Encerrados entre alturas

Los paisajes de Bosnia-Herzegovina son bellos en cualquier época del año. Si hay algo que los caracteriza por encima de todo es la ausencia total de llanuras. Todo es escarpado en este rincón de los Balcanes.

El río Drina recorre de sur a norte buena parte del país y atraviesa ciudades como Gorazde -donde nos alojaremos hasta mañana- y Foča -que hemos visitado esta tarde-. En ambas poblaciones se tiene una sensación parecida, y es la de estar encerrados entre alturas.

Hay que destacar que estas ciudades no están a demasiada altitud sobre el nivel del mar -su elevación no supera los 400 metros-, pero las colinas que las dominan tienen tal desnivel que contribuyen a esa sensación de aislamiento.

Hoy hemos visitado uno de los cerros desde los cuales los soldados serbobosnios disparaban contra la ratonera en la que habían convertido Gorazde durante la Guerra de Bosnia. Algunos tanques y piezas de artillería siguen allí, como recuerdo de lo que pasó y no debe volver a ocurrir jamás.

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Ponferrada dentro de Bosnia

El periplo por Bosnia continúa este fin de semana. De Sarajevo nos hemos desplazado a Gorazde, una de las ciudades que más sufrieron los horrores de la guerra que asoló el país entre 1992 y 1995. En buena parte estamos siguiendo las huellas del periodista y dibujante Joe Sacco, testigo de los últimos compases de aquel conflicto en la antigua Yugoslavia. El historietista dio fe de lo que presenció -y de los testimonios que escuchó- por medio de la novela gráfica Gorazde, zona segura.

Paseando por el centro urbano he visto algo que jamás podría haber imaginado: el nombre de mi ciudad natal, Ponferrada, en la fachada de un edificio.

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Siempre es motivo de alegría ver el nombre de tu ciudad natal a miles de kilómetros de ella (fotos: Manuel Vega).

Es así cómo he tenido noticia de que el Ayuntamiento de Ponferrada colaboró en la restauración y rehabilitación de un colegio en este rincón de los Balcanes. Para un amante de estas tierras es un honor que en plena Bosnia luzca su nombre la capital del Bierzo, y más que lo haga por una causa tan noble como el derecho a la educación.

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Fachada del colegio ‘Husein Ef. Dozo’ de Gorazde, en cuya rehabilitación colaboró el Ayuntamiento de Ponferrada.

Literatura de Sarajevo

La jornada de ayer en la capital de Bosnia-Herzegovina ha girado en torno a la literatura y, en particular, sobre el libro Londres-Sarajevo (Volapük Ediciones), del escritor madrileño Isaak Begoña. La escuela de fotografía Gpress ha presentado junto con el autor esta obra con el apoyo del Centro de Estudios Hispánicos de la ciudad y de la Embajada de España.

A continuación, algunas imágenes del corazón de Sarajevo y de la presentación del libro.

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En el centro de la imagen, la fuente de Sebilj, uno de los símbolos de Sarajevo (fotos: Manuel Vega).
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Vistas de una calle próxima al centro de la capital bosnia.
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‘Londres-Sarajevo’, de Isaak Begoña, ha sido editado por Volapük Ediciones.
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Isaak Begoña, con la presentadora del acto, Isabel Torres, de GPress.
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Entre los asistentes al acto, el embajador de España en Bosnia, José María Valdemoro (centro).
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Tras la charla, el autor firmó el libro a varios de los presentes.

 

Buenas noches, Sarajevo

Este texto debió ser publicado ayer pero cuestiones logísticas lo impidieron. Pero más vale tarde que nunca y demos esas buenas noches a Sarajevo aunque ya hace unas cuantas horas que es de día.

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El título de esta entrada es un homenaje a Good Night Sarajevo, excelente documental de Edu Marín y Olivier Algora sobre la historia del periodista Boban Minic, locutor de Radio Sarajevo durante el largo asedio que sufrió la ciudad en la Guerra de Bosnia. Un hombre que defendió esta urbe y sus gentes con su única arma: la palabra.

Mil setecientos kilómetros

Un grupo de periodistas salimos la noche de este martes de Madrid en una furgoneta en dirección a Sarajevo. La meta es llegar a la capital de Bosnia-Herzegovina mañana jueves por la tarde, lo que implica que en la primera jornada de viaje había que hacer muchos cientos de kilómetros. Dicho y hecho.

En concreto han sido 1.741, los que nos separaban de la agradable localidad de Monteforte d’Alpone, próxima a la ciudad de Verona. Desde aquí escribo estas líneas y muestro este par de fotografías, que dan fe de que el arte está presente en cualquier rincón de Italia, por pequeño y desconocido que sea.

