Ansu Fati y las nacionalizaciones precipitadas de futbolistas

Al titular le falta el adjetivo «jóvenes» para completar el nombre «futbolistas», pero no vamos a ponerle otra línea y descuadrarlo. La idea a transmitir es que convocar para la selección española a jóvenes prometedores para evitar que puedan hacerlo equipos de otros países con los que tienen vínculos suele resultar contraproducente. Tanto para el combinado nacional como -especialmente- para el propio jugador, que más pronto que tarde desaparecerá de las convocatorias y, encima, se habrá cerrado la puerta a ser internacional con otro país.

Una de las sensaciones del arranque de la Liga 2019-2020 es el canterano del FC Barcelona Ansu Fati, un chaval de 16 años cuya calidad le está dando muchos minutos en el once de Ernesto Valverde. A este jugador, nacido en Guinea-Bissau, se le acaba de conceder la nacionalidad española por carta de naturaleza, de manera que podrá defender la camiseta de España en el próximo Mundial sub-17.

En las dos últimas décadas ha habido varios casos de jóvenes, incluso adolescentes, con doble nacionalidad a los que el seleccionador de turno ha llamado con el único fin de evitar que el equipo del país de origen de uno de sus progenitores haga lo propio. La normativa vigente impide que un futbolista juegue con una selección si ya lo ha hecho antes con otra, de ahí las prisas para evitar que otros se lleven las perlas de la cantera patria.

Entre los internacionales preventivos con España destaca el caso de Bojan Krkic. Nacido en Linyola (Lleida) en 1990, de padre serbio y madre española, este canterano del Barça despuntó cuando en la temporada 2007-2008 Frank Rijkaard lo subió al primer equipo. Sus actuaciones despertaron la atención del entonces seleccionador nacional, Luis Aragonés, que lo convocó para un encuentro amistoso contra Francia en febrero de 2008. Sin embargo, el hispano-serbio no llegó a debutar en esa ocasión por una gastroenteritis que se achacó a los nervios previos al debut.

El técnico español quiso convocarlo para la Eurocopa de ese año, que finamente ganaría La Roja. Sin embargo, Bojan declinó acudir a la cita por problemas de «ansiedad», como reveló en una entrevista años después. Finalmente, con 18 años ya cumplidos, Vicente del Bosque, sustituto de Luis tras el éxito europeo, hizo debutar al delantero el 10 de septiembre de 2008 en un España-Armenia de clasificación para el Mundial 2010. Fue la primera y la última vez que se vistió de corto con la selección.

El resto de la carrera de Bojan ya se conoce y no es lo que se esperaba de él. Suplente habitual en el Barça de Pep Guardiola, que logró el sextete en 2009, el hispano-serbio no logró afianzarse en el equipo y en 2011 fue traspasado a la Roma. Desde entonces, ha ido vagando de club en club sin encontrar su sitio. Tras pasar por Milan, Ajax, Stoke City y Alavés, el futbolista milita a día de hoy en el Montreal Impact canadiense.

Otro caso similar es el del también canterano del Barcelona Munir. De origen marroquí, nació en El Escorial en 1995. Munir brilló en las primeras jornadas de la temporada 2014-2015 en el Barça de Luis Enrique. Tanto que Del Bosque se apresuró a convocarlo y lo mandó al terreno de juego en un encuentro contra Macedonia de las eliminatorias hacia la Eurocopa 2016. Entró en la segunda parte y sólo disputó 13 minutos. Al igual que Bojan, los primeros y últimos con España.

La carrera del atacante hispano-marroquí ha dado menos tumbos que la de Bojan -salió del Barça, estuvo cedido en el Valencia y ahora milita en el Sevilla- pero, al ver que ya no cuenta en la selección española, ha optado por intentar que la FIFA le permita jugar con Marruecos, lo que no ha conseguido.

No obstante, el caso más contundente de cómo puede cambiarle la vida a una joven promesa la temprana convocatoria por la selección es el de Thomas Christiansen. De padre danés y madre española, nació en el país de su progenitor en 1973. El suyo es otra muestra de talento prematuro en La Masía. Y nunca mejor dicho, porque fue convocado en 1993 por el entonces técnico español, Javier Clemente, cuando jugaba en el Barcelona B. De hecho, este delantero nunca llegó a debutar con el primer equipo del Barça de Johan Cruyff, pero sí lo hizo con la selección absoluta. Ocurrió en dos ocasiones: en un amistoso frente a México y en un duelo de clasificación para el Mundial de 1994 frente a Lituania, en el que incluso marcó un gol. A partir de entonces, no volvió a ser internacional.

