, quien afirmó en Twitter que el «logo» bajo esas letras era el «mismo» que el de la Stasi, la temible policía política del régimen germano-oriental.

Ese símbolo era en realidad el escudo de la RDA y no el del servicio de inteligencia de ese Estado totalitario, de ahí que el ataque de Guardans («imaginen a un político español pillado en casa con la cruz gamada en el pecho. O el yugo y las flechas bajo el nombre de Falange») esté totalmente injustificado.

A lo largo de la historia ha habido numerosos campeones, tanto a nivel colectivo como individual, que competían bajo los emblemas de regímenes antidemocráticos y represores. Ello no mancha en absoluto los éxitos de esos deportistas ni tiene que suponer un oprobio mostrar las prendas que vistieron o las que las imitan, que para los fetichistas del deporte son auténticas piezas de museo.

Hace algunos años vi en el escaparate de una tienda de la calle Goya, en un barrio bien de Madrid, una camiseta azul oscuro de la selección de fútbol de la RDA. Era exacta al chándal de Garzón, la del equipo que disputó el Mundial de 1974. Me pareció simplemente lo que es: una prenda deportiva con historia. Estaba colgada junto a otra de la misma época, y también objeto de culto: la oranje que vistió Johan Cruyff, la de la Naranja Mecánica holandesa. Juntas hacían una bella estampa.

No hay que olvidar que la RDA sólo se clasificó para un Mundial. Coincidió que fue el del 74, que organizó su vecina/hermana/hermanastra/rival/antagonista: Alemania Federal. Coincidió además que ambos conjuntos se vieron las caras en la primera fase de grupos. Y coincidió también que la RDA derrotó a la anfitriona y favorita, aunque esta acabara proclamándose campeona semanas después.

Representar a un país en un torneo deportivo no es encarnar a su aparato represor. Ni Garzón ha vestido el símbolo de la Stasi ni la selección de la URSS lucía el escudo del NKVD ni el de su sucesor, el KGB. Ni la camiseta de la España que se proclamó campeona de Europa en 1964 llevaba el yugo y las flechas de Falange ni el emblema de los grises, la Policía Armada del franquismo.

Demos un repaso al palmarés de los mundiales de fútbol. Hablemos de Italia, campeona en 1934 y 1938 bajo el régimen fascista de Mussolini. Y de la Argentina vencedora en 1978, con la dictadura de Videla torturando a opositores a pocos cientos de metros del estadio Monumental de Buenos Aires. ¿Hay que someter a escarnio público a quien hoy guarde y vista la camiseta del mítico Kempes? Mejor todavía: en 1970, el Brasil de Pelé, quizá el mejor equipo de todos los tiempos, se coronaba campeón del Mundo en México. Entonces, una dictadura militar dirigía con mano de hierro el gigante suramericano. ¿Alguien en su sano juicio acusaría a quien se enfunde la elástica de aquel conjunto legendario de connivencia con los opresores?

Me contaba un amigo que residió en la Alemania reunificada que, tras la caída del Muro de Berlín y del bloque soviético, hubo un auténtico revival de camisetas deportivas del otro lado del Telón de Acero, con proliferación de prendas con las siglas CCCP en el pecho. Y nadie se escandalizaba por ello. Una prueba más del absurdo que suponen las lecturas enrevesadas de los gestos de un político.

 

P. D.: No está de más recordar que la selección soviética fue vestida por Adidas, uno de los símbolos del enemigo capitalista.

Gibraltar: mejor definirlo como paraíso fiscal que como colonia

Varios medios españoles, algunos con euforia, informan de una decisión del Parlamento Europeo sobre Gibraltar. A propuesta del Gobierno español, la Comisión de Libertades, Justicia e Interior de la Eurocámara ha aceptado definir ese territorio como «colonia de la Corona británica».

No sé si en todo este esperpento del Brexit sirve de algo esta declaración. Tampoco creo que ese pedazo de suelo arrebatado a España en 1704 sea actualmente una colonia. Para serlo, debería tener una relación de inferioridad con respecto al Reino Unido, lo que no ocurre. Colonias británicas fueron Nigeria, Kenia o la Colonia del Cabo. Es complicado ver en el Gibraltar de hoy algo en común con esos casos.

La ONU incluye al Peñón entre los territorios por descolonizar. Habría que tener en cuenta que lo habitual en las posesiones que se descolonizan es que se declaren independientes. Siempre y cuando no afecten a China, como fue el ejemplo de Hong Kong. No es razonable imaginar que los británicos puedan conceder la independencia a su dependencia de ultramar en el Mediterráneo, pero tampoco lo era hace tres años pensar que el Reino Unido abandonaría la Unión Europea ni que, una vez consumado el despropósito vía referéndum, estaríamos contemplando un circo diario en el Parlamento de Westminster a cuento del (des)acuerdo de salida de la UE.