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La entrevista a Sánchez en ‘Marca’, Twitter y el contexto

Esta mañana uno de los trendig topic de Twitter está derivado de la sorpresa que ha dado el diario deportivo Marca con su entrevista al presidente del Gobierno y candidato del PSOE en las próximas elecciones generales del 28 de abril, Pedro Sánchez. Su portada en papel muestra una fotografía a toda página del mandatario acompañada de estas palabras suyas: «Me ofende que Guardiola diga que España es un país autoritario».

El TT «Guardiola» no se ha hecho esperar y multitud de tuiteros de tal o cual tendencia política han empezado a reprochar a Sánchez esa declaración. Cada uno lo hace arrimando el ascua a su sardina, claro.

Vamos a enlazar algunos ejemplos muy variados. Como el de este perfil, que le afea que diga lo que dice del actual entrenador del Manchester City pero «no le ofende sacar adelante una moción de censura gracias a los separatistas, ni aprobar decretazos con el apoyo de Bildu”. O este, que protesta porque a Sánchez «no le ofende: la Ley Mordaza, las cloacas, los heridos del 1-O, los presos políticos, los chavales de Altsasu, los raperos perseguidos y condenados. Le ofende que Guardiola se lo recuerde». O este otro usuario, que considera que «lo de impedir la investigación de las cloacas del Estado o los escándalos de Juan Carlos I, un rey al que muchos consideramos un delincuente, no parece que le afecte mucho» al presidente.

Si se lee la entrevista en la web de Marca, se observará que, como medio deportivo, todas las preguntas están relacionadas con el deporte. Incluida la de Guardiola, claro, que es un deportista. Pero en la era de las redes sociales mirar más allá del titular es una práctica en peligro de extinción. De ahí que multitud de tuiteros saquen con tanta facilidad las cosas de contexto y le recriminen no hablar de los separatistas, Bildu, los heridos del 1-O, los «presos políticos» [sic], los raperos condenados, las cloacas del Estado y los escándalos del monarca emérito.

La crítica que se le puede hacer a Sánchez es dar prioridad a ser entrevistado por Marca en lugar de por periódicos de información general. O a su tendencia a escapar de las preguntas de los periodistas. Pero no se le puede poner en la picota por no hablar de lo que no le ha preguntado un diario deportivo.

La historia no ha hecho más que empezar, porque Marca anuncia en la presentación de su encuentro con Sánchez que publicará entrevistas con «los cinco candidatos», en referencia a los de PP, Podemos, Ciudadanos y Vox. Así que ya nos podemos ir haciendo una idea de las sacadas de contexto que nos esperan por parte de ni se sabe cuantos tuiteros en los próximos días.

Una lectura diferente sobre los 500 años de la vuelta al mundo

Esta entrada debería titularse Una lectura diferente sobre la polémica de la supuesta apropiación por parte de Portugal del quinto centenario de la primera vuelta al mundo, pero cuestiones de espacio lo impiden. De ahí que haya que economizar las palabras. Analicemos esa polémica.

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Este año se cumplen cinco siglos del inicio de una de las mayores hazañas en la historia de la navegación, si no la más grande de todas. En septiembre de 1519, una expedición liderada por el portugués al servicio de Castilla Fernando de Magallanes partía de Sanlúcar de Barrameda en busca de un paso por el sur del continente americano que permitiera llegar por esa ruta a las islas de las especias. Tres años más tarde, el único barco superviviente de la expedición, la nao Victoria, arribaba al mismo puerto gaditano tras haber completado por primera vez en la historia de la Humanidad la vuelta al globo terráqueo. Al mando de esa nave, un español, guipuzcoano de Guetaria: Juan Sebastián Elcano.

La manera en la que el Gobierno de España está celebrando los quinientos años de aquella proeza ha desatado críticas de algunos medios, como es el caso de Abc, diario al que corresponde el titular reproducido dos párrafos más arriba. El periódico recrimina al Ejecutivo que haya decidido compartir con Portugal los fastos de este quinto centenario. Tanto que incluso llegó a publicar una portada en la que informaba de que la Real Academia de la Historia certifica que la primera vuelta al mundo fue «exclusivamente española».

Está fuera de duda que la expedición fue española. Bajo el patrocinio del rey español Carlos I se llevó a cabo esta empresa. Sin embargo, parece exagerado ese «exclusivamente», teniendo en cuenta que entre los más de doscientos hombres que tripularon las cinco naves que se hicieron a la mar en Sanlúcar no sólo había españoles, sino también unos cuantos de distintas nacionalidades. Entre ellos, portugueses, pues Magallanes no era el único.