La falta de oportunidades en el Barça lo llevó cedido a Sporting, Osasuna y Racing. Finalmente, tras desvincularse del club azulgrana, fichó por el Oviedo, donde, como en los anteriores, tampoco cuajó. Su carrera parecía hundida, pero después de intentarlo en otros equipos españoles de Primera y Segunda División con igual pena y la misma inexistente gloria, probó suerte en distintas ligas extranjeras. Finalmente, el VfL Bochum alemán confió en él y llegó incluso a ser máximo goleador de la Bundesliga en la temporada 2002-2003.

Las expectativas creadas por el talento precoz de jóvenes futbolistas con doble nacionalidad crea en ellos una presión difícil de soportar, que acaba destrozando sus carreras -caso de Bojan- o reduciéndolos a jugadores de medio pelo -ejemplo de Munir-. O dejándolos fuera de juego durante unas cuantas temporadas, como a Christiansen, aunque finalmente pudo remontar el vuelo. Pero la losa de no poder volver a ser internacional siguió pesando sobre él. Qué menos que un pichichi de la liga alemana tenga la oportunidad de jugar un Mundial o una Eurocopa. Si España no contaba con él, quizá lo hubiera querido Dinamarca de haber estado autorizada.

La FIFA debería establecer algún mecanismo para evitar esa lucha preventiva entre países por los jóvenes valores del fútbol. Sería más justo y eficaz flexibilizar las normas y permitir que un futbolista convocado por un combinado nacional pueda ser seleccionable por otro en determinadas circunstancias.

España pudo contar en la Eurocopa 2008 con Marcos Senna -que completó una gran actuación- porque nunca había jugado un partido oficial con su país de origen, Brasil. Lo mismo ocurre con Diego Costa, que ha estado con La Roja en los Mundiales de 2014 y 2018 -en este hizo tres goles-.

Como sugerencia, podría ampliarse el margen para que la FIFA delimite hasta cuándo un jugador podrá cambiar de selección. Si ahora está en el hecho de que dispute un solo partido oficial -o unos minutos, como le ha pasado a Bojan y a Munir-, se podría establecer un límite más amplio, consistente en que se permita cambiar de chaqueta, en lenguaje demasiado coloquial, a todos aquellos que no hayan disputado con una selección determinada la fase final de alguna competición internacional absoluta. Es decir, Mundial, Eurocopa, Copa América o cualquier torneo continental. Pero que no se cierre de forma definitiva la puerta de otro equipo nacional a un joven, o a un veterano, que sólo haya disputado un partido contra Islas Feroe -o incluso contra Italia- valedero para equis campeonato oficial.

Como conclusión, viene como anillo al dedo recordar que Ferenc Puskas fue subcampeón del Mundo con Hungría en Suiza 54, pero ocho años después vistió la camiseta de España en Chile 62. Y que Luis Monti perdió jugando para Argentina la final de Uruguay 30, pero en 1934 fue campeón como local con Italia. No es que haya que volver a eso, pero se puede alcanzar una solución intermedia. Ansu Fati seguramente lo agradecería.

No había valla en Melilla cuando llegó la madre de Iñaki Williams

La semana pasada tuvieron repercusión en varios medios unas declaraciones del futbolista del Athletic de Bilbao Iñaki Williams en el programa radiofónico El Larguero. El delantero, español de padres ghaneses, relató a preguntas del periodista que sus progenitores llegaron a España por Melilla tras haber atravesado el desierto del Sáhara en su camino desde su país de origen.

El jugador subrayó que su madre había llegado a Melilla embarazada de él y que saltó la valla que rodea la ciudad. Esta afirmación ya la había hecho unos meses antes, el pasado mayo, en el programa La Resistencia, de Movistar+, que presenta David Broncano. Por eso el conductor de El Larguero trajo a colación el tema.

Iñaki Williams nació en Bilbao en 1994. Siendo así, es imposible que sus padres saltaran la valla de Melilla, que no existía entonces, porque esa barrera empezó a instalarse en 1998.