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El peñón de Gibraltar visto desde el puesto fronterizo de La Línea (foto: Manuel Vega).

Pero mejor no predecir más disparates y centrarse en el momento presente. Quizá fuera más útil que, en lugar de hablar de colonia, la UE defina a Gibraltar como algo tanto o más ignominioso, aparte de muy cierto: un paraíso fiscal.

Con una población de 32.000 habitantes, en el Peñón hay 16.800 empresas registradas. Para hacerse una idea de lo que esto significa, España tiene una población de 46,7 millones de personas, y el número de empresas activas es de 3,34 millones. Resumiendo: Gibraltar es lo que la RAE define como territorio donde la ausencia o parvedad de impuestos y controles financieros aplicables a los extranjeros residentes constituye un eficaz incentivo para atraer capitales del exterior.

Lo que hoy es un paraíso fiscal fue arrebatado con trampas por la Corona británica a la española durante la Guerra de Sucesión (1701-1714). Entonces no había una guerra entre España y Gran Bretaña, sino un conflicto en el que intervenían varias potencias europeas para sentar en el trono de Madrid a un monarca afín a sus intereses. Mientras Francia apoyaba a Felipe de Anjou -quien se quedó con la corona como Felipe V-, Austria, Gran Bretaña, Holanda y Portugal, entre otros, respaldaban al pretendiente Carlos de Habsburgo.

Los ingleses aprovecharon ese enfrentamiento entre dos bandos en suelo español para apoderarse de la Roca y quedársela ellos, cuando era una plaza que habían atacado en nombre del austriaco Carlos de Habsburgo. De ahí las malas artes con las que iniciaron su soberanía en este enclave.

Han pasado tres siglos de aquello y nada indica que sea un problema con solución. Y tampoco parece que llamar colonia a esos seis kilómetros cuadrados suponga un avance.

Interpretaciones muy libres, conclusiones muy precipitadas

Este titular en la web de El Mundo es una interpretación muy libre de las palabras del papa Francisco en su reciente entrevista con Jordi Évole en el programa de La Sexta Salvados. En concreto, la referencia al presidente de la Generalitat de Catalunya, Quim Torra:

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El protagonismo de Torra es aún mayor en la edición impresa, con un titular que, por cuestiones de espacio, omite el nombre de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

La cuestión a debatir es si realmente el Pontífice defiende la posición en inmigración del president frente a la del presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez. Una conclusión que parece muy precipitada si nos atenemos a las palabras de Francisco, reproducidas por El Mundo explicando entre corchetes el contexto:

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Ahora, la pregunta es si Quim Torra se encuentra entre «las autoridades de Barcelona» citadas por el Santo Padre. El periódico ha considerado que sí, pero también podía haber interpretado que el Papa se refería a las autoridades municipales de la Ciudad Condal, entre las que no se encuentra Torra. Como presidente de la Generalitat, es autoridad de Catalunya, pero no de Barcelona.

De hecho, El Mundo añade en el párrafo siguiente al analizado algo que apoya la lectura que excluye al Molt Honorable de la frase del sucesor de San Pedro: «El pasado febrero, Ada Colau y otros ediles españoles, como Manuela Carmena, participaron en el Vaticano en un encuentro con el Papa, en el que también estuvo presente Óscar Camps, fundador y director de Open Arms».

Se podría creer que el Papa valora las supuestas políticas migratorias de Torra si hubiera mantenido con él una reunión al respecto, como hizo con Colau y otros representantes de municipios españoles. Pero no es el caso.

Estado de guerra

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Hoy se cumplen 80 años de este parte de guerra firmado por el general Franco, que daba por terminado el conflicto de 1936-1939.

En 1964, el dictador y su régimen celebraron por todo lo alto sus XXV años de paz, algo que choca frontalmente con la realidad. Si esa concordia hubiera sido real, no habría dejado 50.000 fusilados por los vencedores tras la contienda.

Quienes a día de hoy todavía defienden a Franco y esa supuesta paz que trajo, deberían preguntarse por qué su gobierno mantuvo el estado de guerra vigente hasta 1948, nueve años después de la derrota republicana.