Historiadores como María Elvira Roca Barea han llegado a acusar al Gobierno de «vender barata» a España por aceptar compartir con los lusos los honores por esta gesta de la navegación. En un artículo en El Mundo, la experta afirma que «los portugueses no sólo no colaboraron en nada, sino que intentaron asesinar a Magallanes» y que «armaron barcos con el propósito de interceptar la flota de exploradores e impedir que aquel intento [navegar rodeando el planeta] fuera coronado por el éxito».

Está claro que la Corona del país vecino no colaboró en la llegada de la expedición a las Molucas, y menos aún en lo posterior. No en vano, los portugueses apresaron la Trinidad, la nave que salió de ese archipiélago con la intención de regresar a América haciendo el itinerario de regreso por el Pacífico.

Y es ahora cuando llega la lectura diferente de la polémica aludida en el titular y el primer párrafo. Regresemos a las Molucas. Ya sabemos el destino de la Trinidad. El otro barco superviviente, la Victoria, acometió la ruta opuesta. Elcano y sus hombres, con las bodegas cargadas de especias, emprendieron el camino de vuelta a España surcando el Índico, un océano dominado por los portugueses. Por ello, se cuidaron mucho de no tocar tierra y sólo se acercaron a un puerto cuando ya llevaban muchas leguas de singladura en el Atlántico. Fue en el archipiélago portugués de Cabo Verde, del que la Victoria pudo escapar y completar poco después en tierra española su circunnavegación del globo.

Si Portugal está buscando protagonismo en este quinto centenario, lo que está haciendo en realidad es pegarse un tiro en el pie, pues no podrá ocultar que un barco español navegó hábilmente por mares portugueses para conseguir volver a casa. Usando un símil futbolístico, Elcano y el resto de tripulantes de la Victoria le metieron un gol por toda la escuadra a Portugal.

Otras joyas liberadas de la M-30

La entrada de hoy es una especie de bonus track de la de ayer. Si en la víspera nos desplazamos de puente a puente, en esta jornada vamos a dejar algunas de las mejores paradas por el trazado de Madrid Río: el puente de Segovia, la ermita de la Virgen del Puerto y el obelisco de la Arganzuela.

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El puente de Segovia luce más gracias a estos estanques (fotos: Manuel Vega).
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La ermita de la Virgen del Puerto (siglo XVIII) se ubica en la orilla norte del Manzanares.
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El obelisco de la Arganzuela se construyó en el primer tercio del siglo XIX.

La historia de cada uno de estos monumentos se detallará en próximos posts. Cada cual tiene peculiaridades que lo merecen.

Paisajes ciclistas (II): del puente de Toledo al de San Fernando

A veces me pregunto qué cortocircuito mental hizo posible que una carretera de circunvalación construida en los años 70 atravesase los ojos de un magnífico puente del siglo XVIII. Aunque a lo largo de la historia de las afrentas al patrimonio arquitectónico se han perpetrado crímenes peores. Véanse los coches cruzando los arcos del acueducto de Segovia, por ejemplo.

Hoy ha tocado nueva ruta ciclista y la he iniciado en el puente de Toledo, próximo al centro de Madrid. Por fortuna, el soterramiento de la M-30 ha puesto fin al disparate de los vehículos a motor mancillando piedras históricas y ahora los ciudadanos que pasean o pedalean por Madrid Río pueden disfrutar de hermosas vistas.

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El puente de Toledo, del siglo XVIII, une ambas riberas del Manzanares (fotos: Manuel Vega).

Continuando el anillo ciclista se puede acceder a la Casa de Campo, y desde allí, a otro puente de la misma época, pero mucho menos conocido. Me gustaría saber cuántos vecinos de la capital tienen noticia del puente de San Fernando. Oculto en un lugar pegado a la autovía A-6 y al Hipódromo de la Zarzuela, se caracteriza por sus estatuas de Fernando III el Santo y Santa Bárbara, ubicadas frente a frente.

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El puente de San Fernando es una agradable sorpresa en el anillo ciclista de Madrid.

Conocí este puente hace cuatro años, cuando recorría el anillo ciclista que rodea Madrid. Es cierto que está en un lugar alejado del centro y poco transitado, pero quizá las autoridades en materia de Cultura debieran hacer algo más por divulgar este pequeño tesoro de la villa y corte.

 

Esclavos en el desierto

Una construcción. Mano de obra esclava. Presos republicanos. No, no estamos hablando de un pantano, ni del Valle de los Caídos. Es una vía férrea en pleno Sáhara.