De hecho, en la entrevista, al contar el futbolista el periplo de sus padres hasta la ciudad autónoma y destacar que «saltaron la valla», Broncano le respondió: «¿Había ya valla?». Y continuó: «Más pequeña que la de ahora», a lo que Williams replicó: «Sí, sí, joder, pa que la salte mi madre…».

No olvidemos que La Resistencia es un programa de humor y no tiene por qué ponerse a indagar sobre la exactitud de las declaraciones de sus entrevistados. Pero quienes sí tienen obligación de hacer comprobaciones son los medios dedicados a la información. Por ello, no es aceptable que en webs como las de La Vanguardia y El Diario se hayan limitado a reproducir las declaraciones del delantero del Athletic, en busca del titular llamativo, y sin aclarar que esa valla no existía cuando los padres del futbolista llegaron a Melilla.

En su sección Desalambre, El Diario publica artículos relacionados con la defensa de los Derechos Humanos. Es ahí donde se incluye este texto, en cuyo segundo párrafo se señala bien claro que la valla de Melilla «comenzó a levantarse en 1998». Por lo tanto, este medio publica, y en la misma sección, dos informaciones contradictorias.

Nadie pone en duda las penalidades que tuvieron que sufrir los padres de Iñaki Williams en su camino hacia Melilla. Y a buen seguro que fue muy complicado para ellos entrar en la ciudad, aunque todavía no hubiera valla. Pero los diarios tienen el deber de poner las cosas en su contexto. Aunque ello implique rectificar a los protagonistas de la historia cuando así corresponda.

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La valla de Melilla, en una imagen captada el 9 de septiembre de 2019 (foto: Manuel Vega).

‘Descojoneterapia’: homenaje eterno a Rajadores del Fútbol

El artículo de hoy comienza con una petición de disculpas por el palabro y palabrota del titular, pero a ver cómo te conformas con un insulso risoterapia si lo que has hecho es descojonarte como nunca antes en tu vida ante tamaño derroche de humor creativo, gamberro y, encima, perfectamente redactado.

Este hilo en Twitter de la cuenta Rajadores del Fútbol es lo mejor que he leído en lo que va de 2019. Lo descubrí ayer y sí, ha sido mi mejor lectura de este año incluyendo todos los formatos que se nos ocurran: novela, ensayo, libro de memorias, noticias, crónicas, reportajes, mensajes de Facebook, whatsapps de tus amigos más piezas o lo que nos dé la gana. No uso sombrero, pero me lo he quitado igual. Sólo cabe descubrirse ante el genio o genios que está/están detrás de decenas de obras maestras como algunas de las que se reproducen a continuación. Y lo mejor de todo es que no hace falta conocer al protagonista de cada tuit -hay algunos de los que nunca había oído- para que te partas la caja torácica:

-«Dicen que desayuna ligamentos cruzados. Más tabiques destrozados que la cocaína. La muerte le tiene miedo. Con él no hubiésemos perdido Filipinas en 1898. Los carteles de peligro llevan su cara…» (sobre Javi Navarro, un defensa central con tal fama que Vinnie Jones y sus patibularios del Wimbledon bajarían la cabeza y aprenderían español sólo para tratarlo de usted).

-«Nació al rato de ocurrir el Big Bang. Intercalaba el fútbol con su papel de Frutero en la serie ‘7 vidas’. Realmente impactante verle jugar en este cromo. Tengo familiares por encima de los 90 años que parecen más jóvenes que él» (presentación del Tato Abadía, posiblemente el único futbolista de la historia que es más famoso que su club).

-«Este cabrón tenía clase, pero tiene pinta de que salía más noches que la Luna. Con diez cubatas por banda viento en popa a toda vela» (es que además rinden homenaje a los clásicos de la literatura universal para sacar a la palestra a los protagonistas, Antoñito en este caso).

Hasta ayer, había para mí una élite inalcanzable del humor: Los tuits de @norcoreano. Las noticias de El Mundo Today. La letra de Hombre despechado. Los subtítulos de Cachitos. Pérez-Reverte narrando cómo unos contrabandistas de La Línea, comandados por unos tales Seisdedos y Mediopeo, invadieron Gibraltar. Otro tal Ambrossini, que tras presenciar una caída masiva en la Vuelta a España, se subió a la bici de un corredor escoñao «por el cachondeo» («no quería robarle la bici, no soy carajote», aclaró). Varias anécdotas que Chechu Biriukov contó en su histórica entrevista con Jot Down. Ver cuatrocientas veces El gran Lebowski y seguir descuajaringándote de la risa como la primera. O un juicio por menudeo de droga que cubrí en Melilla, en el que un fumeta que declaraba como testigo le espetó a la juez: «Señoría -quizá dijo «señorita»-, no me interrumpa, que me va a pillar en la mentira».