Un día como este merece recordar a Agustín González y Gabino Diego en la última secuencia de Las bicicletas son para el verano, una de las mejores películas sobre la guerra de España. Tras haber pasado todo el conflicto en Madrid, un padre confiesa a su hijo su temor a ser detenido y le pide que sea valiente ante lo que pueda pasar:

– Y mamá que estaba tan contenta porque había llegado la paz -responde el hijo.
Es que no ha llegado la paz, Luis. Ha llegado la victoria.

P. D.: Entre las muchas lecturas recomendables sobre la Guerra Civil cabe destacar en esta fecha A sangre y fuego, de Manuel Chaves Nogales.

Paisajes ciclistas

Según el lugar y la meteorología, la bicicleta puede darte una de las mayores sensaciones de libertad. Y también una fuente continua de regalos para la vista.

Pasado este mediodía he salido de Ponferrada hacia la carretera que lleva a Peñalba de Santiago. No he llegado a completar los 20 kilómetros, unos cuantos de ellos cuesta arriba, que separan la capital del Bierzo de uno de los pueblos más bonitos de España. Pero, pese a ello, aquí quedan algunas imágenes por estos paisajes ciclistas.

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Puente de piedra sobre el río Oza, o Valdueza, en Valdefrancos, a unos 9 km de Ponferrada (foto: Manuel Vega).
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Paisaje unos kilómetros más arriba de San Clemente de Valdueza, en dirección a Peñalba (foto: Manuel Vega).
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La carretera hasta Peñalba sube por ahí delante… (foto: Manuel Vega).
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Esta instantánea no es de hoy, sino de anteayer, pero sí es un bello paisaje ciclista (foto: Manuel Vega).
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La imagen anterior es en este camino entre viñedos en San Lorenzo, junto a Ponferrada (foto: Manuel Vega).

 

Süddeutsche Zeitung se inventa palabras y ElNacional.cat le copia

Josep Borrell perdió los papeles amenazando con cortar una entrevista con una televisión alemana por estar incómodo con las preguntas que le formulaban. Con su conducta dañó su propia imagen y la del Gobierno al que representa. Pero la entrada de hoy está relacionada con una fea práctica periodística que, basándose en esa noticia, ha efectuado un medio y otro le ha copiado.

Desde ayer, en ElNacional.cat mantiene publicado en su web un artículo que reproduce una situación que se ha inventado el diario alemán Süddeutsche Zeitung:

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Si el redactor del Süddeutsche ha visto la entrevista a Borrell en Deutsche Welle, debería tener claro que el único «70%» que se menciona en la conversación es el de esta pregunta del periodista Tim Sebastian (minuto 10:25 del vídeo): «70 per cent of Spaniards want constitutional reform according to the Center for Sociological Research (El 70% de los españoles quieren reformar la Constitución, según el CIS). Estas palabras no tienen nada que ver con lo que el periódico germano ha publicado ni, por lo tanto, con lo que ElNacional.cat le ha copiado tal cual.

El digital catalán no puede justificarse en que plasma lo que publica el Süddeutsche Zeitung, pues tiene obligación de comprobar si ello es cierto. Y, visto lo visto, no lo ha hecho.

La frontera de Irlanda del Norte y el despropósito del Brexit

«Ni siquiera creo que se olvidaran de nosotros. Es que la mayoría no saben nada de nosotros… No es que se olvidaran, es que ni estábamos en su cabeza». Con este testimonio de un norirlandés contrario a la salida del Reino Unido de la Unión Europea comienza La frontera del Brexit, reportaje del programa En portada emitido ayer en La 2 de TVE.

El despropósito del abandono de la UE por parte de los británicos queda retratado en este programa, que recorre numerosos puntos del límite entre el Ulster y la República de Irlanda recogiendo declaraciones de los lugareños. Casi todos los entrevistados muestran su inquietud ante la prácticamente segura posibilidad de que una frontera pura y dura vuelva a dividir la isla.

El reportaje deja varios datos a subrayar. Si en el conjunto del Reino Unido el voto favorable al Brexit fue del 51,9% frente al 48,1% de defensores de la permanencia en la UE, en Irlanda del Norte ganó con claridad el sí a Europa, con un 55,8% sobre el 44,1% de brexiteers. También destaca que en los feudos católicos fue mucho más clara la apuesta por la UE (78,3% en Derry) y que en los protestantes ocurrió justo lo contrario (62,7% pro abandono de la Unión en Ballymena). Y hay otros apuntes de interés, como que todos dan por hecho que, en caso de aplicarse de nuevo aranceles en la frontera norirlandesa, volverá el contrabando. No en vano «todas las generaciones se han rebelado contra la frontera», como apunta otro testimonio.

