La rojigualda y el ‘no pasarán’

“¡No pasarán! El fascismo quiere conquistar Madrid. Madrid será la tumba del fascismo”. Este era el mensaje de una pancarta instalada en la calle Toledo, junto a la Plaza Mayor, en el Madrid asediado por las tropas del general Franco durante la Guerra Civil. Si hay alguna bandera a la que se pueda asociar ese lema, esa es la tricolor de la República Española.

Pocos podrían imaginar que la rojigualda, la actual enseña de España, podría relacionarse con aquella consigna republicana. En Belgrado, la capital de Serbia, no han dudado en hacerlo para visibilizar una situación que lleva lastrando las relaciones internacionales de este país balcánico desde febrero de 2008.

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Pancarta frente al Parlamento serbio que rechaza la posible entrada de Kosovo en la UE (foto: Manuel Vega). 

Fue entonces cuando Kosovo, una provincia serbia, pero poblada mayoritariamente por albaneses, y que llevaba desde 1999 ocupada por fuerzas de la OTAN, se autoproclamó independiente. Su declaración fue reconocida inmediatamente por su principal valedor, Estados Unidos, y por la mayoría de Estados miembros de la Unión Europea, entre ellos Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, así como varias decenas de países entre los que se cuentan Canadá y Australia.

Dentro de la UE, solamente cinco miembros rechazaron la proclamación unilateral de la independencia de Kosovo, y lo siguen haciendo a día de hoy: Eslovaquia, Rumania, Grecia, Chipre y España.

Cada uno de esos cinco Estados de la UE tiene sus razones para no sumarse al despropósito de reconocer una independencia no pactada por las partes afectadas. Por ejemplo, en los casos de Rumania y Eslovaquia, dentro de sus respectivos territorios hay importantes comunidades de población húngara, y sus respectivos gobiernos han interpretado, con un criterio más que razonable, que un hipotético apoyo a la independencia kosovar podría dar alas a sus ciudadanos de origen húngaro para reclamar para sí lo mismo que han hecho los albaneses de la que fuera la provincia serbia de Kosovo (que sigue siéndolo a ojos de la ONU, pues son muchos los países que no reconocen esa independencia, entre ellos, dos miembros del Consejo de Seguridad: Rusia y China).

Las razones de España para no reconocer Kosovo también están claras: apoyar su independencia supondría dar a los separatistas catalanes y vascos razones para reclamar las de sus respectivos territorios. Los serbios lo agradecen y de ahí el motivo de la pancarta fotografiada para este artículo. Mientras haya miembros de la UE que no acepten a Kosovo como un Estado independiente, los kosovares no entrarán en las instituciones de Bruselas. De ahí ese ‘no pasarán’ junto a la bandera rojigualda.

Nada hace presagiar que el problema de Kosovo vaya a tener solución. O, al menos, una solución a corto o medio plazo. Pero esto supondrá no sólo que Kosovo se quede fuera de la UE, sino también Serbia, pues, mientras no normalice su relación con su díscolo vecino, Bruselas no parece dispuesta a abrirle la puerta.

El contencioso entre Serbia y Kosovo exige un análisis más en profundidad. Pero, de momento, esa imagen de la rojigualda con el lema antifascista de la Guerra Civil merece su protagonismo aparte.

 

La conquista de México, los titulares de prensa y el perdón

La conquista de México la hicieron los mexicanos y la independencia, los españoles. Este proverbio, más o menos extendido en el país al que alude, explica de forma razonable dos de los episodios más célebres de la Historia de México. La conquista del Imperio azteca emprendida hace cinco siglos por Hernán Cortés y sus soldados jamás habría sido posible sin su alianza con pueblos indígenas como los tlaxcaltecas, enemigos de los primeros. En cuanto a la independencia, sus líderes fueron hombres como Miguel Hidalgo y José María Morelos, quienes no eran descendientes de Moctezuma, sino de españoles iguales a los que combatían en su lucha para emanciparse de la metrópoli.

Desde ayer, tanto en la prensa española como en la mexicana se está dando una amplia difusión a unas palabras del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien reclamó, en una carta al Rey de España, disculpas por los abusos de la conquista, como muestra este titular de la portada impresa de El País:

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López Obrador anunció el envío de una carta a Felipe VI y otra al papa Francisco, -“la llamada conquista se hizo con la espada y la cruz”, recordó-. Pero el mandatario mexicano también reconoció que el país que dirige cometió igualmente crímenes contra los nativos americanos -o pueblos originarios, si se prefiere llamarlos así- desde que alcanzó la independencia. Y como presidente va a pedir perdón por ello. Sin embargo, en los titulares no se hace la menor referencia a este mensaje (ver vídeo), que tiene tanta importancia como las reclamaciones planteadas a España y el Vaticano.

AMLO está dispuesto a que el Gobierno federal mexicano asuma su parte de responsabilidad en los abusos a los pueblos indígenas. Por el contrario, el Ejecutivo español rechaza que haya que disculparse ante nadie.

Que un país pida perdón por hechos ocurridos siglos atrás es un asunto complicado de determinar. ¿Quiénes tienen derecho a exigírselo?

López Obrador reclama que el Rey de España se disculpe con los pueblos originarios de México. ¿Y qué hay de los abusos de la monarquía española dentro de su propio territorio? Por ejemplo, ¿no tienen derecho los descendientes de los agraviados hace doscientos años a una reparación? Hay muchos casos de persecuciones injustas en la historia de la mayoría de países. En lo que atañe a España, podría valer la represión a los liberales perpetrada bajo el reinado de Fernando VII, antepasado del actual soberano. ¿Debe el Estado identificar a los descendientes de los represaliados y suplicarles perdón? De llevarse a cabo una revisión a fondo del pasado, no habría días suficientes en el calendario para postrarse ante los herederos de los ultrajados.

Y esto vale no sólo para España, sino para cualquier nación con una larga historia: Francia, Gran Bretaña, Rusia, Portugal, Alemania y un larguísimo etcétera. Historias que, por supuesto, no se limitan a sus fronteras, sino que también están repletas de invasiones y conquistas. Y no olvidemos a Estados Unidos, responsable del exterminio masivo de pieles rojas

Es difícil encontrar un país libre de un pasado del que arrepentirse. Y más si se observa con ojos del siglo XXI.