Desde hoy, Rajadores del Fútbol los ha adelantado a todos. Por la izquierda, los ha doblado -como hacía Indurain en una contrarreloj larga- y luego los ha adelantado por la derecha. Las carcajadas que me han causado sus tuits triplican en decibelios a las risotadas que me despertaron todos los anteriores. Y esto es mucho afirmar cuando antes de conocer ese perfil proclamaba que si sólo estuviera autorizado para seguir a un usuario de Twitter, ese sería @norcoreano. Que el Gran Líder me perdone, pero le ha salido un duro adversario en la III Guerra Mundial del humor.

«Asegurarse la plata», una expresión de perdedores

Suena a tópico, pero está muy próximo a la realidad. España es un país de extremos. O mucho o poco. O todo o nada. En la prensa deportiva hay numerosos ejemplos: por un lado, gente que lo da todo por ganado antes de jugarlo; por otro, gente que en lugar de andar con pies de plomo, lleva un elefante encima de cada pie.

Los dos casos son igual de reprobables. Uno por exceso y otro por defecto. Hoy vamos a centrarnos en el segundo.

Cada vez que hay alguna competición, ya sea unos Juegos Olímpicos o cualquier otro campeonato en el que se reconozca con medallas a los tres primeros clasificados, es frecuente escuchar que tal equipo o tal deportista «se asegura la medalla de plata« cuando alcanza una final. Anoche, en la sección de Deportes del telediario de TVE, hubo otra muestra de ello.

Ayer, la selección española de baloncesto firmó uno de sus mejores partidos al derrotar a una complicada Australia (95-88) en las semifinales del Mundial que se celebra en China.  Los nuestros se enfrentarán en la final a Argentina, que venció a Francia en la otra semifinal.

En el telediario, Sergio Sauca destacó los éxitos del equipo nacional desde que Sergio Scariolo ejerce de seleccionador. El periodista subrayó que el técnico ha llevado a la ÑBA a ganar tres oros europeos (2009, 2011 y 2015) y un bronce (2017), así como una plata y un bronce olímpicos (2012 y 2016, respectivamente). En cuanto a sus participaciones en el Mundial, esta es la primera vez que el italiano conseguirá una medalla para España. Falta por saber de qué metal.

En la pantalla proyectada en el telediario con la imagen de Scariolo y sus medallas, en el apartado «Mundial» (minuto 42 de este vídeo) pone: «oro o plata». ¿Por qué no decir luchará por el oro? Es una expresión correcta, a la par que respetuosa con el rival y, lo más importante, refleja la verdad. Si se dice «oro o plata», se está dando la impresión de que las dos valen lo mismo, que lo importante es ganar una medalla, sea cual sea. Y cuando se está en condiciones de ser los campeones -España lo demostró ayer- no es ninguna vanidad decir que se aspira a serlo. Tanto España como Argentina -otra magnífica selección- lucharán por el oro.

Nunca hay que conformarse con menos cuando se puede hacer más. En un pasado no muy lejano, España se conformó con una plata en casa ante una Rusia que en modo alguno era superior a los españoles. Por ello, es lamentable que uno de los líderes de la ÑBA, José Manuel Calderón, afirmara poco después de la debacle en aquella final del Europeo 2007 que «cuando pasen los días, la medalla de plata del Eurobasket nos sabrá a gloria«.

Por fortuna, ahora la actitud del equipo español es otra: sólo con mentalidad ganadora se puede ganar los duros partidos que ha afrontado en el presente Mundobasket frente a rivales de la talla de Italia, Serbia y Australia. Mañana, los nuestros podrán ganar o perder, pero a buen seguro que van a luchar duro por lo primero. Asegurarse la plata es de perdedores.

A modo de posdata, una aclaración importante a Sergio Sauca: mientras informaba del rival de España en la final, subrayó que el pívot argentino Luis Scola (de 39 años) participó en la final del Mundial 2002, «que ganó Argentina» (minuto 45). Aquel Mundobasket de 2002 Argentina fue plata. El oro se lo llevó Yugoslavia.