Cuatro tumbas de españoles en el corazón del desierto. No hay una lápida que recuerde sus nombres. Pero los tenían: Álvarez, Moreno, Pozas y otro Álvarez. Ellos, y los compañeros con los que compartieron un cruel destino, son el origen de Cautivos en la arena, una producción propia de TVE , dirigida en 2006 por Joan Sella y Miguel Mellado y emitida en La 2 esta semana dentro de la programación por los 80 años del fin de la Guerra Civil.

Para encontrar la explicación a que aquellos hombres dieran con sus huesos en la inmensidad del Sáhara hay que viajar hasta el Alicante de 1939. En marzo de ese año, la contienda entre españoles daba sus últimos coletazos. En el puerto de la ciudad, miles de personas se agolpaban en los muelles anhelando subir a algún barco que les permitiera huir de las previsibles represalias de los vencedores. Es allí donde empieza la historia del Stanbrook.

Aquel carguero británico, de 70 metros de eslora, fue la escapatoria para las 3.028 personas que lo atestaron transformándolo en «una gigantesca patera». Así lo describe con acierto el narrador de Cautivos en la arena, que recoge emocionantes y desgarradores testimonios de primera mano.

Una anciana, entonces una niña, recuerda cómo el capitán agarraba la mano a varias personas para ayudarlas a subir al buque. Su nombre era Archibald Dickson y «su corazón se ensanchaba» a medida que veía grupos de gente suplicando subir al barco, como destaca otro testimonio. El capitán falleció varios meses después, cuando un submarino de la Alemania nazi torpedeó el Stanbrook en el mar del Norte.

Con una carga mucho mayor que la que podía soportar, el navío puso proa a Orán, en la Argelia francesa. Atrás quedaron los que no pudieron escapar de la «ratonera». «Aquello de puerto tenía poco», relata otro superviviente. La desesperación de quienes se quedaron en tierra llevó a muchos a dispararse un tiro en la cabeza. Fueron tantos los suicidios que alguien proclamó: «Dos días más y el fascismo no tendrá nada que hacer, porque nos habremos matado todos».

La huida del Stanbrook no supuso la libertad para sus miles de pasajeros. Una vez en la orilla sur del Mediterráneo, las autoridades coloniales francesas les pusieron dos etiquetas: inmigrantes y rojos. El trato inhumano quedó reflejado nada más amarrar en Orán. Las mujeres fueron trasladadas a una antigua cárcel; los hombres, unos 1.500, obligados a permanecer en el buque sin salir durante un mes.

Varias mujeres mayores, niñas cuando ocurrieron los hechos, rememoran el hambre que pasaron una vez obtenida la libertad, con una dieta basada en «pan y plátanos». Lo que los menguados bolsillos de las familias podían permitirse.

Pero, para muchos hombres, el infierno no había hecho más que empezar. La Francia que los maltrataba iba a dejar paso a otra peor: la del mariscal Petain.

El nuevo régimen francés, surgido de la ocupación nazi del país, retomó un proyecto megalómano abandonado dos décadas atrás. Un ferrocarril que uniera el Mediterráneo con el río Níger, atravesando las ardientes arenas del Sáhara.

Trabajando como esclavos, con el desierto como cárcel y a 50 grados de temperatura, los españoles emprendieron la construcción del Transahariano. Varios perdieron la vida en aquella caldera del averno, donde se metían piedras en la boca «para amortiguar la sed» y recibían como alimento «agua con lentejas y piedras, todo revuelto», como detallan varios supervivientes, entre ellos Ignacio López Maroto.

El campo de Hadjerat M’Guil era la peor de las extensiones del infierno. Fue allí donde perecieron los cuatro españoles enterrados en ese rincón del Sáhara. «Nadie saldrá vivo de aquí», les había dicho el teniente Santucci, el despiadado comandante del puesto. Así lo recuerda Juan Alcaraz, uno de los supervivientes.

El cambio del curso de la II Guerra Mundial fue lo que salvó a los supervivientes. El desembarco de los norteamericanos en Argelia, aparte de liberarlos, supuso que muchos de aquellos esclavos lucharan por la liberación de Francia, el país que tan mal los había acogido cinco años antes. Integrados en la 9ª Compañía, La Nueve, fueron los primeros en entrar en París.

Helia González, una niña del Stanbrook, denuncia la falta de reconocimiento y la «condescendencia» con la que se ha tratado a quienes sufrieron aquel cruel exilio. «Se nos acepta, se nos perdona», critica.

Cayetano Zaplana, superviviente de los esclavos del Sáhara, reclama luchar por la memoria: «Lo peor que puede hacer un colectivo es olvidar la historia. La historia es la escuela más grande que se tiene». Los raíles abandonados en el desierto son el último vestigio de aquella infamia.