Atahualpa y Moctezuma, recordados en el Palacio Real

Aunque este sea un blog muy personal, intento que la primera persona no prime en la forma de escribirlo. Sin embargo, hoy no puedo evitarla, porque tengo que expresar algo que ignoraba y que en un amante de la Historia, la de España y la universal, merece un tirón de orejas a uno mismo.

Gracias a un comentario que leí hace varios días en la cuenta en Twitter del escritor Javier Santamarta, tuve noticia de que en el Palacio Real de Madrid hay una estatua que muchos ni por asomo podrían imaginar allí. Es la de Atahualpa, el último soberano de los incas.

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Escultura del inca Atahualpa, en el Palacio Real de Madrid (fotos: Manuel Vega).
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La estatua de Atahualpa se ubica en la plaza de la Armería del Palacio de Oriente (a la derecha).

No tenía la menor idea de que este símbolo del Perú, ejecutado por orden del conquistador del Imperio inca Francisco Pizarro, tuviera este recuerdo en el Palacio de Oriente, lo que algunos juzgarán contradictorio, al tratarse de la residencia de los reyes herederos de la Monarquía Hispánica que conquistó la mayor parte de América.

En este monumento hay muchas más esculturas, la mayoría de ellas visibles desde la plaza de Oriente. Corresponden a reyes medievales, bien de la época visigoda, bien de los reinos cristianos de la época de la Reconquista.

Para contemplar a Atahualpa preferí no esperar en la larga cola para entrar en el palacio y, situándome en la verja que encierra la plaza de la Armería, bastante lejana a la fachada, tiré del zoom de mi cámara.

Seguí haciendo lo propio apuntando hacia otras partes del frontispicio y capturé otra figura que despertó mi interés. En ese momento desconocía a quién representaba, pero buscando documentación sobre la estatua de Atahualpa descubrí la identidad del misterioso personaje: Moctezuma, el emperador de los aztecas cuando Hernán Cortés llegó a México.

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En el lado opuesto a Atahualpa nos encontramos con el azteca Moctezuma.

Quien desee saber más sobre las esculturas que adornan el Palacio de Oriente puede hacerlo leyendo la revista Artehistoria. Fue el Padre Sarmiento, erudito benedictino de la época de la Ilustración, quien influyó para que, por medio de Atahualpa y Moctezuma, los pueblos precolombinos también tuvieran su sitio en la morada de los monarcas españoles y en la propia Historia de España.

Como éste continúa siendo un texto personal, me pregunto si en el Palacio de Buckingham, o en algún otro lugar emblemático de la realeza inglesa, hay algún recuerdo a las tribus amerindias exterminadas en Norteamérica por el Imperio británico. O si existe algo parecido en los Campos Elíseos de París, puesto que Francia también tuvo una presencia importante en el norte del Nuevo Continente. O si en Lisboa se recuerda a los nativos americanos sometidos por la monarquía portuguesa en Brasil. Pregunto.

10-N: la España del ‘y tú más’, nunca la del ‘yo también’

Las elecciones que nadie -o casi nadie- deseaba han resultado ser lo que amenazaban: un despropósito. La participación este 10 de noviembre cayó al 69,8%, lo que se traduce en 24,3 millones de votos y 10,5 millones de abstenciones. En los pasados comicios de abril, el número de españoles que sí acudieron a las urnas fue de 26,3 millones (75,7% de participación) frente a los 8,4 millones que prefirieron no ejercer su derecho al voto.

El PSOE de Pedro Sánchez protagonizó el domingo la victoria más pírrica en 42 años de elecciones desde que la democracia retornó a España. El 10-N perdió unos 700.000 votos respecto a su resultado en la cita electoral del 28-A (de 7,4 millones bajó a 6,7). Aunque se ha quedado en 120 diputados, sólo tres menos que en los anteriores comicios, los socialistas harán mal en engañarse: sólo habrán ganado las elecciones si logran formar gobierno. Si no fueron capaces cuando obtuvieron mejor resultado, a ver cómo esperan conseguirlo ahora.

El PP, que continuó con Pablo Casado al frente a pesar de su debacle en abril (entonces se quedó en 66 escaños), recupera terreno ganando 700.000 votos (de los 4,3 millones del 28-A a los 5 millones de ayer), lo que sitúa al partido con 88 asientos en el Congreso. La nueva convocatoria electoral ha supuesto para el dirigente popular un balón de oxígeno, pero no un éxito.

La peor noticia de esta repetición electoral es un nuevo ascenso de la ultraderecha de Vox. Parte del electorado ha asumido como normal el discurso retrógrado de Santiago Abascal, que con sus soflamas contra la inmigración y el independentismo, entre otras motos que ha conseguido vender, ha subido de los 2,6 millones de votos de abril a los 3,6 millones de anoche. Ese millón de sufragios ganados le hace incrementar en más del doble su representación en el Parlamento (de 24 a 52 escaños).