Las lágrimas de mi padre por Blanca Fernández Ochoa

Mi padre amaba el esquí. Tanto que aprendió a esquiar de forma autodidacta, y cuando no había en el noroeste español la menor infraestructura para su práctica. «Yo empecé a esquiar con 29 años. Ya era muy mayor», me contó, siendo yo un niño. Con esa edad, se está en la flor de la vida, pero no para lo que a él le habría gustado: ser un profesional de ese deporte.

En 1949 Manolo Vega empezó a subir montes con esquís de madera a hombros. Al llegar a lo más alto, se los calzaba y comenzaba el descenso. Eran unos pocos minutos de placer después de una hora, o quizá varias, de escalada a pie. Pero si tu pasión es el esquí, valía mucho la pena el esfuerzo.

Mi padre se echó al monte con los esquís al hombro muchas veces. En Peña Trevinca, en Leitariegos, o donde fuera. Pero fue el Morredero lo que marcó su vida para siempre. Porque fue él -junto a un amigo cuyo nombre, lamentablemente, no recuerdo- quien descubrió que esas montañas tan próximas a Ponferrada, que en los inviernos de entonces quedaban cubiertas por abundante nieve, eran un lugar idóneo para levantar una estación invernal. Corría el año 1962, pero el sueño de llevar un telesquí a esos montes aún tardaría más de dos décadas en cumplirse.

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Manolo Vega Díaz, con los esquís al hombro, en el Morredero en 1962 (archivo Manolo Vega Díaz).

Si la pasión de mi padre era bajar esquiando una montaña, no lo era menos ver por la tele las competiciones más importantes. Pero sufría al ser tan pocos los españoles en la élite del esquí alpino. Sólo su admirado Paco Fernández Ochoa -a quien llegó a conocer en persona-, en los Juegos Olímpicos de Sapporo 1972, le había dado una gran alegría con su oro en eslalon.

En febrero de 1988, era una joven esquiadora la que reunía las condiciones para lograr algo grande. Blanca Fernández Ochoa estaba dispuesta a tomar el testigo de su hermano. Aquel año, la Olimpiada invernal se celebraba en Calgary, Canadá. Entonces, hacía unos pocos meses que mi padre se había jubilado, y estaba volcado en impulsar la Asociación de Amigos del Morredero, que presidía, y que tenía la meta de hacer realidad esa estación de esquí a poco más de 20 kilómetros de su ciudad natal.

La diferencia horaria con Calgary hizo que estuviéramos cenando mientras contemplábamos la sonrisa de Blanca después de haber marcado el mejor tiempo en la primera manga del eslalon gigante. Casi tenía el oro olímpico en su bolsillo. Pero, en la segunda manga, todo se torció. Y fue entonces, al observar a Blanca derrotada sobre la nieve, cuando vi llorar a mi padre.

Pasaron cuatro años y la de Cercedilla tuvo una nueva oportunidad olímpica. Esta vez en Albertville, en los Alpes franceses. En aquel invierno de 1992, mi padre estaba a punto de cumplir 72 años, pero aún se mantenía en forma -lo recuerdo yendo a esquiar a Sierra Nevada con varios compañeros de la asociación de esquí-.

Volvimos a ver juntos el descenso de Blanca. Esta vez no hubo lágrimas, y sí muchas sonrisas. No fue la campeona, pero sí obtuvo un meritorio bronce que supuso además la primera medalla olímpica para una mujer española.

El pasado miércoles, al tener noticia del hallazgo del cadáver de Blanca Fernández Ochoa en la Sierra de Guadarrama, fue inevitable recordar las lágrimas de mi padre por aquella caída en una pista de Calgary. Y el jueves sentí indignación al ver ciertas portadas de periódicos ávidos de carnaza, hablando de «dolorosas caídas sentimentales y económicas» de la fallecida o poniendo una foto indignante en primera plana y especulando sobre las causas de la muerte, en lugar de informar de la aparición del cuerpo de Blanca, que esa es la noticia que tenían que dar.

También pienso, mientras escribo estas líneas, en la tristeza que sentiría mi padre si viera cómo se van a desmantelar los remontes del Morredero. Pero espero que en las pistas de esquí del más allá esté echando carreras con Paco Fernández Ochoa. Unas carreras a las que Blanca Fernández Ochoa se unirá antes de tiempo. Descanse en paz.