Entre los norirlandeses que votaron Brexit hay declaraciones que muestran su escasa conciencia de la realidad. Como uno que afirma que volvería a votar lo mismo, pero que no quiere frontera. O el que proclamó: «El Reino Unido sobrevivirá fuera de la UE. ¿Cómo? No lo sabemos».

En una reciente entrevista en el programa Gente despierta, de RNE, el periodista británico John Carlin, opuesto al Brexit, denuncia la «colosal mentira» en la que basaron su campaña los defensores de la ruptura con Europa: «Es como si tú y yo estamos casados y yo te pido el divorcio. Tú no quieres el divorcio, pero yo sí. Pero yo voy a tener acceso a la casa, derechos conyugales cuando se me antojen, pagar lo mínimo para la manutención… Básicamente yo quiero divorciarme, pero voy a mantener todos los privilegios». Como el propio Carlin apunta a continuación, «esto no es factible en el mundo real. No existe».

La huida de Borrell de una TV alemana y la RTVE de «la purga»

-Periodista: ¿Por qué no están interesados en reformar la Constitución?
-Ministro: ¿Quién está planteando reformarla?
-P.: El 70% de los españoles quieren reformar la Constitución según el CIS.
-M.: Paren. Están mintiendo continuamente.
(…)
-M.: Paren la grabación.
-P.: ¿Por qué?
-M.: Fin. No quiero seguir.
-P.: ¿Por qué?
(Las imágenes no lo muestran pero el ministro hace amago de irse, aunque permanece en su silla tras conversar con sus asesores).
-M.: La próxima vez le agradecería que hiciese sus preguntas mejor.
-P.: No estoy aquí para hacer las preguntas que usted quiera, ministro.

El periodista es el británico Tim Sebastian, presentador del programa Conflict Zone, retransmitido en la emisión en inglés de la televisión alemana Deutsche Welle; el ministro es Josep Borrell, titular de Asuntos Exteriores del Gobierno de España.

El tenso diálogo entre ambos, a cuento de la situación en Cataluña y sus posibles salidas, ha sido difundido en Los desayunos de TVE, espacio conducido por Xabier Fortes. Y se ha hecho en dos ocasiones en menos de una hora: primero, para informar de este patinazo de Borrell –su imagen, y por ende, la del Gobierno de Pedro Sánchez, queda por los suelos al ser incapaz de rebatir el argumento del entrevistador– y después, para preguntar por este incidente a la vicepresidenta del Ejecutivo, Carmen Calvo, invitada esta mañana al plató de Los desayunos.

Desde el cambio en la dirección de RTVE, derivado del cambio de Gobierno, en cabeceras de la derecha mediática se está hablando continuamente de «purga» en los informativos del ente público para favorecer al Gabinete presidido por Sánchez. La afirmación de estos medios es difícil de sostener, más teniendo en cuenta que noticias ampliamente difundidas -y cuando ocurren, no días después– en los telediarios de la pública han causado más de un quebradero de cabeza al Ejecutivo. Algo que no ocurría con la anterior dirección de informativos.

Cabría preguntarse si quienes hablan de sumisión de la televisión pública al Gobierno de Sánchez dirán ahora que la intención de TVE es dejar mal a España, que todo es posible cuando faltan escrúpulos.

Josep Borrell pudo hacer frente perfectamente a la pregunta sobre la reforma constitucional. Para el argumento del 70% de españoles favorables a la modificación de la Carta Magna tenía una respuesta que no se le ocurrió: la reforma exige una mayoría muy cualificada en el Parlamento y, por ahora, PP y Ciudadanos son reacios a enmendar la Constitución en cuestiones como la territorial, y tampoco lo desea un amplio sector del PSOE. De los partidos de ámbito nacional con representación parlamentaria, sólo Podemos apoya un cambio sustancial de la norma suprema. Al ministro de Exteriores le habría ido mejor exponer un razonamiento así en lugar de enfurecerse y amenazar con irse.

Por su interés, se incluye aquí un vídeo difundido por Crónica Global de El Español que incluye momentos previos a la trifulca. En un principio, Borrell se defiende bien, señalando que los partidos independentistas catalanes debieron acudir al Congreso para defender «una reforma constitucional» [que incluyera el derecho de autodeterminación], «como hicieron los vascos». Es justo después cuando pierde los papeles.