Unidas Podemos paga su negativa a apoyar la investidura de Sánchez el pasado verano. La coalición liderada por Pablo Iglesias consiguió ayer tres millones de votos, con lo que pierde 700.000 en comparación con el 28-A y baja de los 42 a los 35 parlamentarios en la Carrera de San Jerónimo. En manos de Iglesias está si apoya un gobierno socialista o prefiere seguir esperando a que el presidente en funciones lo valore como cree que merece, a riesgo de una enésima repetición electoral.

El 10-N no ha habido un ganador, pero sí un claro derrotado: Albert Rivera, que este mediodía presentó su dimisión al frente de Ciudadanos. De los 4,1 millones de apoyos que cosechó en las anteriores elecciones, que le dieron 57 escaños, ha pasado a ser el elegido por sólo 1,6 millones de votantes, con lo que se desploma hasta los 10 diputados. Rivera ha dejado todos sus cargos, lo que algunos dicen que le honra, pero hizo cero autocrítica en su despedida: habló de no dividir a los españoles en “rojos y azules”, pero eludió reconocer que él ha contribuido a esa división.

El debutante Más País se estrena con medio millón de votos y tres diputados. Íñigo Errejón haría bien en plantearse que España no es un reflejo del Ayuntamiento de Madrid, como tampoco lo fue su parlamento regional.

En cuanto a los partidos independentistas catalanes, suman entre todos 23 escaños (13 ERC, 8 JxCAT y 2 las CUP), pero deben tener en cuenta que no son la mayoría tan aplastante que pretenden ser: la suma de PSC (12), En Comú Podem (7), PP, C’s y Vox (2 cada uno) totaliza más representantes en Madrid (25). En votos, la opción secesionista está debajo de la que prefiere que Cataluña no rompa con España. No, el caso catalán está muy lejano al de Eslovenia al que tanto aluden. En 1990, un 88% de votantes eslovenos (de una participación del 90% de su censo electoral) eligió que su país se independizara de Yugoslavia. Si los independentistas catalanes continúan soñando con alguna similaridad con el caso balcánico, necesitan gafas.

Si alguna lectura se puede extraer del 10-N es que a río revuelto, ganancia de la ultraderecha. Por ello, es fundamental que los demás partidos de ámbito estatal dejen de tirarse los trastos a la cabeza y entre todos, junto con los regionalistas y nacionalistas dispuestos a salir de esta situación de preocupante estancamiento, acuerden la formación de un Gobierno estable. En otras palabras, que cada cual deje de culpar al otro profiriendo el repetido hasta la saciedad y tú más y que reconozca los errores propios entonando un sincero yo también.

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Vista del Congreso de los Diputados, cuya composición cada vez está más atomizada. (foto: Manuel Vega).

Ansu Fati y las nacionalizaciones precipitadas de futbolistas

Al titular le falta el adjetivo “jóvenes” para completar el nombre “futbolistas”, pero no vamos a ponerle otra línea y descuadrarlo. La idea a transmitir es que convocar para la selección española a jóvenes prometedores para evitar que puedan hacerlo equipos de otros países con los que tienen vínculos suele resultar contraproducente. Tanto para el combinado nacional como -especialmente- para el propio jugador, que más pronto que tarde desaparecerá de las convocatorias y, encima, se habrá cerrado la puerta a ser internacional con otro país.

Una de las sensaciones del arranque de la Liga 2019-2020 es el canterano del FC Barcelona Ansu Fati, un chaval de 16 años cuya calidad le está dando muchos minutos en el once de Ernesto Valverde. A este jugador, nacido en Guinea-Bissau, se le acaba de conceder la nacionalidad española por carta de naturaleza, de manera que podrá defender la camiseta de España en el próximo Mundial sub-17.

En las dos últimas décadas ha habido varios casos de jóvenes, incluso adolescentes, con doble nacionalidad a los que el seleccionador de turno ha llamado con el único fin de evitar que el equipo del país de origen de uno de sus progenitores haga lo propio. La normativa vigente impide que un futbolista juegue con una selección si ya lo ha hecho antes con otra, de ahí las prisas para evitar que otros se lleven las perlas de la cantera patria.

Entre los internacionales preventivos con España destaca el caso de Bojan Krkic. Nacido en Linyola (Lleida) en 1990, de padre serbio y madre española, este canterano del Barça despuntó cuando en la temporada 2007-2008 Frank Rijkaard lo subió al primer equipo. Sus actuaciones despertaron la atención del entonces seleccionador nacional, Luis Aragonés, que lo convocó para un encuentro amistoso contra Francia en febrero de 2008. Sin embargo, el hispano-serbio no llegó a debutar en esa ocasión por una gastroenteritis que se achacó a los nervios previos al debut.