El Tour en las portadas

Aunque me encanta el ciclismo, reconozco que no he conocido a Egan Bernal hasta hace unos pocos días, viendo las etapas alpinas del Tour de Francia. Ayer, este ciclista colombiano ganó La Grande Boucle, con lo que ha pasado a la historia como el primero de su país -y de América Latina- en coronarse en los Campos Elíseos y, a sus 22 años, como el corredor más joven en en proclamarse vencedor de la ronda gala en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial.

La victoria de Bernal ha tenido una repercusión muy diferente en las portadas de los periódicos según de qué país hablemos. En España, los diarios de ámbito nacional le han dado una difusión discreta. Sólo El Mundo y El Periódico le dedican una foto en sus respectivas portadas -no la principal-, mientras que La Vanguardia y El País le reservan unos sumarios en sus primeras páginas -bastante pequeño en el caso del periódico de Prisa-.

En cambio, sí ha tenido una presencia importante en prensa regional, como es el caso de El Diario Vasco o El Norte de Castilla, cuyas imágenes principales de primera página son las del ciclista colombiano.

El escaso peso en los periódicos españoles de tirada nacional de la gesta de Bernal contrasta con el protagonismo que le ha dado la prensa británica, con foto de portada en The Times, The Guardian y The Independent.

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Si cruzamos el Atlántico, aparte de la lógica trascendencia de la victoria del colombiano en los medios de su país de origen, sorprende no ver una sola mención en varias de las portadas de las principales cabeceras latinoamericanas, como es el caso del argentino Clarín, el peruano El Comercio o el mexicano El Universal.

Cada cual tiene sus prioridades a la hora de informar, pero el hecho de que la más grande prueba ciclista del mundo tenga como flamante vencedor a un hombre de sólo 22 años y procedente de un país que no contaba hasta ayer con ningún ganador de la carrera es una noticia lo suficientemente relevante para que se le haga un hueco considerable en portada. En Francia lo han tenido muy claro.

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Baloncesto yugoslavo (y serbio)

Hoy toca escribir un artículo totalmente subjetivo, pero con grandes dosis de objetividad, dado cuál es su protagonista: el baloncesto yugoslavo y, por extensión, el de su sucesor más aventajado, el serbio.

Belgrado es una de las capitales europeas del baloncesto, si no la capital. La cultura del deporte de la canasta se respira en el orgullo que sus ciudadanos sienten por glorias pasadas y presentes.

En mi primera visita a la capital de Serbia, he conocido a Maja y Marija, dos amigas nacidas a finales de la década de los 80, cuando todavía existía Yugoslavia y su selección de baloncesto empezaba a arrebatarle a la de la Unión Soviética la hegemonía continental. En un breve viaje en furgoneta desde Belgrado a la cercana localidad de Obrenovac, junto con nuestros amigos comunes Javier e Isabel, disfruté de una charla con ellas en la que salieron varios nombres de leyendas de este deporte.

Maja y Marija eran muy niñas cuando ellos triunfaban, en los 90, pero los recuerdan muy bien. Hablamos de mi admirado Aleksandar Djordjevic, el líder que cualquier equipo grande necesita. Y de otros compañeros con los que la selección yugoslava -que tras la desintegración del país en 1991 sólo estaba formada por serbios, principalmente, y montenegrinos- recobró el dominio del baloncesto europeo tras haber sido excluida entre 1992 y 1994 de las competiciones deportivas internacionales a causa de la guerra. Vlade Divac, Zarko Paspalj, Dejan Bodiroga, Predrag Danilovic o Zeljko Rebraca fueron otros de los jugadores que devolvieron a los plavi a lo más alto.

Aquellos baloncestistas sabían que eran los mejores de Europa, y se aplicaban en demostrarlo. Entre 1995 y 2002, Yugoslavia (Serbia + Montenegro) ganó  tres Eurobasket (1995, 1997 y 2001), una plata olímpica (1996) y dos Mundobasket (1998 y 2002). Fueron muchos los momentos que dejaron para la historia, pero yo me quedo por encima de todos con uno: la final contra la Lituania de Sabonis y Marciulonis en Atenas 95:

La conversación con Maja y Marija no se centró sólo en el baloncesto de antaño, sino también en la selección serbia de los últimos años, con Milos Teodosic, Nemanja Bjelica, Miroslav Raduljica -a quién Maja suele encontrar en una cafetería cercana a su casa en Belgrado-, Stefan Markovic o Nikola Kalinic como ejemplos de que la cantera balcánica no deja de producir talento y competitividad.