Palabros y ‘expresionos’

-No vamos a procrastinar nuestra mudanza a ese barrio donde la gente siempre va a hacerse selfies desde su gentrificación. Sobre todo, donde estaba la casa que colapsó en la plaza. Fue reconvertida en museo gracias a la resiliencia de los vecinos, que protestaron ante el Ayuntamiento porque les penalizaba la mala imagen de los escombros en la calle. Su empoderamiento, como no podía ser de otra manera, fue el mayor zasca a las palabras del alcalde, que era borde no, lo siguiente. Decía en bucle que no se construiría un nuevo edificio, y el vídeo con las críticas a sus declaraciones se hizo viral. Eso fue lo que le hizo rectificar. Y lo sabes. De nada.

Traducción: No vamos a aplazar nuestra mudanza a ese barrio. Desde que lo reformaron, siempre hay gente haciéndose fotos allí. Sobre todo, donde estaba la casa que se derrumbó en la plaza. Fue reconvertida en museo gracias a la resistencia de los vecinos, que protestaron ante el Ayuntamiento porque les perjudicaba la mala imagen de los escombros en la calle. Su unión, como era de esperar, hizo su fuerza y dejó sin argumentos al alcalde, que era un auténtico borde. No paraba de repetir que no se construiría un nuevo edificio. La difusión masiva del vídeo con las críticas a sus declaraciones fue lo que le hizo rectificar [Fin de la cita].

El Black Friday, el Blue Monday y otras sandeces, vengan de países angloparlantes, como estas dos, o de ocurrencias locales, como varias de las incluidas en el primer párrafo, recibirán su crítica cuando corresponda. Guerra total a los palabros y ‘expresionos’.

 

La conquista de México, los titulares de prensa y el perdón

La conquista de México la hicieron los mexicanos y la independencia, los españoles. Este proverbio, más o menos extendido en el país al que alude, explica de forma razonable dos de los episodios más célebres de la Historia de México. La conquista del Imperio azteca emprendida hace cinco siglos por Hernán Cortés y sus soldados jamás habría sido posible sin su alianza con pueblos indígenas como los tlaxcaltecas, enemigos de los primeros. En cuanto a la independencia, sus líderes fueron hombres como Miguel Hidalgo y José María Morelos, quienes no eran descendientes de Moctezuma, sino de españoles iguales a los que combatían en su lucha para emanciparse de la metrópoli.

Desde ayer, tanto en la prensa española como en la mexicana se está dando una amplia difusión a unas palabras del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien reclamó, en una carta al Rey de España, disculpas por los abusos de la conquista, como muestra este titular de la portada impresa de El País:

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López Obrador anunció el envío de una carta a Felipe VI y otra al papa Francisco, -«la llamada conquista se hizo con la espada y la cruz», recordó-. Pero el mandatario mexicano también reconoció que el país que dirige cometió igualmente crímenes contra los nativos americanos -o pueblos originarios, si se prefiere llamarlos así- desde que alcanzó la independencia. Y como presidente va a pedir perdón por ello. Sin embargo, en los titulares no se hace la menor referencia a este mensaje (ver vídeo), que tiene tanta importancia como las reclamaciones planteadas a España y el Vaticano.

AMLO está dispuesto a que el Gobierno federal mexicano asuma su parte de responsabilidad en los abusos a los pueblos indígenas. Por el contrario, el Ejecutivo español rechaza que haya que disculparse ante nadie.

Que un país pida perdón por hechos ocurridos siglos atrás es un asunto complicado de determinar. ¿Quiénes tienen derecho a exigírselo?

López Obrador reclama que el Rey de España se disculpe con los pueblos originarios de México. ¿Y qué hay de los abusos de la monarquía española dentro de su propio territorio? Por ejemplo, ¿no tienen derecho los descendientes de los agraviados hace doscientos años a una reparación? Hay muchos casos de persecuciones injustas en la historia de la mayoría de países. En lo que atañe a España, podría valer la represión a los liberales perpetrada bajo el reinado de Fernando VII, antepasado del actual soberano. ¿Debe el Estado identificar a los descendientes de los represaliados y suplicarles perdón? De llevarse a cabo una revisión a fondo del pasado, no habría días suficientes en el calendario para postrarse ante los herederos de los ultrajados.

Y esto vale no sólo para España, sino para cualquier nación con una larga historia: Francia, Gran Bretaña, Rusia, Portugal, Alemania y un larguísimo etcétera. Historias que, por supuesto, no se limitan a sus fronteras, sino que también están repletas de invasiones y conquistas. Y no olvidemos a Estados Unidos, responsable del exterminio masivo de pieles rojas

Es difícil encontrar un país libre de un pasado del que arrepentirse. Y más si se observa con ojos del siglo XXI.