El técnico español quiso convocarlo para la Eurocopa de ese año, que finamente ganaría La Roja. Sin embargo, Bojan declinó acudir a la cita por problemas de “ansiedad”, como reveló en una entrevista años después. Finalmente, con 18 años ya cumplidos, Vicente del Bosque, sustituto de Luis tras el éxito europeo, hizo debutar al delantero el 10 de septiembre de 2008 en un España-Armenia de clasificación para el Mundial 2010. Fue la primera y la última vez que se vistió de corto con la selección.

El resto de la carrera de Bojan ya se conoce y no es lo que se esperaba de él. Suplente habitual en el Barça de Pep Guardiola, que logró el sextete en 2009, el hispano-serbio no logró afianzarse en el equipo y en 2011 fue traspasado a la Roma. Desde entonces, ha ido vagando de club en club sin encontrar su sitio. Tras pasar por Milan, Ajax, Stoke City y Alavés, el futbolista milita a día de hoy en el Montreal Impact canadiense.

Otro caso similar es el del también canterano del Barcelona Munir. De origen marroquí, nació en El Escorial en 1995. Munir brilló en las primeras jornadas de la temporada 2014-2015 en el Barça de Luis Enrique. Tanto que Del Bosque se apresuró a convocarlo y lo mandó al terreno de juego en un encuentro contra Macedonia de las eliminatorias hacia la Eurocopa 2016. Entró en la segunda parte y sólo disputó 13 minutos. Al igual que Bojan, los primeros y últimos con España.

La carrera del atacante hispano-marroquí ha dado menos tumbos que la de Bojan -salió del Barça, estuvo cedido en el Valencia y ahora milita en el Sevilla- pero, al ver que ya no cuenta en la selección española, ha optado por intentar que la FIFA le permita jugar con Marruecos, lo que no ha conseguido.

No obstante, el caso más contundente de cómo puede cambiarle la vida a una joven promesa la temprana convocatoria por la selección es el de Thomas Christiansen. De padre danés y madre española, nació en el país de su progenitor en 1973. El suyo es otra muestra de talento prematuro en La Masía. Y nunca mejor dicho, porque fue convocado en 1993 por el entonces técnico español, Javier Clemente, cuando jugaba en el Barcelona B. De hecho, este delantero nunca llegó a debutar con el primer equipo del Barça de Johan Cruyff, pero sí lo hizo con la selección absoluta. Ocurrió en dos ocasiones: en un amistoso frente a México y en un duelo de clasificación para el Mundial de 1994 frente a Lituania, en el que incluso marcó un gol. A partir de entonces, no volvió a ser internacional.

La falta de oportunidades en el Barça lo llevó cedido a Sporting, Osasuna y Racing. Finalmente, tras desvincularse del club azulgrana, fichó por el Oviedo, donde, como en los anteriores, tampoco cuajó. Su carrera parecía hundida, pero después de intentarlo en otros equipos españoles de Primera y Segunda División con igual pena y la misma inexistente gloria, probó suerte en distintas ligas extranjeras. Finalmente, el VfL Bochum alemán confió en él y llegó incluso a ser máximo goleador de la Bundesliga en la temporada 2002-2003.

Las expectativas creadas por el talento precoz de jóvenes futbolistas con doble nacionalidad crea en ellos una presión difícil de soportar, que acaba destrozando sus carreras -caso de Bojan- o reduciéndolos a jugadores de medio pelo -ejemplo de Munir-. O dejándolos fuera de juego durante unas cuantas temporadas, como a Christiansen, aunque finalmente pudo remontar el vuelo. Pero la losa de no poder volver a ser internacional siguió pesando sobre él. Qué menos que un pichichi de la liga alemana tenga la oportunidad de jugar un Mundial o una Eurocopa. Si España no contaba con él, quizá lo hubiera querido Dinamarca de haber estado autorizada.

La FIFA debería establecer algún mecanismo para evitar esa lucha preventiva entre países por los jóvenes valores del fútbol. Sería más justo y eficaz flexibilizar las normas y permitir que un futbolista convocado por un combinado nacional pueda ser seleccionable por otro en determinadas circunstancias.

España pudo contar en la Eurocopa 2008 con Marcos Senna -que completó una gran actuación- porque nunca había jugado un partido oficial con su país de origen, Brasil. Lo mismo ocurre con Diego Costa, que ha estado con La Roja en los Mundiales de 2014 y 2018 -en este hizo tres goles-.