La casualidad quiso que mientras departíamos sobre momentos estelares del basket estuviéramos en la misma ciudad en la que se vivía otro: era el sábado pasado, cuando la Selección española derrotaba a la anfitriona Serbia en las semifinales del Eurobasket femenino. Un día después, las nuestras se coronaban campeonas tras vencer a Francia en la final. Una razón más para afirmar que la magia del baloncesto envuelve Belgrado.

Momentos estelares

Ayer recordé gracias a un interesante perfil de Facebook llamado Radiografía deportiva del ayer que en la fecha se cumplían once años del triunfo de la selección española de fútbol en la Eurocopa 2008. Aquí reproduzco todo lo que me inspiró evocar aquellos momentos tan bonitos para cualquier aficionado español que sepa valorar algo tan grande como lo que se consiguió entonces:

Momentos estelares de la humanidad, parafraseando a Stefan Zweig, que era austriaco y nacido en Viena, la misma ciudad donde la selección española tocó el cielo con la mano. Sí, ya sé que el fútbol es algo que muchos desprecian y/o detestan, pero los nuestros lo convirtieron en arte aquellos días de 2008. Han pasado once años, los mismos que jugadores tiene un equipo sobre el césped, pero parece que han transcurrido muchos más, porque la selección ya no es sombra de la que fue.

¿Volverá a serlo? Probablemente, pero quizá pasen décadas. Las suficientes para volver a juntar sobre el terreno de juego a futbolistas descomunales como Xavi, Casillas, Villa, Iniesta, Torres, Puyol, Ramos, Senna, Alonso, Cesc y tantos que había entonces o llegaron después para saludar al mundo ciñendo su corona. Y para tener al frente a hombres valientes capaces de comprender que el papel del seleccionador no es sólo elegir a los mejores, sino también convencer a los jugadores de que lo son. Las finales no se juegan, se ganan, les dijo Luis Aragonés, el sabio que hizo posible que todo empezara. Y que tuvo el mejor sucesor posible, Vicente del Bosque, que logró el más difícil todavía: mantener a la Roja en la cumbre respetando el legado de su predecesor.

No olvidemos nunca todo esto.

Feliciano López y las prioridades de los periódicos británicos

Me he enterado viendo el telediario de que Feliciano López ha ganado el torneo de dobles de Queen’s, con lo que el tenista español se ha proclamado campeón por partida doble de ese campeonato, al haber triunfado también en la competición individual. De ésta sí tuve noticia ayer; de la del doble, debí tenerla esta mañana al ver las portadas de la prensa internacional. Sin embargo, el periódico británico que miré, The Times, no hacía mención alguna al toledano.

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El diario londinense mostraba en portada al escocés Andy Murray, pareja de López en la competición de dobles. Es lógico, tratándose de un tenista británico que acaba de superar una complicada operación de cadera. Ese ejemplo de superación lo convierte en el principal protagonista. Pero no en el único. El responsable de la portada de The Times tenía obligación de informar de que Murray consiguió el título junto con Feli. Esto no significa que el español tuviera que aparecer en la foto, pero sí en el pie de foto.

Es obvio que la prensa de cada país tiene unas prioridades a la hora de informar. Pero es posible hacerlo de la forma más completa, algo que no se ha molestado en intentar el Times pero sí otro rotativo inglés, The Daily Telegraph.

Telegraph

«Sir Andy Murray celebró su retorno a la competición tras una complicada intervención quirúrgica con una victoria en dobles junto con Feliciano López ayer en Queen’s. La pareja, cuya edad conjunta es de 69 años, derrotó al británico Joe Salisbury y a Rajeev Ram en tres sets». Todo eso entra en el pie de foto de la portada del Telegraph, que en la imagen incluye al propio López de espaldas celebrando el éxito con su compañero. Y para hacerlo mejor todavía, informa de la veteranía de los campeones -Feliciano cumplirá en septiembre 38 años y Murray tiene 32- y de la identidad de los subcampeones.

Si comparamos lo publicado por el Telegraph con lo del Times («Rey de Queen’s: Andy Murray ganó ayer el título de dobles en Queen’s con un impresionante retorno tras una operación que amenazaba su carrera») queda aún más claro cuál de los dos ha hecho su trabajo.

