El duque de Edimburgo y las traducciones literales en exceso

El pasado viernes 9 fallecía Felipe de Edimburgo, marido de la reina de Gran Bretaña, y rápidamente los distintos medios publicaron perfiles biográficos del finado. Al enterarme de la noticia vía Twitter, despertó mi curiosidad que un periodista de El País recomendase encarecidamente leer el artículo que el corresponsal de su periódico en Londres acababa de enviar.

Comencé a leerlo y me llamó la atención, pero no por su contenido, sino por una traducción excesivamente literal del mensaje en inglés con el que la familia real británica difundió la noticia. «Es con gran pesar que su majestad la reina anuncia la muerte de su amado marido, su Alteza Real el príncipe Felipe, duque de Edimburgo», señaló el palacio de Buckingham en un comunicado, escribió el corresponsal de El País en el primer párrafo de su texto. Pocas líneas más abajo, continuó traduciendo el mensaje de The Royal Family en Twitter: «Su Alteza Real murió pacíficamente esta mañana en el castillo de Windsor».

La influencia de la lengua inglesa en la española, y en otras, es tal que aquí no dejamos de comprar anglicismos, bien en forma de palabras en ese idioma añadidas a nuestro vocabulario –parking, mail, marketing…-, bien con términos traducidos al español, como resiliencia -aunque su raíz es latina, no nos engañemos, aquí lo hemos copiado del inglés resilience, y así lo admite la propia RAE.

Por si eso no fuera suficiente, el poder de la lengua de Shakespeare ya es tal que incluso hay quienes emplean en español giros y expresiones calcados del inglés, en lugar de utilizar con propiedad el castellano. Las dos citas entrecomilladas en el segundo párrafo son claros ejemplos. «Es con gran pesar que su majestad la reina anuncia la muerte de su amado marido» no es una expresión correcta. Lo adecuado es decir: «Con gran pesar, su majestad la reina anuncia la muerte de su amado marido». Lo mismo ocurre con «murió pacíficamente». Nosotros decimos «murió en paz», que suena mucho mejor que ese adverbio inglés (peacefully) mal traducido.

Los calcos del inglés en el aludido artículo de El País continuaron con otra deficiente traducción, esta vez de un comunicado del primer ministro británico, Boris Johnson: «Contribuyó a dirigir a la Familia Real y a la monarquía para que permanecieran como instituciones indisputablemente claves para el equilibrio y la felicidad de nuestra vida nacional». ¿»Indisputablemente»? Indisputably probablemente quede muy bien en inglés, pero aquí decimos «indiscutiblemente», e incluso así lo traduce la página en español de la BBC.

Si vamos a tirar de traducciones literales del inglés, lo recomendable es reservarlas para el humor y alejarlas de artículos de prensa. Así, podríamos llamar «Calle Panadero» a la vía londinense donde se halla el museo dedicado al personaje literario Sherlock Holmes, Baker Street. O «Piscina del hígado» a la ciudad de Liverpool liver significa hígado y pool, piscina-. Ya que estamos, anímense a buscar en el diccionario inglés-español las dos palabras que forman el término cocktail o la estación de metro Cockfosters.

Dios, no dios: no es una cuestión de religión, sino de ortografía

Entre algunos periodistas se ha puesto de moda escribir sólo con minúsculas un sustantivo que, utilizado en el sentido en el que ellos lo hacen, debe ir siempre con mayúscula inicial:

dios

En el caso señalado, no se está hablando de un dios egipcio, griego o romano -el dios Ra, el dios Hermes o el dios Mercurio-, sino del Dios de los judíos, cristianos y musulmanes. Como estas religiones son monoteístas, sus fieles sólo creen en un Dios, por lo que lo único válido es poner la d en mayúscula.

La RAE, en su primera acepción, deja claro cuándo hay que escribir «Dios»: «Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo».

Para el refrán empleado en el artículo analizado hoy, la academia también es muy explícita: Dios va en mayúscula y diablo, en minúscula.

El hecho de que quienes escriban «dios» sean ateos o agnósticos no les da barra libre para saltarse la ortografía. Usar la minúscula en referencia a la deidad cristiana es tan incorrecto como testigo de jehová, en lugar de Jehová, o por alá en vez de «por Alá”. No se es más librepensador por negarse a usar esa mayúscula.

«Riesgo de incendio extremo»

El pasado fin de semana, mientras conducía desde Málaga en dirección a Madrid, observé en distintos tramos de la autovía, a lo largo de todo el viaje, paneles que advertían de «riesgo de incendio extremo». Cada pocos segundos, el mensaje se traducía al inglés con estas palabras: «extreme fire hazard”.

Está claro que «riesgo de incendio extremo» es una expresión que todo conductor puede entender sin desviar su atención de la carretera. Sin embargo, está mal ordenada. Lo correcto sería riesgo extremo de incendio.

Para verlo más claro, utilicemos un sinónimo para «extremo», por ejemplo, «alto». ¿Qué tal sonaría riesgo de incendio alto? Mucho peor que riesgo alto de incendio.

Si se dice «riesgo de incendio extremo», lo que se transmite es que habrá un peligro de «incendio extremo», cuando lo que en realidad significa el mensaje es que hay un gran peligro de que se produzca un incendio. Cualquier incendio, no un «incendio extremo».

Una cosa es el lenguaje en una conversación, en la que alguien puede decir perfectamente «el riesgo de incendio es extremo”, con el verbo «ser» dando apoyo a la frase. Pero en un mensaje escrito y escueto, mejor ser estrictos y dejar todo en orden: riesgo extremo de incendio.