Como sugerencia, podría ampliarse el margen para que la FIFA delimite hasta cuándo un jugador podrá cambiar de selección. Si ahora está en el hecho de que dispute un solo partido oficial -o unos minutos, como le ha pasado a Bojan y a Munir-, se podría establecer un límite más amplio, consistente en que se permita cambiar de chaqueta, en lenguaje demasiado coloquial, a todos aquellos que no hayan disputado con una selección determinada la fase final de alguna competición internacional absoluta. Es decir, Mundial, Eurocopa, Copa América o cualquier torneo continental. Pero que no se cierre de forma definitiva la puerta de otro equipo nacional a un joven, o a un veterano, que sólo haya disputado un partido contra Islas Feroe -o incluso contra Italia- valedero para equis campeonato oficial.

Como conclusión, viene como anillo al dedo recordar que Ferenc Puskas fue subcampeón del Mundo con Hungría en Suiza 54, pero ocho años después vistió la camiseta de España en Chile 62. Y que Luis Monti perdió jugando para Argentina la final de Uruguay 30, pero en 1934 fue campeón como local con Italia. No es que haya que volver a eso, pero se puede alcanzar una solución intermedia. Ansu Fati seguramente lo agradecería.

“Asegurarse la plata”, una expresión de perdedores

Suena a tópico, pero está muy próximo a la realidad. España es un país de extremos. O mucho o poco. O todo o nada. En la prensa deportiva hay numerosos ejemplos: por un lado, gente que lo da todo por ganado antes de jugarlo; por otro, gente que en lugar de andar con pies de plomo, lleva un elefante encima de cada pie.

Los dos casos son igual de reprobables. Uno por exceso y otro por defecto. Hoy vamos a centrarnos en el segundo.

Cada vez que hay alguna competición, ya sea unos Juegos Olímpicos o cualquier otro campeonato en el que se reconozca con medallas a los tres primeros clasificados, es frecuente escuchar que tal equipo o tal deportista se asegura la medalla de plata cuando alcanza una final. Anoche, en la sección de Deportes del telediario de TVE, hubo otra muestra de ello.

Ayer, la selección española de baloncesto firmó uno de sus mejores partidos al derrotar a una complicada Australia (95-88) en las semifinales del Mundial que se celebra en China.  Los nuestros se enfrentarán en la final a Argentina, que venció a Francia en la otra semifinal.

En el telediario, Sergio Sauca destacó los éxitos del equipo nacional desde que Sergio Scariolo ejerce de seleccionador. El periodista subrayó que el técnico ha llevado a la ÑBA a ganar tres oros europeos (2009, 2011 y 2015) y un bronce (2017), así como una plata y un bronce olímpicos (2012 y 2016, respectivamente). En cuanto a sus participaciones en el Mundial, esta es la primera vez que el italiano conseguirá una medalla para España. Falta por saber de qué metal.

En la pantalla proyectada en el telediario con la imagen de Scariolo y sus medallas, en el apartado “Mundial” (minuto 42 de este vídeo) pone: “oro o plata”. ¿Por qué no decir luchará por el oro? Es una expresión correcta, a la par que respetuosa con el rival y, lo más importante, refleja la verdad. Si se dice “oro o plata”, se está dando la impresión de que las dos valen lo mismo, que lo importante es ganar una medalla, sea cual sea. Y cuando se está en condiciones de ser los campeones -España lo demostró ayer- no es ninguna vanidad decir que se aspira a serlo. Tanto España como Argentina -otra magnífica selección- lucharán por el oro.

Nunca hay que conformarse con menos cuando se puede hacer más. En un pasado no muy lejano, España se conformó con una plata en casa ante una Rusia que en modo alguno era superior a los españoles. Por ello, es lamentable que uno de los líderes de la ÑBA, José Manuel Calderón, afirmara poco después de la debacle en aquella final del Europeo 2007 que “cuando pasen los días, la medalla de plata del Eurobasket nos sabrá a gloria.

Por fortuna, ahora la actitud del equipo español es otra: sólo con mentalidad ganadora se puede ganar los duros partidos que ha afrontado en el presente Mundobasket frente a rivales de la talla de Italia, Serbia y Australia. Mañana, los nuestros podrán ganar o perder, pero a buen seguro que van a luchar duro por lo primero. Asegurarse la plata es de perdedores.

A modo de posdata, una aclaración importante a Sergio Sauca: mientras informaba del rival de España en la final, subrayó que el pívot argentino Luis Scola (de 39 años) participó en la final del Mundial 2002, “que ganó Argentina” (minuto 45). Aquel Mundobasket de 2002 Argentina fue plata. El oro se lo llevó Yugoslavia.

España en la liberación de París

Un breve mensaje publicado anteayer en Twitter por la cuenta del Ministerio de Justicia ha desatado una ola de correcciones a esta afirmación realizada desde esa cartera del Gobierno: “España tuvo un papel crucial en la liberación de París hace 75 años. Los soldados españoles de La Nueve fueron los primeros en entrar en París y su contribución a este hecho histórico fue fundamental”.