Messi será el mejor de la historia cuando triunfe con Argentina

«Argentina no gana ni con Messi», decía ayer una presentadora del telediario. Se refería al tropiezo de la Albiceleste en la Copa América, un empate a un gol con la selección de Paraguay. Fiasco que venía precedido por la derrota frente a Colombia (0-2) en la primera jornada de este torneo de fútbol.

Pocos pueden dudar que el 10 del Barcelona y del combinado argentino es el mejor jugador de los últimos 15 años. Otros van mucho más lejos y lo han proclamado el mejor futbolista de la historia. Sin embargo, esta afirmación puede y debe ser discutida. Porque a Leo le falta una asignatura por aprobar para hacerse con la corona. Una prueba que se le ha atragantado durante toda su carrera.

No, el escollo que le queda por superar no es -al menos, no necesariamente- ganar un Mundial. Ni siquiera una Copa América. Pero sí lo es tirar de la selección argentina en partidos decisivos, algo que nunca se le ha visto hacer con su país, por mucho que su legión de admiradores se niegue a aceptarlo.

Cuando Messi viste de azulgrana, todos los elogios se quedan cortos ante su derroche de talento. Espectacular, imparable, monumental, extraterrestre… Pero cuando se enfunda la camiseta albiceleste, el Messías se vuelve absolutamente terrenal, tanto que nunca ha llegado a ser decisivo en ninguno de los torneos internacionales de selecciones que ha disputado.

Los amantes del fútbol de Messi culpan de su rendimiento menor con Argentina a la falta de calidad de sus compañeros. En lugar de buscar excusas, deberían observar la trayectoria de la Pulga con su equipo nacional y fijarse en los nombres que le han acompañado. Por ejemplo, el día que Leo fue más que nunca el hombre que pudo reinar: la final de Brasil 2014.

Argentina había llegado a la final de aquel Mundial con más pena que gloria. Encuadrada en un grupo de primera fase más que asequible, con Bosnia, Irán y Nigeria como rivales, ganó a todos ellos por la mínima. En octavos de final obtuvo un triunfo agónico en la prórroga ante Suiza, un conjunto que puede ser cualquier cosa menos temible, y en cuartos se deshizo de Bélgica, que entonces no era lo que es hoy. Y en semifinales se midió al fin a un adversario potente, Países Bajos, en un partido sin muchos argumentos por parte de ambos, que acabó con empate sin goles y victoria argentina en la tanda de penaltis.

Fue en la final contra la poderosa Alemania donde la Albiceleste dio su mejor versión… a pesar de Messi. El 10 no hizo un buen partido, pero muchos de sus compañeros sí, y en varias ocasiones pusieron contra las cuerdas a los germanos. No obstante, en la prórroga, la Mannschaft hizo el gol que apartó a los suramericanos de la gloria.

En aquel equipo argentino había futbolistas de la talla de Mascherano, Higuaín Agüero. No parece que Messi estuviera solo sobre el césped. Desde luego, quien vio la final del Mundial 2014 no puede decir que Argentina jugara mal. Lo que no se vio es que su capitán entrara mucho en juego. Al menos, no lo que se espera de un futbolista de sus condiciones.

Un líder no necesita a los demás. Son los demás los que lo necesitan a él. Messi ha demostrado cientos de veces en el Barça que sabe echarse el equipo a sus espaldas. Pero no se puede decir lo mismo cuando es su selección la que precisa su admirable calidad.

Los más grandes de la historia han sido determinantes tanto en sus clubes como con sus países. Lo fue el Pelé tricampeón del Mundo con Brasil. Y Cruyff, símbolo de la Naranja Mecánica neerlandesa, la subcampeona más bella en la historia de los mundiales.  También Puskas, Eusébio, Beckenbauer, Van Basten, Romario, Zidane, Xavi… Y, por supuesto, Diego Armando Maradona, cuyo extraordinario rendimiento con Argentina le permitía aparecer siempre cuando se le necesitaba.

Johan Cruyff decía que un verdadero líder es consciente de que sus compañeros cometerán errores. Messi no culpa a sus compañeros de selección, pero sí lo hacen periodistas y aficionados con pocas ganas de asumir que a la Pulga todavía le queda camino que recorrer para ser el mejor futbolista de la historia.