Las reacciones al tuit de Justicia no se han hecho esperar. Periodistas, políticos y tuiteros de a pie le afean al ministerio que emplee la palabra “España”, dado que la España oficial entonces -el 25 de agosto de 1944 se completó la liberación de la capital francesa de las fuerzas de ocupación de Hitler– era la de la dictadura de Franco, que colaboraba y simpatizaba con la Alemania nazi, ocupante de Francia

Nadie en su sano juicio puede ocultar que el Estado español en esa época era un régimen totalitario afín al bando del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Ni que esa España franquista represaliaba a los perdedores de la Guerra Civil. No en vano, la mayoría de los componentes de La Nueve, la Novena Compañía de Reconocimiento de la II División Blindada de la Francia Libre, eran republicanos españoles que consiguieron huir de la persecución que padecían en nuestro país, el suyo, tras la victoria sublevada en el conflicto patrio.

Sin embargo, el uso de la palabra “España” por parte de Justicia no tiene por qué significar una manipulación de la historia, puesto que su intención no es referirse a la España franquista. Sólo quienes interpretan en ese tuit el término “España” de forma exageradamente estricta -si esa es siempre su forma de hacer las cosas, tienen razón- no serán capaces de entender que el nombre de nuestro país se refiere en ese caso concreto a los españoles que luchaban contra la Alemania nazi.

Los que se han lanzado a corregir el mensaje del ministerio deberían por lo menos admitir que decir “España” en el caso que nos ocupa es algo que da lugar a interpretación. Para ellos, el nombre del país sólo puede aludir al del Estado que lo gobierna, de acuerdo. Pero que no le nieguen a los que huyeron de casa y siguieron combatiendo al fascismo su condición de españoles, de ser también España. Y, por favor, que no recurran al argumento de que Franco les había privado de la nacionalidad española: la decisión injusta de un dictador no te priva de ser lo que eres.

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Una visita al Jardín de los Combatientes de La Nueve, en Ciudad Lineal, Madrid (foto: Manuel Vega).

La rojigualda y el ‘no pasarán’

“¡No pasarán! El fascismo quiere conquistar Madrid. Madrid será la tumba del fascismo”. Este era el mensaje de una pancarta instalada en la calle Toledo, junto a la Plaza Mayor, en el Madrid asediado por las tropas del general Franco durante la Guerra Civil. Si hay alguna bandera a la que se pueda asociar ese lema, esa es la tricolor de la República Española.

Pocos podrían imaginar que la rojigualda, la actual enseña de España, podría relacionarse con aquella consigna republicana. En Belgrado, la capital de Serbia, no han dudado en hacerlo para visibilizar una situación que lleva lastrando las relaciones internacionales de este país balcánico desde febrero de 2008.

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Pancarta frente al Parlamento serbio que rechaza la posible entrada de Kosovo en la UE (foto: Manuel Vega). 

Fue entonces cuando Kosovo, una provincia serbia, pero poblada mayoritariamente por albaneses, y que llevaba desde 1999 ocupada por fuerzas de la OTAN, se autoproclamó independiente. Su declaración fue reconocida inmediatamente por su principal valedor, Estados Unidos, y por la mayoría de Estados miembros de la Unión Europea, entre ellos Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, así como varias decenas de países entre los que se cuentan Canadá y Australia.

Dentro de la UE, solamente cinco miembros rechazaron la proclamación unilateral de la independencia de Kosovo, y lo siguen haciendo a día de hoy: Eslovaquia, Rumania, Grecia, Chipre y España.

Cada uno de esos cinco Estados de la UE tiene sus razones para no sumarse al despropósito de reconocer una independencia no pactada por las partes afectadas. Por ejemplo, en los casos de Rumania y Eslovaquia, dentro de sus respectivos territorios hay importantes comunidades de población húngara, y sus respectivos gobiernos han interpretado, con un criterio más que razonable, que un hipotético apoyo a la independencia kosovar podría dar alas a sus ciudadanos de origen húngaro para reclamar para sí lo mismo que han hecho los albaneses de la que fuera la provincia serbia de Kosovo (que sigue siéndolo a ojos de la ONU, pues son muchos los países que no reconocen esa independencia, entre ellos, dos miembros del Consejo de Seguridad: Rusia y China).

Las razones de España para no reconocer Kosovo también están claras: apoyar su independencia supondría dar a los separatistas catalanes y vascos razones para reclamar las de sus respectivos territorios. Los serbios lo agradecen y de ahí el motivo de la pancarta fotografiada para este artículo. Mientras haya miembros de la UE que no acepten a Kosovo como un Estado independiente, los kosovares no entrarán en las instituciones de Bruselas. De ahí ese ‘no pasarán’ junto a la bandera rojigualda.

Nada hace presagiar que el problema de Kosovo vaya a tener solución. O, al menos, una solución a corto o medio plazo. Pero esto supondrá no sólo que Kosovo se quede fuera de la UE, sino también Serbia, pues, mientras no normalice su relación con su díscolo vecino, Bruselas no parece dispuesta a abrirle la puerta.

El contencioso entre Serbia y Kosovo exige un análisis más en profundidad. Pero, de momento, esa imagen de la rojigualda con el lema antifascista de la Guerra Civil merece su protagonismo aparte.

 

Vox niega la Historia de España

Pasó a la historia como Mehmed Pasa Sokolovic y fue un visir del Imperio otomano en el siglo XVI. Pero su origen no era turco, sino serbio. Ello no fue impedimento para que abandonara su confesión cristiana ortodoxa y se convirtiera al islam. Por obligación, por conveniencia o por el motivo que fuera. Lo fundamental es que fue un líder militar y político otomano, y que dejó un legado para la posteridad con el puente que ordenó construir sobre el río Drina a su paso por Visegrado.

Esta ciudad pertenece hoy a Bosnia-Herzegovina, un Estado de estructura compleja, derivada de su propio nacimiento como consecuencia de los acuerdos que pusieron fin a la Guerra de Bosnia. Visegrado quedó encuadrada en la República Srpska, una de las dos entidades que componen el Estado, poblada mayoritariamente por serbios. En ese territorio, los musulmanes son minoría hoy, pero la situación era diferente antes de la guerra. Y también siglos atrás, en los tiempos otomanos.

El hecho de que Visegrado sea hoy una localidad serbobosnia, y el cruel conflicto vivido en el país entre serbios y musulmanes -y también croatas- en los años noventa, no han supuesto un obstáculo para que la ciudad rinda homenaje a su historia con una escultura en honor a Mehmed Pasa Sokolovic, quien figura en los libros como visir otomano, no como joven serbio reclutado por los otomanos. La estatua se colocó hace dos años en un lugar próximo al Drina y a su puente más célebre.

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Escultura del visir otomano Mehmed Pasa Sokolovic en la ciudad de Visegrado (foto: Manuel Vega).

Pero estamos en España, y ayer el burdo uso de la Historia con fines políticos puso en el mapa a un pequeño municipio aragonés. Se llama Cadrete, en la provincia de Zaragoza, y allí el partido de ultraderecha Vox ha dado una muestra más de su particular Reconquista exigiendo y consiguiendo que se retire de una plaza un busto de Abderramán III, califa de Córdoba en el siglo X.

Si esa escultura se encontraba en un lugar público, no era para homenajear a un musulmán -confesión religiosa que parece provocar urticaria a Vox-, sino a un personaje clave en la Historia de España en general y en la de Cadrete en particular. En ese pueblo hay un castillo cuyo origen se debe a Abderramán III, que ordenó construir en ese emplazamiento, en el año 935, una fortaleza para desde ahí dirigir el asedio a Zaragoza, ciudad en poder de otros musulmanes que se habían sublevado contra la autoridad del califa.

En esta página no vamos a entrar en el árbol genealógico de Abderramán III; en si era hijo de una concubina cristiana del califa y nieto de la reina cristiana de Pamplona. Lo esencial en esta absurda polémica creada por Vox es que ese busto en una plaza pública no significa denigrar a los reyes cristianos medievales. Como la estatua de César Augusto en Zaragoza, la ciudad que lleva su nombre, y la escultura de cualquier romano célebre, no son una injuria a Viriato, ni a los defensores de Numancia, ni a ninguno de los pueblos prerromanos. Todos ellos han sumado sus biografías a la Historia de este país llamado España.

Vox comete la grave irresponsabilidad de identificar lo español con lo cristiano. Una cosa es afirmar que España tiene una cultura cristiana, algo totalmente cierto. La equivocación -o la manipulación- llega cuando se niega a lo no cristiano su aportación a la historia y cultura españolas. Eso es negar la Historia de España.

El partido liderado por Santiago Abascal continúa con su tozuda cruzada por el españolismo cristiano. ¿Qué será lo próximo? ¿Poner una cruz cristiana sobre el arco de Trajano de Mérida? No olvidemos que aquel emperador romano, nacido en Itálica, cerca de Sevilla, ordenó, como otros predecesores y sucesores, perseguir a los cristianos.

Tampoco deben olvidar los simpatizantes de Vox la influencia del árabe en el idioma que hablamos, con un 8% de arabismos en el español, lo que se traduce en unas 4.000 palabras, según el Instituto Cervantes. Y les vendría bien saber -o asumir, el que ya lo sepa- que el origen de la capital de España es árabe.

Lectura rápida del 28-A

A lo largo de la historia electoral de España desde 1977 ha habido varias victorias muy claras. La de los socialistas en 1982 (202 diputados en el Congreso frente a los 107 del segundo más votado, Alianza Popular); la siguiente del PSOE en 1986 (184 escaños, por los 105 de Coalición Popular); el nuevo triunfo socialista en 1989 (175 parlamentarios, 107 para el Partido Popular); el éxito del PP en 2000 (183 asientos frente a los 121 del PSOE) y la victoria de los populares en 2011, con 186 diputados sobre los 110 socialistas. Si algo caracteriza la victoria cosechada ayer por Pedro Sánchez, aparte de su claridad (123 escaños del PSOE frente a los 66 del PP), es lo lejos que está de la mayoría absoluta: a 53 diputados de la misma.

La derrota del PP de Pablo Casado era esperada, pero no tal debacle. Comprar el discurso de la extrema derecha de Vox le ha pasado una carísima factura. Renunció al centro y giró demasiado a la derecha. El resultado, con diferencia, el peor de la historia de su partido: 39 parlamentarios menos que los que obtuvo Manuel Fraga en 1986.

Ciudadanos sube y queda como tercera fuerza, con 57 escaños. Su candidato, Albert Rivera, llegó a autoproclamarse ayer líder de la oposición. Pese a su ascenso, no ha de olvidar que otro partido de la oposición está por delante del suyo. Y que quizá no hubiera ocurrido eso si no hubiera competido con PP y Vox por ver quién es más de derecha.

Podemos baja a la cuarta posición, aunque salva los muebles (42 diputados). Pablo Iglesias pretende entrar en un gobierno de coalición con los socialistas, pero debería tener algo presente: ha perdido casi 30 parlamentarios, mientras que el PSOE ha ganado casi 40. Si no entró en el Ejecutivo cuando los socialistas tenían 84 diputados y la formación morada atesoraba 71, menos sentido tiene que lo haga ahora.

Vox entra en el Congreso con 24 escaños. Por primera vez en cuatro décadas de democracia, la extrema derecha obtiene representación parlamentaria. Menos de la que esperaba el partido de Santiago Abascal, pero muy a tener en cuenta, al venir de cero. La dialéctica de su cabeza visible, tan previsible como preocupante: calificó la mayoría de izquierdas de “Frente Popular”.

Cataluña: la victoria de ERC, con un millón de votos del total de 4,1 millones emitidos en esa comunidad autónoma, hace prever que la situación no se soluciona a golpe de 155. Pero el 28-A deja también otra cosa clara a este respecto: sin la derecha en el poder en Madrid, los independentistas van a tener mucho más complicado alimentar su discurso victimista.

Como posdata, algo relacionado con el Frente Popular aludido por Abascal: los “no pasarán” escuchados en sedes como las del PSOE y ERC. Dejemos atrás de una vez por todas la dialéctica de la Guerra Civil. Todos.

Una lectura diferente sobre los 500 años de la vuelta al mundo

Esta entrada debería titularse Una lectura diferente sobre la polémica de la supuesta apropiación por parte de Portugal del quinto centenario de la primera vuelta al mundo, pero cuestiones de espacio lo impiden. De ahí que haya que economizar las palabras. Analicemos esa polémica.

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Este año se cumplen cinco siglos del inicio de una de las mayores hazañas en la historia de la navegación, si no la más grande de todas. En septiembre de 1519, una expedición liderada por el portugués al servicio de Castilla Fernando de Magallanes partía de Sanlúcar de Barrameda en busca de un paso por el sur del continente americano que permitiera llegar por esa ruta a las islas de las especias. Tres años más tarde, el único barco superviviente de la expedición, la nao Victoria, arribaba al mismo puerto gaditano tras haber completado por primera vez en la historia de la Humanidad la vuelta al globo terráqueo. Al mando de esa nave, un español, guipuzcoano de Guetaria: Juan Sebastián Elcano.

La manera en la que el Gobierno de España está celebrando los quinientos años de aquella proeza ha desatado críticas de algunos medios, como es el caso de Abc, diario al que corresponde el titular reproducido dos párrafos más arriba. El periódico recrimina al Ejecutivo que haya decidido compartir con Portugal los fastos de este quinto centenario. Tanto que incluso llegó a publicar una portada en la que informaba de que la Real Academia de la Historia certifica que la primera vuelta al mundo fue “exclusivamente española”.

Está fuera de duda que la expedición fue española. Bajo el patrocinio del rey español Carlos I se llevó a cabo esta empresa. Sin embargo, parece exagerado ese “exclusivamente”, teniendo en cuenta que entre los más de doscientos hombres que tripularon las cinco naves que se hicieron a la mar en Sanlúcar no sólo había españoles, sino también unos cuantos de distintas nacionalidades. Entre ellos, portugueses, pues Magallanes no era el único.

Historiadores como María Elvira Roca Barea han llegado a acusar al Gobierno de “vender barata” a España por aceptar compartir con los lusos los honores por esta gesta de la navegación. En un artículo en El Mundo, la experta afirma que “los portugueses no sólo no colaboraron en nada, sino que intentaron asesinar a Magallanes” y que “armaron barcos con el propósito de interceptar la flota de exploradores e impedir que aquel intento [navegar rodeando el planeta] fuera coronado por el éxito”.

Está claro que la Corona del país vecino no colaboró en la llegada de la expedición a las Molucas, y menos aún en lo posterior. No en vano, los portugueses apresaron la Trinidad, la nave que salió de ese archipiélago con la intención de regresar a América haciendo el itinerario de regreso por el Pacífico.

Y es ahora cuando llega la lectura diferente de la polémica aludida en el titular y el primer párrafo. Regresemos a las Molucas. Ya sabemos el destino de la Trinidad. El otro barco superviviente, la Victoria, acometió la ruta opuesta. Elcano y sus hombres, con las bodegas cargadas de especias, emprendieron el camino de vuelta a España surcando el Índico, un océano dominado por los portugueses. Por ello, se cuidaron mucho de no tocar tierra y sólo se acercaron a un puerto cuando ya llevaban muchas leguas de singladura en el Atlántico. Fue en el archipiélago portugués de Cabo Verde, del que la Victoria pudo escapar y completar poco después en tierra española su circunnavegación del globo.

Si Portugal está buscando protagonismo en este quinto centenario, lo que está haciendo en realidad es pegarse un tiro en el pie, pues no podrá ocultar que un barco español navegó hábilmente por mares portugueses para conseguir volver a casa. Usando un símil futbolístico, Elcano y el resto de tripulantes de la Victoria le metieron un gol por toda la escuadra a Portugal.

Gibraltar: mejor definirlo como paraíso fiscal que como colonia

Varios medios españoles, algunos con euforia, informan de una decisión del Parlamento Europeo sobre Gibraltar. A propuesta del Gobierno español, la Comisión de Libertades, Justicia e Interior de la Eurocámara ha aceptado definir ese territorio como colonia de la Corona británica”.

No sé si en todo este esperpento del Brexit sirve de algo esta declaración. Tampoco creo que ese pedazo de suelo arrebatado a España en 1704 sea actualmente una colonia. Para serlo, debería tener una relación de inferioridad con respecto al Reino Unido, lo que no ocurre. Colonias británicas fueron Nigeria, Kenia o la Colonia del Cabo. Es complicado ver en el Gibraltar de hoy algo en común con esos casos.

La ONU incluye al Peñón entre los territorios por descolonizar. Habría que tener en cuenta que lo habitual en las posesiones que se descolonizan es que se declaren independientes. Siempre y cuando no afecten a China, como fue el ejemplo de Hong Kong. No es razonable imaginar que los británicos puedan conceder la independencia a su dependencia de ultramar en el Mediterráneo, pero tampoco lo era hace tres años pensar que el Reino Unido abandonaría la Unión Europea ni que, una vez consumado el despropósito vía referéndum, estaríamos contemplando un circo diario en el Parlamento de Westminster a cuento del (des)acuerdo de salida de la UE.

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El peñón de Gibraltar visto desde el puesto fronterizo de La Línea (foto: Manuel Vega).

Pero mejor no predecir más disparates y centrarse en el momento presente. Quizá fuera más útil que, en lugar de hablar de colonia, la UE defina a Gibraltar como algo tanto o más ignominioso, aparte de muy cierto: un paraíso fiscal.

Con una población de 32.000 habitantes, en el Peñón hay 16.800 empresas registradas. Para hacerse una idea de lo que esto significa, España tiene una población de 46,7 millones de personas, y el número de empresas activas es de 3,34 millones. Resumiendo: Gibraltar es lo que la RAE define como territorio donde la ausencia o parvedad de impuestos y controles financieros aplicables a los extranjeros residentes constituye un eficaz incentivo para atraer capitales del exterior.

Lo que hoy es un paraíso fiscal fue arrebatado con trampas por la Corona británica a la española durante la Guerra de Sucesión (1701-1714). Entonces no había una guerra entre España y Gran Bretaña, sino un conflicto en el que intervenían varias potencias europeas para sentar en el trono de Madrid a un monarca afín a sus intereses. Mientras Francia apoyaba a Felipe de Anjou -quien se quedó con la corona como Felipe V-, Austria, Gran Bretaña, Holanda y Portugal, entre otros, respaldaban al pretendiente Carlos de Habsburgo.

Los ingleses aprovecharon ese enfrentamiento entre dos bandos en suelo español para apoderarse de la Roca y quedársela ellos, cuando era una plaza que habían atacado en nombre del austriaco Carlos de Habsburgo. De ahí las malas artes con las que iniciaron su soberanía en este enclave.

Han pasado tres siglos de aquello y nada indica que sea un problema con solución. Y tampoco parece que llamar colonia a esos seis kilómetros cuadrados suponga un avance.